jueves. 11.06.2026

La casualidad quiso que compartiera nombre con uno de los personajes más complejos creados por Benito Pérez Galdós. Años después, aquella coincidencia acabaría convirtiéndose en un libro. En Cartas cristianas, Ángel Guerra establece un diálogo imaginario con el escritor canario para analizar la fe, la política, la masonería, la sociedad española y la búsqueda de la trascendencia. El próximo 16 de junio presentará la obra en Vigo.

La historia comenzó cuando cursaba tercero de Bachillerato en el barrio madrileño de Puente de Vallecas. Durante una clase dedicada al Realismo y al Naturalismo, el profesor de Literatura habló de Benito Pérez Galdós y citó Ángel Guerra como una de sus novelas más importantes.

"Fue la primera noticia que tuve de que un personaje de ficción tenía exactamente mi mismo nombre", recuerda.

Su propio nombre tampoco había sido fruto de la casualidad. Nacido el 1 de marzo, sus padres descartaron llamarle Rosendo, el santo de ese día, y eligieron Ángel, en honor al patrón de la entonces Policía Armada y al ángel de la guarda.

Aquella coincidencia literaria quedó grabada en su memoria, pero con el paso de los años descubrió algo aún más llamativo.

"Desde ese momento el nombre de Ángel Guerra escrito por don Benito Pérez Galdós, en 1891, me interpela. Y también me interpela porque el Ángel Guerra ficticio tiene una conversión desde una posición francmasónica y antirreligiosa a una posición religiosa y creyente. Y eso mismo también ocurrió en mi vida".

Mientras el protagonista de la novela experimenta esa transformación en su madurez, el autor la vivió siendo muy joven. Su conversión culminó a los 19 años, durante su confirmación en Barcelona.

"Antes de mi conversión era bastante anticlerical y había leído lo que no debía: existencialismo, liberalismo y todo lo que caía en mis manos", reconoce.

La lectura de la novela despertó en él numerosas preguntas. Quería saber por qué Galdós había construido así a su personaje, cuáles eran realmente sus ideas religiosas y políticas, cómo concebía la vida o qué visión tenía de la sociedad española de su tiempo.

"En cuanto tuve tiempo leí la novela y surgió en mi mente, en algún momento de mi vida, escribir interpelando a don Benito Pérez Galdós. Para mí es uno de los grandes literatos españoles, probablemente después de Cervantes el mejor y, desde luego, el más prolífico".

El problema era evidente: Galdós había fallecido hacía más de un siglo.

"Pues le voy a escribir unas cartas cariñosas y cálidas porque me cae muy bien, pero donde le hago reflexiones sobre ese personaje, sobre su heterodoxia y su ortodoxia, porque a veces lo es también. Y le pregunto cosas que nos contestaremos en la eternidad".

Así nació Cartas cristianas, una obra a medio camino entre el ensayo, la reflexión espiritual, la crítica literaria y la conversación imaginaria.

Un Galdós entre la religión y el liberalismo

Uno de los aspectos que más interesan a Guerra es la evolución espiritual del escritor canario.

Recuerda que Galdós recibió una sólida formación religiosa durante su infancia y adolescencia en Canarias. Sin embargo, considera que su llegada a Madrid para estudiar Derecho supuso un punto de inflexión.

"Galdós es un hombre religioso al principio, pero tiene una influencia muy grande del liberalismo de la época, de las ideas de la Institución Libre de Enseñanza y del krausismo. Pierde la esencia católica y se hace un poquito protestante".

Durante esos años universitarios, añade con humor, el escritor fue algo "galbanas". No terminó la carrera y prefirió recorrer las calles de Madrid observando a la gente.

Precisamente ahí radica, según Guerra, una de las claves de su genialidad.

"El realismo de sus novelas lo consigue porque penetra en las personas, conoce su psicología y conoce Madrid como nadie".

No en vano recuerda aquella conocida afirmación de la crítica literaria: "Madrid no es nadie sin Galdós y Galdós no es nadie sin Madrid".

Un cristianismo filantrópico

Uno de los principales debates que plantea el libro gira en torno a la visión del cristianismo presente en Ángel Guerra.

En la novela, el protagonista funda una institución denominada Domus Domini, concebida para transformar la Iglesia a través de las obras de misericordia.

Sin embargo, Guerra considera que la propuesta de Galdós se centra exclusivamente en la dimensión material.

"Sorprendentemente, las únicas obras de misericordia que le importan a Benito Pérez Galdós son las materiales".

Y añade:

"Don Benito, usted anda por un cristianismo filantrópico francmasónico, pero no es el cristianismo verdadero fundado en Jesucristo, porque en ningún momento habla usted ni de la Eucaristía ni de la adoración".

Esa misma crítica la extiende a la representación que la novela hace del clero toledano.

"Los curas que salen en la novela debían estar en Toledo porque son sacados de la realidad. No son malas personas, pero ninguno es un sacerdote entregado a la liturgia, a la confesión o al cuidado de las almas. Algunos están adocenados, otros preocupados por el dinero y otros ocupados en cargos".

Por eso lanza una pregunta que atraviesa buena parte del libro:

"Don Benito, ¿pero no había en Toledo sacerdotes que tuvieran una verdadera dedicación a sus parroquias?".

La historia como escenario

Lejos de limitarse al análisis religioso, Cartas cristianas también explora la dimensión histórica de la obra galdosiana.

Guerra destaca la capacidad del escritor para integrar a sus personajes dentro de acontecimientos reales.

La novela comienza en el contexto de la Revolución de 1868, el intento de derribar la monarquía borbónica e instaurar una república.

"Todo es real y Galdós lo contempló. Lo describe como si estuviera viéndolo. El Ángel Guerra ficticio está incluido en la historia real".

Lo mismo sucede con Toledo y con Madrid.

"Cuando describe Madrid, es el Madrid histórico, el Madrid galdosiano. Yo mismo he podido recorrer los escenarios donde transcurre la novela y reconocer muchos de esos lugares".

Una España que sigue dividida

El autor encuentra también paralelismos entre la España retratada por Galdós y la actual.

"Hay una diferencia fundamental: el nivel económico. Entonces había mucha pobreza y una sociedad mucho más rural. Eso ha cambiado completamente".

Sin embargo, observa similitudes en el terreno político.

"Había una polarización tremenda entre monárquicos y republicanos. Existía una falta de entendimiento y de comprensión de las ideas de unos y otros que terminaba en la imposición".

Ciencia, fe y sentido común

Otro de los capítulos aborda la relación entre ciencia y religión a través de la figura de los médicos que aparecen en la novela.

Según Guerra, Galdós muestra cierta desconfianza hacia una profesión que entonces gozaba de enorme prestigio social.

"Los médicos tenían una especie de privilegio. La gente confiaba plenamente en ellos, pero también existía una gran ignorancia".

El autor aprovecha para discutir algunas afirmaciones históricas del novelista.

"Cuando habla de la higiene y compara la sociedad cristiana con otras culturas, yo le respondo que no. Con el cristianismo nacieron hospitales y prácticas sanitarias avanzadas. No piense usted que los cristianos eran unos guarros".

Un diálogo con humor y admiración

A pesar de los desacuerdos, Guerra insiste en que el libro está escrito desde la admiración.

"La novela también tiene humor. Las contestaciones y el diálogo que establezco con el autor procuran mantener siempre la cordialidad y cierta ironía".

Su objetivo no es desmontar a Galdós, sino comprenderlo mejor y acercarlo a nuevos lectores.

"Me daría por satisfecho si el lector de Cartas cristianas se quitase de la cabeza la idea de que Galdós era un heterodoxo del que habría que quemar los libros en una hoguera pública".

Porque, a su juicio, el autor canario fue, ante todo, un hombre en búsqueda.

"Don Benito es un hombre religioso. No está ligado a la tradición católica ortodoxa, tiene sus propias ideas y creo que deriva un poco hacia el protestantismo, unido a cierta filantropía francmasónica".

Y resume su visión con una frase que también sirve para entender el espíritu de Cartas cristianas:

"A través de la novela Ángel Guerra, don Benito es un hombre que busca la trascendencia. Como le dijo su amigo Pereda: 'Usted puede que externamente no sea católico, pero su corazón es católico'".

Ángel Guerra presentará Cartas cristianas el próximo martes 16 de junio, a las 19.30 horas, en la Escuela Municipal de Artes y Oficios de Vigo (EMAO), situada en García Barbón, 5. Allí continuará un diálogo iniciado hace más de un siglo entre dos hombres unidos por un mismo nombre y por una misma inquietud espiritual.

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