domingo. 23.08.2026

La Casa Leonides volvió a ser este viernes mucho más que un museo. Alrededor de la lareira, entre relatos, recuerdos, música popular y sabores compartidos, la antigua vivienda de A Graña, en Covelo, acogió una jornada de tradición oral que desbordó todas las previsiones. El reducido aforo dejó fuera a numerosas personas interesadas en una experiencia que comenzó ante un dolmen de varios milenios y terminó, ya de madrugada, con los asistentes cantando junto al grupo Os Parrandas.

Hay encuentros que se celebran dentro de un programa y otros que parecen surgir de la propia identidad de un lugar. Lo vivido en A Graña perteneció a estos últimos. La Casa Leonides, una vivienda tradicional de más de tres siglos, recuperó durante unas horas una de las funciones que había desempeñado en otro tiempo: reunir a las personas alrededor del fuego para escuchar historias, compartir recuerdos y transmitir de viva voz aquello que no debería perderse.

El acto estuvo promovido por Maximino Fernández Sendín, propietario y director de la Casa Museo Etnográfica Pazo da Cruz y de la Casa Leonides, con la colaboración de personas estrechamente vinculadas a A Graña. La respuesta del público confirmó el interés que despiertan estas propuestas culturales concebidas desde la autenticidad y el contacto directo con el patrimonio.

Un viaje que comenzó hace miles de años

La jornada arrancó con una visita al dolmen de Rebordechán, también conocido como Mámoa de Porto Real o Tumba de Reyes, situado en las proximidades de la carretera que comunica A Graña con Maceira.

Ante una veintena de participantes, Fernández Sendín explicó las características de este monumento megalítico, considerado el único dolmen que se conserva en la Serra do Suído. Sus orígenes se remontarían a hace entre 4.000 y 5.000 años.

La primera parada permitió situar el encuentro en una dimensión temporal mucho más amplia. Antes de entrar en la casa para hablar de las historias transmitidas por generaciones, los participantes se acercaron a uno de los testimonios más antiguos de la presencia humana en este territorio.

El grupo inicial fue creciendo posteriormente en la Casa Leonides. La capacidad limitada de la vivienda impidió acoger a todas las personas que habían mostrado su deseo de asistir, circunstancia que también refleja la expectación suscitada por la convocatoria.

Una casa que conserva la vida de A Graña

La Casa Museo Leonides toma su nombre de la familia propietaria de esta antigua vivienda, que fue cedida para su conservación y divulgación. Se trata de la única construcción de estas características que permanece en pie en la parroquia.

Su estructura permite comprender cómo vivieron durante siglos las familias de A Graña. Personas y animales accedían por una misma puerta y compartían un espacio en el que la cocina y la cuadra permanecían prácticamente unidas. La vivienda tuvo hasta tiempos relativamente recientes una cubierta de paja de centeno o colmo y conserva la sobriedad de las antiguas casas terrenas gallegas.

El conjunto se completa con la era donde se mallaba el centeno y con un singular hórreo construido enteramente en piedra, incluido su tejado. El museo busca reflejar con la mayor fidelidad posible las formas de vida de los habitantes de A Graña, una comunidad tradicionalmente vinculada al comercio y a la que diferentes fuentes atribuyen un origen judeoconverso.

Pero este viernes la casa no fue únicamente una pieza patrimonial que contemplar. Volvió a tener fuego, voces, comida, humo y música. Volvió, en definitiva, a estar habitada.

Marcos Rodríguez Pantoja vuelve a A Graña a través de la memoria

La figura central de la jornada fue Marcos Rodríguez Pantoja, conocido popularmente como el «niño lobo de Sierra Morena», fallecido el pasado 15 de agosto, a los 80 años, en Rante, en el municipio ourensano de San Cibrao das Viñas.

Su muerte ha despertado un renovado interés por reconstruir una vida marcada por el abandono, la supervivencia entre animales y las enormes dificultades de su posterior regreso a la sociedad. Su historia inspiró libros, investigaciones, documentales y la película Entrelobos, pero quienes pudieron escucharlo recuerdan, ante todo, a un hombre que necesitaba relatar por sí mismo lo vivido.

Maximino Fernández Sendín recuperó ante los asistentes algunos de los episodios compartidos con Rodríguez Pantoja. Marcos se alojó en dos ocasiones, durante tres días, en la Casa Museo Etnográfica Pazo da Cruz, en A Hermida. Desde allí participó en encuentros y actividades que permitieron al público conocer directamente su extraordinaria experiencia.

El 26 de diciembre de 2015, el Auditorio de Covelo acogió la proyección de Entrelobos y una posterior charla-coloquio con su protagonista. Después de la película, Marcos respondió a las preguntas de los asistentes y habló de Sierra Morena, de los lobos y de una infancia que todavía hoy resulta difícil de imaginar.

Fernández Sendín también lo acompañó en enero de 2016 durante una intensa estancia en Asturias, donde Rodríguez Pantoja visitó centros educativos, residencias y otros espacios para contar su historia ante públicos muy diferentes.

Una firma que hizo presente al ausente

Uno de los instantes más emotivos llegó cuando Fernández Sendín abrió el Libro de Honor de la Casa Leonides y mostró la firma que Marcos Rodríguez Pantoja había dejado durante una visita anterior.

Aquella rúbrica introdujo una dimensión especialmente humana en el relato. Marcos no era únicamente el personaje sobre el que se hablaba: también había cruzado la puerta de aquella vivienda, había conocido sus estancias y había dejado allí una huella escrita.

La firma conservada en la Casa Leonides se suma a otro testimonio singular que permanece en el Pazo da Cruz. En la pizarra de la antigua escuela recreada dentro del museo figuran su nombre y el dibujo de una serpiente, un animal que, según explicó durante sus visitas, había sido su mascota.

Algunas de las personas reunidas alrededor de la lareira habían vivido aquellos encuentros de 2015. Sus recuerdos enriquecieron el coloquio y permitieron reconstruir, desde diferentes miradas, la presencia de Rodríguez Pantoja en Covelo.

Historias y chorizos alrededor de la lareira

El escenario contribuyó decisivamente a crear la atmósfera de la jornada. Mientras Fernández Sendín hablaba, el fuego ardía en la lareira y sobre él se asaban chorizos para la cena. El humo fue ocupando poco a poco la vivienda hasta convertirse, más que en una molestia, en el perfume compartido de la noche.

Los asistentes escuchaban muy cerca unos de otros, sin la distancia propia de un auditorio ni la solemnidad de una conferencia convencional. La disposición de la casa favorecía la conversación, las preguntas y los recuerdos espontáneos.

Era, en realidad, tradición oral en su forma más genuina: una historia contada de viva voz, alrededor del fuego y en compañía, dentro de un espacio que había visto repetirse esa misma escena durante generaciones.

Entre las personas que contribuyeron a facilitar el encuentro se encontraban Dina Cendón y su esposo, Rafael Yagüe, ambos de A Graña aunque residentes actualmente en Ávila, así como Carmen Cendón, hermana de Dina. Su colaboración ayudó a hacer posible la celebración y volvió a poner de manifiesto el fuerte vínculo que muchas personas mantienen con la parroquia pese a vivir lejos de ella.

También participaron visitantes llegados de Murcia y Alicante, entre ellos Trini López, alojados durante estos días en una casa de turismo rural de Covelo. El día anterior con Belén, Sara y Jose Luis habían visitado la Casa Museo Pazo da Cruz y se encontraron en A  Graña con una experiencia cultural muy distinta de las propuestas diseñadas habitualmente para el visitante.

A ellos se sumaron la psicóloga Pilar Álvarez; los mosenses Nuria Barreiro y José Canedo; Carmen y Tino, de la Asociación de Vecinos de A Lamosa; José Cabaleiro, colaborador del museo afincado en Covelo; Beti, de As Neves, y otros vecinos y visitantes.

«Lo mejor de nuestras vacaciones en Galicia»

La naturalidad de lo vivido sorprendió especialmente a quienes llegaban de otras comunidades. No asistieron a una escenificación turística, sino a un encuentro real en el que vecinos, músicos y visitantes participaron en igualdad de condiciones.

Trini López resumió el sentimiento de su grupo al señalar que aquella jornada había sido lo mejor de sus vacaciones en Galicia. Al día siguiente emprendían el regreso a su tierra, pero lo hacían después de haber conocido una forma de compartir el patrimonio que difícilmente puede encontrarse en las rutas convencionales.

Su testimonio permite medir el valor turístico de iniciativas pequeñas en aforo, pero enormes en autenticidad. La cultura local no apareció como un decorado, sino como una experiencia viva de la que el visitante pudo formar parte.

Queimada y palabras para espantar la noche

Después de la cena llegó otro de los momentos esperados: la queimada preparada por el maestro Xan da Cruz. El fuego, las palabras y el rito volvieron a situarse en el centro de la reunión.

La preparación hizo las delicias de los asistentes, especialmente de quienes presenciaban por primera vez una queimada dentro de una vivienda tradicional gallega. La escena reforzó el hilo conductor de toda la jornada: el patrimonio transmitido mediante la palabra, la convivencia y los gestos repetidos de generación en generación.

Os Parrandas convierten el museo en una fiesta

La música tomó después el relevo de los relatos. El grupo de música tradicional Os Parrandas, capitaneado por Andrés Pérez e integrado también por Dolores Rodríguez —Loli—, Edelmiro Lago, Manuel Lorenzo y Daniel Díaz, llenó la Casa Leonides de melodías populares.

En el repertorio figuraron el Himno Galego, el Himno do Antigo Reino de Galicia, la Marcha de San Bieito, A Rianxeira, A miña Rosiña, A Carolina y Galo de Ouro.

Los asistentes no permanecieron como simples espectadores. Las primeras voces encontraron pronto respuesta y las canciones terminaron siendo compartidas por todos. En un espacio reducido, con el humo todavía suspendido en el ambiente y el calor de la lareira, la distancia entre músicos y público desapareció.

La celebración continuó hasta la madrugada. La Casa Leonides, concebida como lugar de conservación etnográfica, demostró que el patrimonio alcanza todo su sentido cuando recupera las voces, los sonidos y la vida que un día lo habitaron.

Un éxito que reclama continuidad

Al término del encuentro, Maximino Fernández Sendín no ocultaba su satisfacción. Su balance fue rotundo: "Un éxito total".

La elevada demanda, superior a la capacidad disponible, confirmó la capacidad de convocatoria de una propuesta levantada con medios sencillos, pero asentada sobre elementos difíciles de sustituir: conocimiento del territorio, patrimonio auténtico, implicación vecinal y voluntad de compartir.

Fernández Sendín lleva años trabajando para conservar y divulgar la cultura popular de las comarcas de O Condado y A Paradanta desde la Casa Museo Etnográfica Pazo da Cruz y la Casa Leonides. Sus iniciativas atraen a vecinos, investigadores, asociaciones y visitantes interesados en descubrir el territorio desde dentro.

La jornada de A Graña dejó una imagen capaz de resumirlo todo: un libro abierto por la página en la que firmó Marcos Rodríguez Pantoja, varias generaciones reunidas alrededor de la lareira y un grupo de músicos haciendo resonar el Himno Galego entre los gruesos muros de una casa centenaria.

Desde el dolmen levantado hace miles de años hasta las canciones que todavía todos reconocen, el encuentro tendió un puente entre tiempos distintos. A Graña no se limitó a recordar su pasado. Durante una noche, volvió a vivirlo.

La memoria, el fuego y la música llenan de vida la Casa Leonides
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