La tradicional Ofrenda del Mar de Panxón adquirió esta tarde un marcado carácter humano, social y testimonial. Enrique Fernández Álvarez intervino como oferente en representación de los llamados Huérfanos del Mar, de los niños y niñas que fueron acogidos en los orfanatos vinculados a las familias de los trabajadores del mar y también de quienes, sin ser huérfanos, quedaron bajo su custodia.
Fernández Álvarez, antiguo alumno de la primera promoción del Orfanato Nacional Virgen del Carmen de Panxón, recordó desde su propia experiencia la función que desempeñó esta institución para numerosos menores afectados por la ausencia del padre, las dificultades económicas y las consecuencias familiares de los accidentes y tragedias marítimas.
“El de Panxón fue nuestro segundo hogar, nuestra segunda familia y, en ciertos casos, la única casa y la única familia”, afirmó durante una intervención en la que evocó tanto las heridas de la infancia como el sentimiento de protección y pertenencia que aquellos niños fueron encontrando en el centro.
La ofrenda se desarrolló en el ámbito de una Eucaristía celebrada por el obispo de Tui-Vigo, monseñor Antonio Valín. Tras la ceremonia religiosa, el Santísimo fue trasladado al exterior de la iglesia, donde tuvo lugar una bendición de cara al mar, uno de los momentos más solemnes y simbólicos de la jornada.
En su discurso, el oferente explicó que la Virgen del Carmen no era inicialmente para aquellos niños una figura cercana. “Era la patrona de nuestros padres, pero para nosotros era una desconocida”, señaló. Recordó que, desde la mirada infantil, muchos no comprendían por qué no había auxiliado a sus familias cuando más lo necesitaban.
Con el paso del tiempo, explicó, aquella percepción fue transformándose. Las religiosas del centro, “con su eterna paciencia”, les fueron transmitiendo una imagen distinta de la Virgen del Carmen, hasta convertirla en una presencia espiritual a la que acudir en la soledad, en la incertidumbre y en la necesidad de seguir adelante.
Fernández Álvarez vinculó esta experiencia con la realidad de los marineros y de sus familias. Mientras quienes trabajan en el mar afrontan la distancia y el deseo de regresar, en tierra permanece la incertidumbre de quienes esperan. Entre ambas realidades situó la figura de la Virgen del Carmen como patrona, madre espiritual y símbolo de esperanza.
“Ya diviso el faro, ya llegamos a puerto”, expresó al final de su intervención, antes de manifestar la gratitud y la devoción de los huérfanos del mar hacia la Virgen del Carmen, a la que se refirió como “Reina de los Mares y Madre de sus Huérfanos”.
Al acto asistieron el alcalde de Nigrán, Juan Antonio González, acompañado por varios miembros de la corporación municipal; el alcalde de Baiona, Jesús Vázquez Almuiña, y diferentes representantes relacionados con el ámbito y la actividad marítima.
La celebración recordó igualmente la relevancia histórica del Orfanato Nacional Virgen del Carmen, cuya primera piedra se colocó en 1948 y que fue la primera institución de estas características en España. La jornada coincidió además con la conmemoración del 50.º aniversario de la cesión de la Obra del Mar al Instituto Social de la Marina y con el centenario del descubrimiento del arco visigótico que se encuentra en el origen del templo de Panxón proyectado por Antonio Palacios.

