Más vale prevenir que curar, sobre todo si lo que hay que curar ya no tiene cura. La naturaleza no perdona la osadía de una sociedad que prefiere la fiesta a la prevención.
Los nombres de los lugares resuenan confusos en su hermosura, como los truenos de tormentas que parecen lejanas sobre la cordillera central, pero que retumban sobre las conciencias de los unos y de los otros, de los propios y de los extraños.