viernes. 14.08.2026

El Sol comenzó a desaparecer y el paisaje dejó de comportarse como una tarde de agosto. La temperatura descendió, los colores perdieron intensidad y las sombras adquirieron una tonalidad extraña. En el Coto de Aldiri, en Covelo, la llegada de la oscuridad convirtió la observación del eclipse en algo más que un acontecimiento astronómico: durante unos instantes, la montaña pareció recuperar su antigua condición de espacio sagrado.

Familias, músicos y Fernández Sendín durante la subida al Coto de Aldiri para contemplar el eclipse desde esta montaña cargada de simbolismo histórico y espiritual.
Familias, músicos y Fernández Sendín durante la subida al Coto de Aldiri para contemplar el eclipse desde esta montaña cargada de simbolismo histórico y espiritual.

Quienes se congregaron en la cumbre asistieron a la transformación en silencio. Mientras la Luna avanzaba sobre el disco solar, la luz cálida fue sustituida por una penumbra espectral. También la naturaleza alteró su ritmo. Las aves callaron, confundidas por aquella noche inesperada, y el descenso térmico hizo perceptible físicamente un fenómeno que hasta entonces se contemplaba en el cielo.

Uno de los asistentes resumió así la experiencia: «Sentimos que el Sol se apagaba. Bajaron las temperaturas, mutaron los colores y las sombras, y un silencio de misterio y temor invadió esta montaña sagrada que es el Coto de Aldiri».

La descripción recogía un sentimiento compartido por buena parte de los presentes. Frente al ruido, las fiestas y el consumo apresurado con el que se vivió el eclipse en algunos destinos urbanos, el Coto de Aldiri, en Covelo, ofreció otra manera de mirar: con concentración, respeto y una conciencia más profunda de la excepcionalidad del momento.

Familias y músicos se congregan entre las formaciones rocosas de la cumbre del Coto de Aldiri para compartir la espera y la contemplación del eclipse.
Familias y músicos se congregan entre las formaciones rocosas de la cumbre del Coto de Aldiri para compartir la espera y la contemplación del eclipse.

No era un eclipse cualquiera. El fenómeno del 12 de agosto, el primero total visible desde la España peninsular desde 1905, trazó su franja de totalidad desde Galicia hasta el Levante y Baleares. Su geometría al atardecer y la velocidad de la umbra lunar —superior a los 19.000 kilómetros por hora— provocaron que la oscuridad alcanzase casi simultáneamente lugares muy alejados entre sí.

En este escenario, el eclipse estableció un puente simbólico entre el presente y quienes habitaron estas tierras siglos atrás. La misma alteración de la luz que sorprendió a los observadores actuales debió de despertar asombro y temor entre las comunidades antiguas, que interpretaban el cielo y los ciclos de la naturaleza desde una dimensión espiritual.

Esa vinculación con el pasado constituye precisamente uno de los valores que se pretende preservar y divulgar desde la Casa Museo Pazo da Cruz. La labor impulsada por don Maximino busca recuperar la relevancia arqueológica y espiritual del Coto de Aldiri y situar la montaña en el lugar que le corresponde dentro de la memoria histórica de Galicia.

La jornada también recordó la necesidad de observar estos fenómenos con responsabilidad. Como advirtió Diario Luso-Galaico en su información sobre el eclipse, mirar directamente al Sol sin filtros homologados puede quemar la retina y causar una retinopatía solar, una lesión grave y habitualmente irreversible. La emoción no elimina el riesgo: las gafas certificadas deben mantenerse durante todas las fases parciales.

España ha inaugurado con este eclipse una excepcional tríada astronómica que continuará con otro eclipse total en 2027 y uno anular en 2028. Sin embargo, en el Coto de Aldiri quedó una impresión difícil de repetir: la de una montaña que pareció contener el aliento mientras el Sol se apagaba.

Reunión en la Casa-Museo Etnográfico Pazo da Cruz tras disfrutar de la experiencia del eclipse en el Coto de Aldiri.
Reunión en la Casa-Museo Etnográfico Pazo da Cruz tras disfrutar de la experiencia del eclipse en el Coto de Aldiri.

Frente al espectáculo comercial y al turismo desbordado, allí prevaleció el silencio. Y durante unos instantes, bajo la sombra de la Luna, el paisaje, la historia y el cosmos volvieron a hablar el mismo lenguaje.

Cuando el Sol cayó sobre el Coto de Aldiri
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