El vino rosado vive un momento de crecimiento en España. Aunque todavía lejos de las cifras de consumo de blancos y tintos, cada vez son más los consumidores que se acercan a esta referencia, atraídos por su frescura, versatilidad y menor graduación alcohólica. En Galicia, donde la producción sigue siendo reducida, algunas bodegas como Regina Viarum, en la Ribeira Sacra lucense, llevan años apostando por un producto que, según su gerente, Iván Gómez, tiene recorrido y personalidad propia.
«El vino rosado a nivel nacional está de moda. Cada vez se están incrementando las ventas, aunque el crecimiento es relativamente pequeño», explica Gómez. Sin embargo, matiza que la realidad gallega es diferente. «Aquí se produce muy poquito y el rosado gallego no está de moda a nivel nacional, aunque sí se va consumiendo un poco más».
Actualmente, solo tres denominaciones de origen gallegas elaboran vino rosado: Ribeira Sacra, Valdeorras y Monterrei. Dentro de ellas, el número de bodegas productoras sigue siendo reducido. «Hay pocas bodegas que lo elaboramos porque no existe una demanda que requiera cantidades concretas como sucede con otras referencias, como un Godello, un Albariño o un Mencía», señala.
En Regina Viarum, el contacto directo con los visitantes a través de su consolidado proyecto de enoturismo permite conocer de primera mano la percepción del consumidor. «Gran parte de nuestro rosado se consume y se vende en la tienda de la bodega. La gente lo prueba, le gusta y lo compra», destaca. Fuera de este entorno, reconoce que quienes suelen pedir rosados en bares y restaurantes se inclinan habitualmente por referencias con burbujas o por rosados procedentes de Navarra y otras denominaciones con mayor tradición en este segmento.
A pesar de ello, Gómez se muestra optimista respecto a su evolución. «Va a ir a más. Es un producto más fresco, suele tener un poquito menos de graduación alcohólica y, además, la moda de los vinos con burbujas está ayudando a que se venda algo más. En el caso de los rosados gallegos avanzan poco a poco. Ciertamente es más un producto de nicho que de moda».
Un vino versátil y con identidad propia
Para el gerente de Regina Viarum, uno de los grandes valores del rosado es su capacidad de adaptación a cualquier momento de consumo. «Armoniza prácticamente con cualquier tipo de producto, en cualquier situación», afirma.
Su maridaje se asemeja al de los vinos blancos, acompañando especialmente bien pescados, mariscos o arroces poco condimentados. Sin embargo, Gómez reivindica una personalidad propia. «Se puede tomar con cualquier tipo de comida porque el rosado no deja de tener alma de tinto».
En la Ribeira Sacra, estos vinos se elaboran íntegramente con uva Mencía. La clave está en una breve maceración que evita una excesiva extracción de color. «Posteriormente, el trabajo enológico en bodega permite obtener un vino fresco, con una acidez situada entre la de un blanco y la de un tinto, muy fácil de beber», explica.
Además, conserva características propias de la variedad reina de la denominación. «Tiene ese retrogusto, esa profundidad en boca y esa nariz que aporta la Mencía». Según Gómez, la Ribeira Sacra ofrece condiciones especialmente favorables para elaborar rosados, ya que la Mencía presenta una intensidad colorante moderada. «En pocas horas puedes conseguir un rosado muy atractivo, algo que con variedades como la Garnacha, el Tempranillo o la Tintorera resulta más complicado».
El futuro pasa por los jóvenes y el auge de los blancos gallegos
Iván Gómez considera que el crecimiento de los rosados gallegos estará estrechamente vinculado al éxito que viven actualmente los vinos blancos de la comunidad. «Creo que los rosados en Galicia van a ir a más, apoyándose en la tendencia de los vinos blancos gallegos, que no debemos olvidar que sí están de moda. Somos líderes y ojalá dure mucho tiempo, porque cada vez crece más el consumo de nuestros blancos frente a los tintos».
Respecto al perfil del consumidor, identifica principalmente a los jóvenes que se incorporan al mundo del vino y al público femenino, aunque observa una progresiva ampliación de la demanda. «Cada vez somos más los que bebemos rosados en el aperitivo o como primera copa».
Para disfrutar plenamente de sus cualidades, recomienda servirlos como un vino blanco, entre los 12 y los 13 grados. «Lo importante es que no llegue a la mesa por encima de los 14 grados», resume.
Una feria para consolidar la cultura del rosado
Regina Viarum participará en la Primera Feira do Viño Rosado organizada dentro de la Festa da Rosa de Mos, una iniciativa que Gómez considera llamada a consolidarse.
«Como dice la alcaldesa Nidia Arévalo, es una forma de apoyar una fiesta que organizan con mucha pasión. Mos es un ayuntamiento muy grande y contará con el respaldo de los vecinos y también de otras bodegas que aportarán sus rosados», señala.
El gerente de la bodega lucense confía en que esta nueva cita contribuya a impulsar el consumo de estos vinos y se convierta en una referencia estable. «Creo que esta Feira do Viño Rosado va a perdurar como patrimonio de Mos, pero también de toda Galicia, y nos ayudará a que el rosado se consuma un poco más».
