lunes. 09.03.2026

El concierto del sábado en el Teatro García Barbón de Afundación fue, ante todo, un auténtico homenaje a Rosalía de Castro y a todo el universo literario y cultural que la rodea. Durante más de dos horas, Amancio Prada alternó canciones con reflexiones personales que evidenciaron su profundo conocimiento de la poesía española y una prodigiosa memoria. No en vano, el recital formaba parte de la gira con la que celebra el 50 aniversario de su emblemático disco dedicado a Rosalía.

Fue también, podría decirse, un concierto entre guitarras. Dos instrumentos marcaron la velada: la primera guitarra que Amancio pudo comprar en París con las 10.000 pesetas que ganó en un concurso y otra muy especial, la que le regaló Joan Baez en su última gira y con la que interpretó al alimón Adiós ríos, adiós fontes.

En Vigo se descubrió a un Prada especialmente cercano al público. Incluso invitó a los asistentes a cantar con él unos versos de Federico García Lorca dedicados a Rosalía:

Os arados van e vén / dende Santiago a Belén.
Dende Belén a Santiago / vai un anxo nun cabalo branco.

Ese tono de proximidad se prolongó hasta el final del espectáculo. Tras más de dos horas de actuación, el cantautor saltó al patio de butacas para saludar personalmente al público que ocupaba el pasillo central y dirigió también una larga mirada de agradecimiento hacia los espectadores del anfiteatro.

El recital tuvo asimismo un marcado carácter didáctico. Entre canción y canción, Prada ofreció extensas explicaciones sobre los poemas y los autores. La primera llegó tras interpretar Como chove miudiño: un relato de casi doce minutos sobre sus inicios en la música.

Sobre el escenario, apenas dos guitarras y una banqueta. Y, frente a ellas, un García Barbón lleno. Amancio Prada, con su larga melena plateada —que evocaba el aire de poeta de Rafael Alberti— alternaba recitados de memoria con la interpretación musical de los versos.

Hubo momentos de complicidad y humor, pero también de recogimiento, siempre con Rosalía de Castro como telón de fondo. Prada recordó que durante muchos años no fue plenamente consciente de la profundidad de su admiración por la poeta gallega. Explicó además cómo Rosalía construía muchos de sus poemas a partir de coplas o estribillos populares. “En cierto modo —señaló—, en Cantares gallegos prolongó esa resonancia del cancionero tradicional que durante siglos se cantó en Galicia”, recordando piezas como Campana de Bastabales, Adiós ríos, adiós fontes o Un repoludo gaiteiro.

Durante el concierto también hubo tres emocionadas menciones al recientemente fallecido Xesús Alonso Montero, a quien definió como “mi querido amigo y profesor”. Prada evocó expresiones del intelectual gallego como “mi hermana en tristeza” o “el ángel mojado en Galicia”, y lo describió como un “sabio” de gran oratoria, alguien “con quien tanto he querido y con quien tanto he hablado”.

El cantautor quiso agradecer igualmente el trabajo de su equipo técnico de iluminación y sonido, así como el de la productora Thinking Up Events, responsable de la gira.

Pero quizá lo más importante fue la conexión que Prada volvió a establecer con el espíritu rosaliano. En el García Barbón no solo sonaron canciones: durante más de dos horas se desplegó una suerte de liturgia poética en la que música, memoria y palabra volvieron a encontrarse bajo la sombra luminosa de Rosalía.

Las guitarras de Amancio Prada despiertan a Rosalía en Vigo
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