domingo. 26.07.2026

Las gaitas vuelven a sonar entre los árboles de O Choupal y, por unos días, el tiempo parece detenerse a orillas del río Lima. Ponte da Barca ha levantado en este privilegiado espacio natural una auténtica aldea celta, concebida para trasladar al visitante a un mundo de artesanos, músicos ambulantes, guerreros, mercaderes y viejos oficios.

La Feria Celta, instalada del 24 al 26 de julio como parte de la programación del Festival Folk Celta, convierte el entorno fluvial de la localidad portuguesa en algo más que el escenario de una sucesión de conciertos. Es una experiencia abierta a todos los sentidos: se escucha el lamento de la gaita y el pulso de los tambores, se contempla el trabajo del hierro sobre el yunque y se percibe el aroma de las carnes asadas lentamente sobre las brasas.

Banderines de colores cruzan las copas de los árboles, mientras los puestos de madera y lona se suceden bajo su sombra. La cuidada ambientación y la presencia, al fondo, del puente histórico de Ponte da Barca completan una estampa en la que naturaleza, patrimonio y recreación histórica parecen formar parte de un mismo decorado.

Música que camina entre el público

Antes incluso de que se enciendan las luces del gran escenario, la música ya recorre el recinto. Grupos ataviados con vestimentas de inspiración antigua se abren paso entre los visitantes al son de gaitas, violines, laúdes, guitarras y percusión.

No hay aquí una frontera clara entre artistas y espectadores. Los músicos se detienen junto a los puestos, improvisan pequeñas actuaciones y forman corros espontáneos en los que niños y mayores descubren de cerca instrumentos asociados a la tradición atlántica.

Este carácter itinerante concede a la feria una vida propia. Cada rincón puede convertirse en escenario y cada paseo ofrece una escena distinta: una melodía nacida bajo los árboles, el redoble de un tambor que llama al público o el sonido profundo de una gaita fundiéndose con el rumor del Lima.

La animación sirve, además, como prolongación diurna del Festival Folk Celta, que reúne en Ponte da Barca a artistas de Galicia y Portugal y reivindica las raíces musicales compartidas a ambos lados de la frontera.

El fuego devuelve la vida a los antiguos oficios

Uno de los espacios que más curiosidad despierta es el dedicado a los oficios tradicionales. Junto a una fragua encendida, el herrero golpea el metal incandescente mientras explica cada fase de su trabajo. Los visitantes más jóvenes pueden empuñar el martillo y experimentar, bajo supervisión, una actividad que durante siglos resultó imprescindible para la vida cotidiana.

A su alrededor aparecen utensilios de hierro, calderos suspendidos sobre el fuego, recipientes de barro, cuerdas, pieles y viejas herramientas. No se trata únicamente de exhibir objetos, sino de mostrar cómo se fabricaban y para qué servían. La feria se convierte así en una pequeña aula de historia viva, capaz de divulgar el patrimonio de una manera directa y entretenida.

Las demostraciones permiten comprender el valor del trabajo manual en sociedades en las que cada pieza exigía tiempo, destreza y conocimiento transmitido entre generaciones. El fuego, el hierro, la madera y las fibras naturales recuperan aquí el protagonismo perdido frente a la producción industrial.

La exhibición se completa con elementos vinculados a la vida doméstica y al antiguo mundo rural: grandes vasijas protegidas con mimbre, bancos de madera, piezas de cerámica, tejidos, baúles y rudimentarios espacios de cocina.

Artesanía con identidad propia

El mercado es otro de los grandes atractivos. Decenas de puestos reúnen joyería artesanal, piedras y minerales, amuletos, objetos decorativos, piezas de cuero, tejidos y complementos inspirados en la simbología celta y medieval.

La madera ocupa un lugar destacado. Tablas de cocina, bandejas, utensilios y pequeñas piezas decorativas muestran la belleza de las vetas naturales y el cuidado de un trabajo elaborado lentamente. Cada objeto conserva pequeñas diferencias que lo convierten en una pieza única.

Junto a estas propuestas aparecen espacios dedicados a los productos místicos, velas, minerales y elementos de decoración, además de una amplia oferta de objetos confeccionados a mano. El mercado permite así que pequeños creadores y productores den visibilidad a sus trabajos ante un público especialmente sensible al valor de lo artesanal.

La feria también reserva espacio para los productos de proximidad. Entre ellos sobresalen los licores elaborados en Ponte da Barca, presentados en botellas de distintos tamaños y sabores, como expresión líquida de una tradición que combina frutos, hierbas y antiguas recetas familiares.

De la carne asada a la ginjinha

La gastronomía contribuye decisivamente a la ambientación. Grandes piezas de carne giran lentamente sobre el fuego, a la vista del público, mientras los puestos ofrecen comidas de inspiración rústica y propuestas pensadas para compartir al aire libre.

Bajo la arboleda se distribuyen mesas corridas que invitan a hacer una pausa, comer en grupo y continuar después el recorrido. Son espacios de convivencia en los que se mezclan vecinos, familias y visitantes llegados desde otros puntos de Portugal y de la cercana Galicia.

No faltan las bebidas tradicionales. La ginjinha servida en pequeños puestos, los licores artesanales y otras especialidades completan una oferta gastronómica que se integra en el espíritu festivo del recinto. Comer y beber dejan de ser servicios complementarios para convertirse en una parte esencial de la experiencia.

Una feria para descubrir en familia

La propuesta está especialmente pensada para el público familiar. Las demostraciones de oficios, la cercanía de los músicos y la presencia de aves rapaces despiertan la curiosidad de los más pequeños. Entre ellas destaca la imponente figura del búho real, cuya mirada anaranjada se convierte en una de las imágenes más llamativas de la feria.

El amplio espacio de O Choupal permite recorrer los puestos sin prisas, detenerse ante los artesanos y descansar junto al río. La sombra de los árboles resulta, además, una aliada imprescindible frente a las altas temperaturas estivales.

El recinto aprovecha uno de los paisajes más reconocibles de Ponte da Barca. La proximidad del Lima y la silueta de su puente histórico aportan una identidad imposible de reproducir en un espacio cerrado. La feria no se limita a ocupar el parque: dialoga con él y utiliza su belleza como parte fundamental de la puesta en escena.

Galicia y Portugal, unidas por las mismas raíces

El Festival Folk Celta nació con una clara vocación transfronteriza. Su programación musical reúne sensibilidades procedentes de Galicia y Portugal y recuerda que la cultura tradicional no entiende de fronteras administrativas.

El viernes abrió sus puertas con los Gaiteiros de Bravães, Daniel Pereira Cristo, la cantautora gallega Sés y Jorge Cruz. La jornada del sábado incorpora a Luís Rocha, Os Raianos, Bewis de la Rosa y Quinta do Bill, una de las bandas más emblemáticas del folk rock portugués.

Los conciertos llevan al gran escenario esa misma mezcla que durante el día se respira en la feria: gaitas y cavaquinhos, melodías antiguas y lenguajes contemporáneos, memoria rural y nuevas formas de expresión. Desde la canción de autor hasta el rap rural, el programa demuestra que la tradición puede conservarse sin quedar inmóvil.

Durante este fin de semana, Ponte da Barca no se limita a recordar un pasado idealizado. Lo trae al presente, lo convierte en música, aprendizaje y convivencia y lo ofrece a vecinos y visitantes en uno de los rincones más hermosos del Alto Miño. A orillas del Lima, la cultura celta vuelve a sentirse viva.

La aldea celta que despierta junto al Lima: Ponte da Barca viaja a sus raíces
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