jueves. 02.07.2026

Profesor Ginter Kazimierz: "Los polacos estamos acostumbrados a sobrevivir en las situaciones más inverosímiles"

El historiador, teólogo y sacerdote Ginter Kazimierz, profesor de Historia de la Liturgia en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz de Roma, repasa en esta entrevista los grandes hitos de la historia de Polonia, sus paralelismos con España y el papel que la Iglesia ha desempeñado en la supervivencia de la identidad polaca. Un recorrido que ayuda a comprender un país todavía poco conocido para muchos españoles.
Ginter Kazimierz, profesor de Historia de la Liturgia en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz de Roma, conversa con el director de DL-G, Roberto Ledo, durante la entrevista en la que analiza la historia de Polonia, sus vínculos con España y el papel del cristianismo en la construcción de la identidad europea.
Ginter Kazimierz, profesor de Historia de la Liturgia en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz de Roma, conversa con el director de DL-G, Roberto Ledo, durante la entrevista en la que analiza la historia de Polonia, sus vínculos con España y el papel del cristianismo en la construcción de la identidad europea.

Polonia, un país forjado entre la resistencia y la fe

A los españoles nos une con Polonia una simpatía que trasciende la geografía. Quizá sea el recuerdo imborrable de Juan Pablo II, la hospitalidad de sus gentes o una forma de entender la vida marcada por la historia. Pero pocos conocen realmente cómo se ha construido la identidad de uno de los países que más ha sufrido las invasiones y los cambios de fronteras de Europa.

Para el profesor Ginter Kazimierz, historiador, sacerdote y docente en Roma, esa afinidad tiene raíces profundas. "Incluso nuestro carácter tiene rasgos parecidos", explica. "Ese quijotismo español se parece mucho al romanticismo polaco". A ello añade un elemento decisivo: el catolicismo como raíz cultural compartida.

Como curiosidad histórica recuerda que Oliver Cromwell, enemigo declarado de Roma, llegó a describir al Papa como "una bestia infernal con dos cuernos: España y Polonia", reflejando el peso que ambos países tuvieron durante siglos en la defensa del catolicismo.

Un país que nació con el cristianismo

Mientras la historia de España hunde sus raíces muchos siglos antes de Cristo, la de Polonia comienza realmente con su bautismo.

"Antes vivían allí tribus eslavas bastante primitivas", explica Ginter. "La cultura escrita y la alta cultura nacen prácticamente con el cristianismo."

Ese momento llega en el año 966, fecha que los historiadores consideran el nacimiento del Estado polaco y su incorporación a Europa.

La cristianización, además, no llegó a través de Alemania, sino directamente desde Roma por mediación de Bohemia, un detalle que marcaría durante siglos la relación entre polacos y germanos.

El inesperado Siglo de Oro polaco

Pocos españoles conocen que Polonia vivió un auténtico Siglo de Oro comparable, salvando las distancias, al español.

Durante el siglo XIV, mientras la peste negra devastaba Europa, el territorio polaco apenas sufrió los efectos de la epidemia.

"Quizá por ser un país menos desarrollado, prácticamente no hubo mortalidad", señala.

Esa circunstancia permitió un crecimiento demográfico extraordinario que reforzó al reino justo cuando el resto del continente atravesaba una profunda crisis.

Poco después llegaron grandes victorias militares frente a los caballeros teutónicos y la unión con Lituania, que incorporó al reino territorios que hoy pertenecen a Ucrania y Bielorrusia.

En el siglo XVI florecieron la ciencia, la universidad y las artes.

"Es entonces cuando podemos decir que Polonia entra plenamente en Europa", resume.

Dos historias que caminan en paralelo

Uno de los aspectos más llamativos de la conversación es la comparación constante entre España y Polonia.

"Paradojamente, cuando comienza la decadencia militar y política de España, también empieza la de Polonia."

Las invasiones suecas, el auge de Rusia bajo Pedro el Grande y el crecimiento del reino de Prusia fueron debilitando progresivamente al país.

Sin embargo, cuando en 1795 desaparece del mapa tras su tercera partición entre Rusia, Prusia y Austria, Polonia acababa de aprobar la primera Constitución de Europa, promulgada el 3 de mayo de 1791.

"Los polacos despertaron demasiado tarde", resume con cierta melancolía.

Un pueblo acostumbrado a luchar

Las sucesivas ocupaciones dejaron una profunda huella en el carácter nacional.

"Los polacos llevamos en la sangre esa tendencia a las conjuraciones y a luchar contra los grandes imperios", afirma.

Ese espíritu de resistencia reaparecería durante el nazismo y, posteriormente, bajo el régimen comunista.

La tolerancia religiosa como seña de identidad

Otro aspecto poco conocido es la convivencia religiosa que existió durante siglos.

Hasta el Holocausto, Polonia acogía una de las comunidades judías más importantes del mundo.

Muchos descendían de familias expulsadas de España.

"En Polonia vivían con sus propios jueces, sus derechos y una gran autonomía."

El profesor recuerda que el reino polaco fue una excepción en la Europa medieval y moderna.

"No tuvimos guerras religiosas como en otros países. En general, Polonia fue un Estado muy tolerante con judíos, protestantes y otras minorías."

Europa, sí... pero con realismo

La visión polaca de la Unión Europea también ha cambiado.

Después de décadas bajo el comunismo, el entusiasmo inicial ha dado paso a una posición más pragmática.

"Hoy pensamos que es mejor estar dentro de la Unión Europea que fuera."

Y resume esa idea con una frase muy gráfica:

"Es mejor estar sentados alrededor de la mesa que ser el menú."

La guerra de Ucrania y la histórica desconfianza hacia Rusia explican buena parte de esa postura.

"Los polacos estamos acostumbrados a sobrevivir"

Pese a las dificultades, Ginter Kazimierz mira el futuro con optimismo.

"Los polacos estamos acostumbrados a sobrevivir en las situaciones más inverosímiles."

Recuerda el enorme salto experimentado por el país desde la caída del comunismo en 1989 y destaca el crecimiento económico de las últimas décadas.

También reconoce una cierta crisis religiosa tras la muerte de Juan Pablo II, aunque considera que la Iglesia mantiene una fortaleza muy superior a la de otros países europeos.

"Los polacos han sobrevivido gracias a la Iglesia católica", concluye.

Y quizá esa sea la mejor síntesis de un país cuya historia demuestra que, cuando parecía condenado a desaparecer, siempre encontró la manera de volver a empezar.

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