Hay nombres que trascienden su tiempo. El del profesor Gonzalo Herranz Rodríguez es uno de ellos. Nacido en la villa pontevedresa de O Porriño, este médico, catedrático y referente internacional en bioética dejó una huella profunda en la Medicina contemporánea. El próximo 20 de mayo se cumplen cinco años de su fallecimiento, una efeméride que invita no solo al recuerdo, sino también al reconocimiento público de una figura de prestigio que bien merecería ser nombrada Hijo Predilecto de su localidad natal.
Quienes le conocieron coinciden en una percepción compartida: respeto y admiración hacia una personalidad natural, sencilla y profundamente coherente. Herranz generaba una capacidad de atracción poco común. No por estridencias, sino por la solidez de sus argumentos, por la serenidad de su tono y por una convicción inquebrantable en la búsqueda de la verdad científica.
De la Anatomía Patológica a la ética médica
Especialista en Anatomía Patológica y catedrático en la Universidad de Navarra, desarrolló durante décadas una intensa labor clínica y docente. Aquella experiencia “a pie de cama” del enfermo marcó para siempre su concepción de la Medicina: ciencia rigurosa, sí, pero inseparable de un trato humano exquisito y del respeto absoluto a la dignidad del paciente, especialmente en su vulnerabilidad.
Las sesiones anatomo-clínicas que dirigía eran, según quienes asistieron, auténticas lecciones magistrales de ética aplicada. Para Herranz, la ética médica no podía construirse sobre elucubraciones abstractas, sino sobre el conocimiento profundo, objetivo y científico de la enfermedad y de la persona que la padece.
En 1987 dio un giro decisivo a su trayectoria profesional para dedicarse de lleno a la ética médica. No abandonó la ciencia; la llevó al terreno donde, a su juicio, era más necesaria: la reflexión crítica sobre los fundamentos biológicos y morales de la práctica médica. Desde entonces, su nombre comenzó a resonar en foros científicos de Europa y América, donde fue reclamado para impartir conferencias y participar en debates sobre vida perinatal, final de la vida, investigación genética, donación de órganos o deontología médica.
El desafío al mito del “preembrión”
Si hay un ámbito en el que su liderazgo fue especialmente visible, fue en el debate internacional sobre el estatuto biológico y ético del embrión humano. Su libro El embrión ficticio. Historia de un mito biológico (2013) desmontó, con revisión crítica de la literatura científica, el concepto de “preembrión”, ampliamente aceptado en determinados círculos académicos y utilizado para justificar determinadas prácticas biomédicas.
Herranz denunció que buena parte de la argumentación que sustentaba ese término no provenía de observaciones experimentales rigurosas, sino de hipótesis repetidas hasta convertirse en dogma. Su trabajo cuestionó el consenso acrítico y reclamó pruebas, datos y solidez metodológica. Aquella postura le valió silencios, críticas e incomprensiones, pero nunca claudicó.
“¿Dónde está la prueba de esa afirmación?”, se preguntaba con frecuencia. Esa interpelación constante al fundamento científico era la expresión de su compromiso con la verdad. Un compromiso que, lejos de encerrarlo en posiciones rígidas, le llevaba a no rehuir nunca el debate, agradeciendo incluso las objeciones razonadas de sus interlocutores.
En la misma línea crítica publicó, ya en 2020, Leyendo entre líneas. Una historia crítica de la contracepción, donde volvió a poner el foco en la necesidad de clarificar conceptos y revisar afirmaciones repetidas durante décadas sin suficiente base científica.
Ciencia y humanidad, inseparables
La clave de su magisterio radicaba en esa doble fidelidad: a la verdad científica y a la dignidad del enfermo. Para él, la ética médica debía asentarse simultáneamente en el rigor experimental y en el respeto incondicional a la persona. No concebía una Medicina que sacrificara la precisión científica ni otra que olvidara la dimensión humana.
Su estilo combinaba firmeza y serenidad. Denunciaba la falta de claridad o el disimulo conceptual cuando percibía que podían encubrir intereses ajenos a la ciencia. Pero lo hacía sin estridencias, con argumentos y datos, convencido de que la verdad, aunque incómoda, merece ser defendida.
A lo largo de su carrera recibió homenajes y reconocimientos en el ámbito médico y académico. Sin embargo, quizá uno de los reconocimientos pendientes sea el de su propia tierra.
Un hijo ilustre de O Porriño
O Porriño vio nacer a un científico que alcanzó proyección internacional sin perder nunca la sencillez y la coherencia personal. Cinco años después de su fallecimiento, su legado sigue vivo en sus libros, en sus discípulos y en la conciencia crítica que ayudó a despertar en el mundo médico.
Nombrarlo Hijo Predilecto de la villa a título póstumo no sería solo un gesto simbólico. Sería un acto de justicia hacia quien elevó el nombre de su localidad natal a los foros científicos internacionales y ofreció a la Medicina un modelo de integridad intelectual y humana.
En tiempos en los que el debate bioético continúa siendo intenso y a menudo polarizado, la figura del profesor Gonzalo Herranz emerge como la de un referente sereno, exigente y valiente. Un porriñés universal que entendió que la grandeza de la ciencia no está solo en sus avances técnicos, sino en su fidelidad a la verdad y en su servicio a la dignidad humana.
Un porriñés que llevó la ética médica española a la primera línea internacional
Gonzalo Herranz Rodríguez (O Porriño, 1931 – 2021)
Médico y referente internacional en bioética, nació en O Porriño (Pontevedra) y cursó la carrera de Medicina en Santiago de Compostela y Barcelona, ampliando su formación en Alemania (Tübingen y Bonn).
Fue catedrático de Histología y Anatomía Patológica desde 1970 en las universidades de Oviedo y Navarra, donde también ejerció como decano de la Facultad de Medicina (1974-1978). A partir de 1987 orientó su trayectoria hacia la Ética Médica como profesor y director del Departamento de Humanidades Biomédicas de la Universidad de Navarra, del que posteriormente fue profesor honorario.
Desempeñó un papel destacado en la deontología médica española e internacional: presidió la Comisión Central de Deontología de la Organización Médica Colegial y participó en la redacción del Código de Ética y Deontología Médica de España, así como en los Principios de Ética Médica Europea. Formó parte de organismos internacionales como el Comité Internacional de Bioética de la UNESCO y la Academia Pontificia para la Vida.
Autor de numerosos trabajos científicos y ensayos sobre bioética, entre ellos El respeto, actitud ética fundamental de la Medicina y El embrión ficticio, fue invitado a impartir conferencias en universidades y foros médicos de Europa y América. En 1995 recibió el Premio Médico Humanista del Año en España.
