Lisboa se reviste de abril, adopta tonalidades clavel y libertad, olor de brisa salobre, atlántica, de mares que fueron inciertos hasta que los portugueses los surcaron, y generosa, una vez más, renunciará a su justificado narcisismo para escuchar a quienes a ella arribarán con predisposición liberal, talante democrático y comprometido, vocación de entender al otro tras escucharle. La capital lusa es todo menos un lugar común; es y fue acogedora, anclada ante el universo, se dejó inquietar por los audaces, acogió a los intréppidos, conquistó a todos, y su lección permanece como en una isla refugio de las incertezas de estos tiempos convulsos. Antigua y señorial, decantada en sus saberes, hogar y refugio, puerto de partida y arribada, amable y saudosa, de luz yodada, la ciudad prepara el Foro La Toja de primavera.
Bajo la arquitectura serena de la Fundación Calouste Gulbenkian, el próximo 29 de abril, Lisboa no solo acoge un encuentro: se convierte en escenario y argumento de una idea mayor. El Foro La Toja – Vínculo Atlántico, en su edición lisboeta, prolonga el espíritu de la isla de A Toxa para situarlo en el corazón de una Europa que busca su lugar en un mundo en transformación. No es una réplica, sino una extensión natural, casi inevitable, de un pensamiento que nació mirando al océano.
En este tiempo de incertidumbres, donde las certezas geopolíticas se diluyen y las alianzas tradicionales se ven sometidas a revisión, el foro propone una reflexión sin estridencias pero con ambición. Europa, entre su histórica dependencia de Estados Unidos y la necesidad de afirmarse como actor global autónomo, encuentra en este diálogo ibérico una vía de interpretación y propuesta. La seguridad compartida, el papel de la OTAN, la soberanía tecnológica o la resiliencia democrática no son aquí consignas, sino preguntas abiertas.
Detrás de esta convocatoria late la intuición certera de Amancio López Seijas, cuyo acierto ha consistido en entender que Galicia no es periferia, sino puerta; y que Portugal no es vecino, sino hermano. Llevar el foro a Lisboa es reconocer que el eje atlántico no se agota en una geografía, sino que se proyecta como una forma de pensar y de estar en el mundo.
La nómina de participantes confirma esa vocación de excelencia y pluralidad. La experiencia política de figuras de la talla de António José Seguro, Presidente de la República de Portugal, Carlos Moedas, Alcalde de Lisboa; Mariano Rajoy dialogará con la responsabilidad institucional de Margarita Robles, mientras que desde Portugal llegarán voces de peso como Augusto Santos Silva, Paulo Portas o Mário Centeno. A ellos se suman la mirada internacional de Michael Ignatieff y la experiencia diplomática de Shlomo Ben Ami, configurando un espacio donde la reflexión aspira a ser útil.
Pero este foro es también, y quizá sobre todo, una afirmación cultural. Porque Galicia y Portugal se unen en algo más profundo que una frontera: coinciden en una manera de mirar el mundo. La saudade, tantas veces invocada, no es solo melancolía, sino conciencia de lo vivido y responsabilidad ante lo que está por venir, morriña de futuro. En ese territorio emocional, Oporto emerge como símbolo complementario de Lisboa: ciudad de granito y trabajo, de puentes que no separan, sino que cosen orillas. Si Lisboa es apertura, Oporto es firmeza; si una convoca, la otra sostiene.
Entre ambas, Galicia actúa como bisagra natural, como espacio de encuentro donde las identidades no se excluyen, sino que se enriquecen. Los foros de La Toja, tanto en la isla como en Lisboa, materializan esa vocación compartida: convertir el Atlántico en argumento y no en límite, en puente y no en frontera.
En un tiempo dado a la simplificación, este Foro La Toja – Vínculo Atlántico reivindica la complejidad como valor. Frente al ruido, propone conversación; frente a la urgencia, reflexión; frente a la desconfianza, entendimiento. No pretende ofrecer soluciones cerradas, sino abrir caminos posibles.
Lisboa, con su luz que parece suspendida entre la historia y el porvenir, y Oporto, con su pulso constante y laborioso, recuerdan que las ciudades también piensan. Y que cuando Galicia y Portugal se reconocen en ese pensamiento compartido, la península deja de ser un extremo para convertirse en centro.
Quizá por eso este foro no es solo una cita en el calendario, sino una brújula. Una forma de orientarse en tiempos inciertos. Una invitación a entender que, en la orilla atlántica, late todavía una idea de Europa capaz de mirarse sin miedo y de proyectarse con ambición.
