En plena campaña de preparación de huertas y jardines, Diario Luso-Galaico visitó las instalaciones de Ecocelta para hablar con la bióloga Bárbara Álvarez y conocer, de primera mano, cómo afrontar el inicio de la temporada de cultivo con garantías.
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“Lo primero es limpiar el terreno, eliminar las malas hierbas y preparar bien el suelo”, explica Álvarez durante la entrevista. A partir de ahí, el siguiente paso es el abonado, que puede realizarse de forma general —esparciendo el producto y mezclándolo con la tierra— o de manera localizada, justo donde se va a plantar.
La especialista insiste en la importancia de reponer nutrientes cada año para asegurar el buen desarrollo de las plantas. En este sentido, Ecocelta trabaja exclusivamente con fertilizantes orgánicos de origen natural, como el abono peletizado elaborado con estiércol avícola compostado. “Es un fertilizante de liberación lenta que puedes aplicar antes de plantar o en el momento de hacerlo, tanto en huerta como en frutales o viñas”, detalla.
Otro aspecto clave en Galicia es la acidez del suelo. “Nuestros suelos son ácidos por la base granítica, lo que bloquea nutrientes”, señala. Para corregirlo, existen enmiendas como los encalantes. Entre ellas, Ecocelta dispone de Fertacal, un producto elaborado a partir de concha de mejillón y estiércol compostado.
Más allá del abonado, los bioestimulantes juegan un papel importante. “Tenemos un humus líquido que ayuda a la planta a aprovechar mejor los nutrientes”, explica Álvarez. Este producto contiene microorganismos beneficiosos que favorecen la absorción de elementos esenciales como el nitrógeno y el fósforo, además de estimular procesos como la floración y la fructificación.
En la misma línea, la empresa produce humus de lombriz con materias primas locales —algas, estiércoles y restos orgánicos— mediante procesos naturales de compostaje. “Son materias primas nobles que aportan fitohormonas y microorganismos beneficiosos al suelo”, añade.
Durante la conversación, Álvarez destaca también la relación directa con los clientes. “Hay quien viene con las ideas claras, pero también mucha gente que empieza de cero, con una huerta urbana y sin saber por dónde empezar”, comenta. Las dudas más habituales giran en torno al tipo de abono adecuado, las cantidades necesarias o cómo iniciar un compostador doméstico.
Esa cercanía genera, además, un valioso intercambio de conocimiento. “Aprendemos mucho de los propios clientes, que nos cuentan nuevas formas de utilizar los productos que a veces no habíamos contemplado”, concluye.
Un diálogo continuo que convierte la experiencia en el campo en innovación constante y que refuerza el objetivo final: lograr cultivos más sanos, sostenibles y productivos.
