La democracia mundial frena su caída tras ocho años, pero afronta una nueva amenaza: la polarización
La democracia mundial parece haber encontrado un punto de resistencia. Después de ocho años consecutivos de deterioro, el Índice de Democracia 2025 elaborado por Economist Intelligence Unit (EIU) registra una estabilización que podría señalar el comienzo del fin de la denominada «recesión democrática». Sin embargo, el informe advierte de que esta mejoría todavía es frágil y convive con profundas tensiones políticas, sociales e institucionales.
El estudio analiza la situación de 167 países y territorios a partir de cinco grandes indicadores: procesos electorales y pluralismo, funcionamiento de los gobiernos, participación política, cultura democrática y libertades civiles.
Uno de sus principales datos indica que cerca del 75 % de los países mejoraron su puntuación o la mantuvieron sin cambios durante 2025. La tendencia rompe con el prolongado retroceso observado desde mediados de la pasada década, aunque la evolución continúa siendo muy desigual entre regiones.
Europa occidental mantiene el liderazgo
Europa occidental volvió a situarse como la región con mayor calidad democrática del mundo. Su puntuación media ascendió ligeramente, desde los 8,38 puntos de 2024 hasta los 8,43 de 2025. De los 21 países analizados, 19 mantuvieron o mejoraron sus resultados y más de tres cuartas partes fueron clasificados como democracias plenas.
El avance, no obstante, fue modesto. El informe atribuye parte de la mejoría a una recuperación de la confianza ciudadana en los partidos y en el funcionamiento de algunas administraciones, después de las crisis provocadas por la pandemia y el encarecimiento del coste de la vida.
Dinamarca protagonizó uno de los movimientos más destacados al pasar del séptimo al tercer puesto mundial. Según EIU, la respuesta del Gobierno danés frente a la presión estadounidense sobre Groenlandia reforzó la cohesión interna y la confianza en las instituciones.
Francia también recuperó la consideración de democracia plena, aunque permanece en el puesto 26. Su resultado se encuentra muy cerca de la frontera que separa esta categoría de la democracia defectuosa, por lo que durante los últimos años ha oscilado entre ambas clasificaciones.
El malestar abre espacio a los populismos
La favorable posición europea no oculta algunos problemas de fondo. La escasez de vivienda, el elevado coste de la vida, la inmigración y las restricciones presupuestarias están alimentando el descontento con los partidos tradicionales.
La fragmentación de las preferencias electorales incrementa las dificultades para formar gobiernos estables y aplicar políticas coherentes. Al mismo tiempo, las fuerzas populistas y de extrema derecha continúan ganando terreno en numerosos países.
EIU considera que los llamados cordones sanitarios, mediante los cuales los partidos convencionales cooperan para impedir que determinadas formaciones lleguen al poder, estarán sometidos a una presión creciente, especialmente en grandes economías de la Unión Europea como Alemania y Francia.
Las elecciones previstas en Dinamarca, Suecia, Reino Unido y Alemania permitirán medir durante 2026 el alcance de ese cambio político. El informe anticipa que las posiciones más restrictivas en materia migratoria ganarán presencia incluso entre partidos situados fuera de la derecha populista.
Estados Unidos, la gran excepción
La evolución de Estados Unidos contrasta con la estabilización observada en buena parte del planeta. Su puntuación cayó dos décimas durante 2025 debido, principalmente, al debilitamiento del funcionamiento gubernamental y al retroceso de las libertades civiles tras el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca.
EIU menciona los recortes de personal en diferentes agencias federales, los ceses considerados políticamente motivados, los indultos a participantes en el asalto al Capitolio de enero de 2021 y la utilización de cuerpos federales en las operaciones contra inmigrantes.
El informe sostiene que los tribunales estadounidenses actuaron durante 2025 como uno de los principales contrapesos institucionales y limitaron la caída. No obstante, alerta de que una mayor concentración del poder ejecutivo y nuevas restricciones a la disidencia podrían provocar un deterioro más acusado.
Una recuperación desigual
América Latina y el Caribe registraron avances después de nueve años consecutivos de descenso. Más de la mitad de los países de la región mejoraron su puntuación. Bolivia figura entre los casos más destacados gracias a la celebración de elecciones consideradas libres y a una transición pacífica después de casi dos décadas de gobiernos del Movimiento al Socialismo.
También aumentó la participación política, un cambio que EIU interpreta como una señal favorable. Sin embargo, el informe recuerda que la movilización ciudadana no basta para consolidar una democracia si no va acompañada de instituciones eficaces, libertades civiles y capacidad real para influir en las decisiones públicas.
En Asia continuó el deterioro por sexto año consecutivo, con los mayores retrocesos concentrados en el sur del continente. Nepal, Pakistán, India y Filipinas aparecen entre los países que más empeoraron durante 2025.
África subsahariana logró estabilizarse, pero lo hizo desde una situación especialmente débil: el 85 % de sus sistemas políticos no están considerados democráticos. Gabón protagonizó la mayor subida del índice después de la transición iniciada tras el golpe de Estado de 2023, mientras que Guinea-Bisáu y Madagascar sufrieron fuertes caídas a raíz de sus respectivas crisis militares.
Democracia y seguridad para las empresas
El estudio incorpora además una lectura económica especialmente significativa. EIU observa una estrecha relación entre la fortaleza de las instituciones democráticas y la reducción del riesgo para las empresas.
Los países con sistemas institucionales sólidos ofrecen, en general, mayor seguridad jurídica, respeto a los derechos de propiedad, estabilidad laboral y previsibilidad normativa. Estas estructuras permiten absorber mejor las crisis políticas y disminuyen su impacto sobre la actividad económica.
En los regímenes híbridos o autoritarios, por el contrario, el deterioro democrático suele traducirse con mayor rapidez en decisiones arbitrarias, inseguridad regulatoria, restricciones a los movimientos de capital y episodios de violencia política. China y algunos Estados del Golfo aparecen como excepciones, al combinar bajos niveles de democracia con riesgos operativos relativamente reducidos.
Una tregua, no una victoria
El balance de 2025 ofrece señales más positivas que en años anteriores, pero todavía no permite hablar de una recuperación consolidada. Cinco países avanzaron hacia categorías democráticas superiores, mientras que dos retrocedieron. Francia volvió al grupo de democracias plenas y Rumanía, Malawi, Senegal y Paraguay pasaron de regímenes híbridos a democracias defectuosas. Moldova descendió a la categoría de régimen híbrido y Angola entró en la de régimen autoritario.
La democracia mundial ha dejado de perder terreno al ritmo de los últimos años, pero afronta una etapa marcada por la polarización, el debilitamiento de los partidos tradicionales y el ascenso de movimientos que cuestionan algunos consensos institucionales.
La conclusión del informe es prudente: el retroceso puede haberse detenido, pero la estabilidad democrática dependerá de que la creciente participación ciudadana encuentre respuesta en gobiernos eficaces, instituciones independientes y libertades capaces de resistir la presión política.