miércoles. 29.07.2026

La riqueza mundial volvió a marcar un máximo histórico en 2025, pero lo hizo con señales crecientes de desequilibrio. Así lo recoge el informe The global balance sheet 2026: Imbalance and divergence, elaborado por el McKinsey Global Institute, que estima que el balance global alcanzó casi 1,8 cuatrillones de dólares, frente a los 1,7 cuatrillones registrados el año anterior.

El estudio analiza el conjunto de activos, pasivos y riqueza de la economía mundial y alerta de que varias clases de activos siguen creciendo más deprisa que la economía real. Esta evolución, según el informe, aumenta la posibilidad de ajustes futuros a través de inflación, pérdidas de valoración de activos o, en el mejor de los escenarios, mediante un fuerte crecimiento de la productividad.

Uno de los datos más destacados es el nuevo récord de la riqueza de los hogares, que alcanzó los 570 billones de dólares en 2025. Esta cifra supone un incremento de 40 billones respecto a 2024 y multiplica por más de cuatro el nivel registrado en el año 2000. Sin embargo, McKinsey subraya que buena parte de ese crecimiento no procede de nueva inversión productiva, sino de revalorizaciones financieras.

De hecho, el informe advierte de que solo el 20 % del crecimiento de la riqueza de los hogares en el último año estuvo vinculado a la formación real de capital. En cambio, cerca del 60 % procedió de ganancias de valoración de activos por encima de la inflación, lo que el estudio define como riqueza “sobre el papel”.

Estados Unidos y China marcan el rumbo

El análisis señala que el creciente alejamiento entre el balance mundial y la economía real estuvo impulsado especialmente por las dos mayores economías del planeta: Estados Unidos y China.

En el caso estadounidense, las valoraciones bursátiles continuaron al alza, apoyadas en los beneficios empresariales y en las expectativas generadas por la inteligencia artificial. El informe destaca que el valor de las acciones en Estados Unidos alcanzó niveles históricamente elevados, hasta situarse en 2,4 veces los activos netos corporativos.

China, por su parte, presenta otro tipo de desequilibrio. Su deuda corporativa creció hasta representar el 80 % de los activos reales empresariales, frente a una referencia global cercana al 50 %. Además, el endeudamiento público chino registró uno de los mayores aumentos entre las economías analizadas.

La vivienda se modera, pero sigue elevada

El informe también constata una cierta normalización del mercado inmobiliario global. En la mayoría de las economías, el valor de la vivienda en relación con el PIB se ha ido acercando a los promedios de los últimos 25 años, en parte por el efecto de la inflación y por la corrección de precios tras los máximos alcanzados durante la pandemia.

Aun así, el documento precisa que los valores inmobiliarios continúan por encima de los niveles habituales antes del año 2000. En países como China, Francia o Alemania, la riqueza “sobre el papel” se redujo por la caída de los precios inmobiliarios, mientras que en Estados Unidos y Canadá el avance de la riqueza estuvo más ligado a las acciones.

Deuda pública en niveles de alerta

Otro de los puntos sensibles del informe es la deuda pública. McKinsey señala que sigue cerca de máximos históricos en Estados Unidos y que ha crecido con rapidez en China. En varias economías avanzadas, la deuda pública supera el 100 % del PIB, lo que aumenta la presión sobre los presupuestos en un contexto de tipos de interés más altos.

El documento advierte de que, con intereses elevados y menor margen de crecimiento, los gobiernos no podrán confiar únicamente en la expansión económica para reducir sus ratios de deuda. Esta situación puede obligar a tomar decisiones fiscales más exigentes en los próximos años.

Cuatro posibles escenarios

El estudio plantea cuatro posibles caminos para una economía mundial con balances elevados. El más favorable sería una aceleración de la productividad, capaz de justificar las altas valoraciones de los activos y sostener el crecimiento real de la riqueza.

Los otros escenarios son menos positivos: una etapa de inflación sostenida, que reduciría el valor real de los activos y la deuda; un retorno a una situación de estancamiento secular, con bajo crecimiento e inversión débil; o un reinicio del balance, con caídas de precios de activos, desapalancamiento y pérdidas de riqueza.

Para los directivos empresariales, el informe recomienda prestar atención a los factores capaces de mover a las grandes economías de un escenario a otro. En Estados Unidos, serán claves la evolución de los beneficios corporativos y la reducción del déficit público. En Europa, el elemento decisivo será un aumento de la inversión productiva. En China, el gran reto pasa por impulsar la demanda interna y el consumo de los hogares.

Europa, ante el riesgo de estancamiento

El McKinsey Global Institute sitúa a Europa en una trayectoria más próxima al estancamiento secular, marcada por una demanda débil, baja productividad y menor inversión. Aunque sus balances aparecen, en términos generales, más equilibrados que los de Estados Unidos, el informe advierte de que la falta de dinamismo inversor puede limitar el crecimiento futuro.

La principal conclusión del estudio es que la riqueza global sigue creciendo, pero con una base cada vez menos asentada en inversión real. El mundo, según McKinsey, dispone de un volumen récord de activos y riqueza, pero también afronta un riesgo creciente: que una parte significativa de esa prosperidad dependa de valoraciones financieras difíciles de sostener si la productividad no acompaña.

La riqueza mundial alcanza un récord de 570 billones de dólares, pero crece cada vez...
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