La acuicultura gallega gana valor: 243 millones de euros y 6.100 empleos directos

Departamento de Infografía DL-G.
Galicia consolida su liderazgo acuícola con un tejido empresarial que abarca cerca de 4.900 establecimientos y granjas marinas y continentales. Mejillón, rodaballo, lenguado y trucha sostienen una actividad que apuesta por producir más valor, innovar y movilizar nuevas inversiones.

La acuicultura gallega está dejando de medir su fortaleza únicamente por las toneladas que salen de bateas, parques de cultivo y piscifactorías. Los datos de 2025 dibujan un sector empresarial que produce menos volumen que en sus máximos históricos, pero obtiene mayor valor económico, al tiempo que moviliza inversiones millonarias y sostiene 6.100 puestos de trabajo directos.

Galicia cerró el pasado ejercicio con una producción acuícola marina de 189.251 toneladas y un valor de 243,4 millones de euros, unas cifras que mantienen a la comunidad como principal potencia acuícola española.

El director general de Pesca, Acuicultura e Innovación Tecnológica, Isaac Rosón, puso este martes los números sobre la mesa durante su comparecencia ante la Comisión 8ª del Parlamento de Galicia.

La evolución resulta especialmente significativa desde una perspectiva empresarial. Frente al máximo de aproximadamente 290.000 toneladas alcanzado en 2018, actualmente se producen volúmenes inferiores. Sin embargo, el valor generado pasó de unos 215 millones de euros a superar los 243 millones.

«El éxito del sector ya no se mide solo en toneladas, sino en la capacidad de generar más valor por unidad, empleo cualificado y soberanía alimentaria», defendió Rosón.

Un gigante formado por miles de pequeños productores

Detrás de las grandes cifras existe una estructura empresarial muy particular, en la que conviven miles de explotaciones vinculadas fundamentalmente al cultivo de moluscos con un reducido número de granjas marinas de elevada capacidad productiva.

Galicia cuenta con 4.850 establecimientos acuícolas entre bateas y parques de cultivo, responsables de 179.173 toneladas de bivalvos y de una facturación en lonja superior a los 136 millones de euros.

El mejillón continúa siendo el gran músculo productivo. Las más de 3.300 bateas gallegas generaron 177.639 toneladas, valoradas en más de 124 millones de euros.

A esta extensa red productora se suma otro modelo empresarial muy diferente: las 20 granjas marinas existentes en Galicia. Con poco más de 10.000 toneladas de producción, alcanzan prácticamente 107 millones de euros de valor.

El rodaballo ocupa una posición sobresaliente: más de 9.300 toneladas y 94 millones de euros. El lenguado aporta otras 733 toneladas y 12,5 millones.

La cadena se completa con 45 piscifactorías continentales de trucha, cuya producción alcanza las 2.240 toneladas y unos 12 millones de euros, además de una actividad emergente vinculada al cultivo de algas.

150 millones de inversión movilizada

Uno de los indicadores más relevantes para medir las perspectivas empresariales del sector está en las inversiones.

Según los datos facilitados por la Xunta, se pusieron a disposición de la acuicultura 65 millones de euros en ayudas para inversiones productivas. Las subvenciones llegaron a 232 beneficiarios y contribuyeron a movilizar 150 millones de euros de inversión.

A ello se añaden las actuaciones destinadas a modernizar la industria transformadora y conservera, donde otros 20 millones de euros de ayudas respaldaron 39 proyectos.

Las cifras muestran que la acuicultura no funciona de manera aislada. Su impacto se prolonga hacia empresas transformadoras, conserveras, proveedores tecnológicos y de servicios, logística e investigación, configurando una cadena de valor especialmente relevante en numerosas localidades costeras gallegas.

Innovación para competir

El futuro empresarial del sector pasa también por resolver problemas biológicos y ambientales que afectan directamente a la rentabilidad de las explotaciones.

La Administración autonómica mantiene proyectos de I+D+i con el Cetmar, CIMA e Intecmar, entre otros organismos, dirigidos a cuestiones como la disponibilidad y mejora de la semilla de mejillón, la biorremediación de almeja y berberecho o la observación oceanográfica.

Programas como Apromex, Bateas, Capacitamex o Biorrem buscan trasladar investigación y tecnología hacia problemas concretos de la producción.

A ello se suma la preparación de un nuevo decreto de acuicultura de Galicia, actualmente en tramitación y que pretende actualizar las reglas bajo las que opera el sector ante la evolución del mercado y los posibles efectos del cambio climático.

El mejillón importado representa el 4 % en valor

La competencia exterior constituye otra de las preocupaciones empresariales, especialmente para el potente sector mejillonero.

Rosón trató de dimensionar el fenómeno de las importaciones: el mejillón procedente del exterior representa alrededor del 4 % en términos de valor respecto a la producción gallega y aproximadamente el 98 % entra congelado, fundamentalmente para abastecer las necesidades de la industria transformadora y conservera.

Mientras tanto, el mejillón fresco producido en Galicia mantiene una posición claramente dominante, con el 77 % del mercado local, según los datos expuestos por el director general.

La Xunta insiste además en diferenciar la cuestión comercial de la sanitaria. Los productos importados que llegan al mercado deben cumplir los estándares establecidos por la Unión Europea y someterse a los correspondientes sistemas de trazabilidad y control.

Para el sector gallego, la garantía de origen constituye también un elemento de diferenciación comercial, especialmente a través de la DOP Mejillón de Galicia.

Con casi 243,4 millones de euros generados únicamente por la producción marina, 6.100 empleos directos y 150 millones de inversión movilizada, la acuicultura se consolida así no solo como una actividad tradicional vinculada al mar, sino como uno de los sectores empresariales estratégicos de la economía azul gallega, con el reto de convertir innovación, calidad y diferenciación en mayor rentabilidad y capacidad para competir en los mercados.