martes. 30.06.2026

Las vacaciones estivales son sinónimo de descanso, tiempo libre y ocio para millones de jóvenes. Sin embargo, esa misma combinación de ausencia de horarios, menor supervisión familiar y mayor vida social crea un contexto especialmente favorable para el inicio de los llamados consumos experimentales de sustancias, una realidad que preocupa a los profesionales de la salud mental y las adicciones.

Desde Esvidas explican que festivales, fiestas, encuentros improvisados y una agenda social más intensa favorecen que muchos adolescentes normalicen el consumo de alcohol o cannabis como parte del entretenimiento propio del verano.

El director terapéutico de la entidad, Adrián Gallardo, advierte de que el problema no reside únicamente en consumir durante las vacaciones, sino en la normalización de estas conductas. "Muchos jóvenes parten de la idea de que se trata de algo puntual y controlable, pero en algunos casos ese consumo acaba prolongándose más allá del verano", señala.

Alcohol y cannabis, las sustancias más habituales

Los expertos destacan que el alcohol continúa siendo la principal puerta de entrada al consumo de drogas entre los adolescentes, seguido del cannabis, dos sustancias ampliamente aceptadas socialmente.

Las estadísticas reflejan que la edad media de inicio en el consumo de alcohol se sitúa en torno a los 14 años, mientras que el cannabis comienza a consumirse aproximadamente a los 15, una etapa especialmente delicada por el desarrollo físico y psicológico de los menores.

También el tabaco sigue siendo un factor de riesgo. Según Gallardo, suele constituir el primer contacto con una conducta adictiva y contribuye a normalizar el acto de consumir desde edades muy tempranas.

Las pantallas, otra adicción silenciosa

El informe pone el foco igualmente en un fenómeno cada vez más extendido: el uso excesivo de dispositivos móviles durante las vacaciones.

La falta de horarios y el exceso de tiempo libre favorecen un incremento del tiempo frente a las pantallas, una conducta que, según Esvidas, activa mecanismos muy similares a los de las adicciones con sustancias cuando se utiliza como vía para gestionar el malestar emocional.

El director y cofundador de Esvidas, Guillermo Acevedo, recuerda que la Organización Mundial de la Salud recomienda que los adolescentes no superen las dos horas diarias de uso recreativo de pantallas. Sin embargo, la realidad es muy distinta: la Generación Z española pasa más de siete horas al día conectada, cuatro de ellas en redes sociales, según recoge el documento.

Riesgos que pueden ir más allá del verano

Los especialistas advierten de que lo que comienza como un consumo puntual puede consolidarse como un hábito difícil de abandonar.

Entre las principales consecuencias figuran el aumento de la ansiedad, alteraciones del estado de ánimo, problemas de sueño, malestar emocional persistente y dificultades para retomar las rutinas académicas o laborales tras las vacaciones. También pueden aparecer cambios bruscos de comportamiento, aislamiento o irritabilidad.

Por ello, Esvidas insiste en la importancia de la prevención y de la detección precoz. La información, el acompañamiento familiar y la intervención profesional en las primeras fases son, según sus especialistas, las herramientas más eficaces para evitar que un consumo ocasional termine convirtiéndose en una adicción. Como resume Guillermo Acevedo, "cuanto antes se interviene, mayores son las posibilidades de reconducir la situación sin consecuencias graves".

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