sábado. 25.07.2026

Santalices y el arzobispo de Santiago apelan a recuperar la ética, el diálogo y la cultura del encuentro

La tradicional Ofrenda Nacional al Apóstol centró los actos del Día de Galicia en la Catedral compostelana. Miguel Ángel Santalices reclamó firmeza contra la corrupción, unidad en torno al gallego y una financiación autonómica equilibrada, mientras monseñor Francisco José Prieto reivindicó una sociedad basada en el servicio, la dignidad humana y el reconocimiento del otro.
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La Catedral de Santiago volvió a convertirse este 25 de julio en el corazón espiritual e institucional de Galicia con la celebración de la solemnidad del Apóstol y la tradicional Ofrenda Nacional, una ceremonia instaurada por Felipe IV en 1643. El presidente del Parlamento gallego, Miguel Ángel Santalices, ejerció como delegado regio y oferente en representación del rey Felipe VI, mientras que el arzobispo compostelano, monseñor Francisco José Prieto, presidió la celebración litúrgica.

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Los discursos del oferente y del prelado confluyeron en una llamada a regenerar la vida pública, superar la confrontación y poner a la persona en el centro de las decisiones. La corrupción, la polarización política, el futuro de la lengua gallega, la revolución digital, las desigualdades y la atención a los más vulnerables ocuparon buena parte de las intervenciones.

Contundencia frente a la corrupción

Miguel Ángel Santalices situó entre los principales retos de la sociedad la recuperación de la confianza en las instituciones, deteriorada por las conductas corruptas. El presidente del Parlamento demandó normas más contundentes y un refuerzo de la independencia institucional para frenar una deriva que calificó de “inaceptable”.

A su juicio, la actuación de quienes se dejan contaminar por la corrupción daña profundamente la arquitectura constitucional y aleja a los ciudadanos de la política. Frente a ello, defendió el regreso a una ética pública basada en el servicio, evocando la máxima de Adolfo Suárez de que la política consiste en servir a los demás y no en servirse de ellos.

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 El arzobispo de Santiago, monseñor Francisco José Prieto, escucha la Ofrenda Nacional al Apóstol pronunciada por Miguel Ángel Santalices durante la solemne celebración en la Catedral compostelana.

Santalices instó a los responsables públicos a tender puentes por encima de las diferencias ideológicas, identitarias, territoriales, lingüísticas o raciales. El Camino de Santiago, recordó, representa precisamente un modelo de convivencia, cooperación y apertura capaz de congregar a personas de procedencias y sensibilidades muy distintas.

Un pacto por la lengua gallega

En ese marco de entendimiento, el oferente reclamó unidad para alcanzar un gran pacto político y social en torno al gallego. Consideró que Galicia se encuentra ante una oportunidad para ofrecer un ejemplo de concordia mediante un acuerdo que comprometa a todas las fuerzas con la protección y la transmisión de la lengua propia, entendida como uno de los principales símbolos de la identidad colectiva.

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Monseñor Francisco José Prieto pronuncia su homilía ante el oferente, Miguel Ángel Santalices, durante la solemnidad del Apóstol Santiago en la Catedral compostelana. 

También reivindicó la autonomía y el autogobierno de Galicia desde la lealtad institucional y la cooperación con el Estado. Al abordar el debate sobre la financiación autonómica, rechazó que los intereses políticos a corto plazo puedan quebrar la necesaria igualdad del sistema.

Santalices defendió un modelo equilibrado y no discriminatorio que atienda prioritariamente las necesidades reales de las personas, con independencia del territorio en el que residan.

Ante los “totalitarismos tecnológicos”

La transformación digital fue otra de las cuestiones destacadas en la Ofrenda. El presidente del Parlamento advirtió sobre las pretensiones de las grandes compañías tecnológicas de reducir a los seres humanos a simples conjuntos de datos susceptibles de explotación y optimización.

Ante esta realidad, pidió a las democracias europeas que establezcan marcos legales capaces de proteger los derechos fundamentales frente a lo que denominó la amenaza de los “totalitarismos tecnológicos”. La innovación, sostuvo, debe estar orientada por valores sólidos y desarrollarse de una manera responsable, especialmente pensando en el legado que reciban las nuevas generaciones.

El oferente recordó asimismo la vocación acogedora de Galicia, pidió protección para los emigrantes y destacó la contribución de quienes llegan a la comunidad con la voluntad de participar en su progreso.

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Durante su intervención tuvo palabras de solidaridad con las personas afectadas por los incendios registrados en distintos puntos de España y rogó por las víctimas del reciente terremoto de Venezuela. También evocó la figura de Ramón Otero Pedrayo, cuando se cumple el 50 aniversario de su fallecimiento, y la peregrinación emprendida en 1926 por integrantes de la Xeración Nós.

Con la vista puesta en el Año Santo de 2027, Santalices expresó su deseo de que Felipe VI esté presente en la próxima Ofrenda y pidió su intermediación para que el papa León XIV visite también Santiago de Compostela.

La autoridad entendida como servicio

En su homilía, el arzobispo Francisco José Prieto presentó al Apóstol Santiago como testigo, mártir y ejemplo de un proceso de transformación interior. Recordó que el discípulo pasó de aspirar a ocupar un lugar privilegiado junto a Jesús a entregar su vida por el Evangelio.

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A partir de ese itinerario, el prelado reflexionó sobre el verdadero sentido de la autoridad. Frente a la ambición por alcanzar los primeros puestos, recordó la enseñanza evangélica que identifica la grandeza con la disposición para servir. Toda responsabilidad, tanto en la Iglesia como en las instituciones políticas y sociales, debe ejercerse pensando en el bien de los demás.

Monseñor Prieto defendió también la libertad de pensamiento, de conciencia y religiosa como pilares de una sociedad libre y plural. La Iglesia, afirmó, no busca imponer sus convicciones, sino proponerlas mediante el diálogo, el servicio y el testimonio, contribuyendo desde ellas al bien común.

“Toda persona es una historia sagrada”

La defensa de la dignidad humana constituyó uno de los ejes centrales de la homilía. El arzobispo subrayó que el valor de una persona no depende de sus capacidades, de sus recursos económicos ni de su posición social.

“Toda persona es una historia sagrada ante Dios”, proclamó antes de poner el foco en quienes requieren una protección especial: los niños, los mayores, los enfermos, las personas con discapacidad, quienes padecen pobreza o soledad, los migrantes y todos aquellos que carecen de medios para defenderse.

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El grado de humanidad de una sociedad, señaló, se mide por el trato dispensado a sus integrantes más vulnerables. Por ello, llamó a proteger toda vida humana, especialmente cuando se encuentra en una situación de mayor fragilidad.

El arzobispo expresó igualmente su cercanía a las familias evacuadas o afectadas por los incendios, a quienes perdieron sus bienes y a los profesionales desplegados en las tareas de extinción. También elevó una oración por las víctimas del terremoto de Venezuela y por quienes participan en las labores de rescate y reconstrucción.

Del enfrentamiento al encuentro

Francisco José Prieto alertó contra la tendencia a transformar al adversario político o ideológico en un enemigo. La polarización, la falta de escucha y la desaparición del diálogo, advirtió, debilitan la convivencia y terminan perjudicando al conjunto de la sociedad.

Como respuesta, propuso sustituir la cultura del enfrentamiento por una auténtica cultura del encuentro. El Camino de Santiago constituye, a su juicio, una representación privilegiada de ese ideal: personas con lenguas, creencias, culturas e historias diferentes recorren una misma senda sin verse obligadas a renunciar a su identidad.

Desde Compostela, el prelado animó a reconstruir redes de encuentro frente a la polarización; de solidaridad frente a la indiferencia; de hospitalidad frente al rechazo; de diálogo frente a la confrontación; de verdad frente a la manipulación, y de esperanza frente al desaliento.

El progreso técnico, el crecimiento económico y el bienestar material, concluyó, resultan insuficientes si no están acompañados por una reflexión sobre la persona y los valores que sostienen la vida común. En la festividad grande de Galicia, la Ofrenda al Apóstol dejó así un mensaje compartido: recuperar la confianza, tender puentes y convertir el ejercicio de toda responsabilidad en un verdadero servicio a la sociedad.

Santalices y el arzobispo de Santiago apelan a recuperar la ética, el diálogo y la...
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