La pintora Carmen Touza volvió a enfrentarse este miércoles a uno de esos desafíos artísticos que parecen hechos a su medida: crear una obra desde un lienzo completamente en blanco mientras sonaba en directo el String Quartet in D minor, D.810, de Franz Schubert. La intervención tuvo lugar en el Palacio del Raio, en Braga, dentro de una actividad organizada por la Santa Casa de la Misericordia, y contó con la participación de los músicos Adam Newman, David Wyn Lloyd, Nikolai Gimaletdinov y Piotr Rachwał.
Touza explicó, tras finalizar la pieza, que está acostumbrada a dejarse llevar por lo que la música le sugiere. Aseguró que pinta mujeres fuertes y valientes, y que se atreve con todo. En esta ocasión, lo demostró ante un público en el que se encontraban representantes de la Santa Casa de la Misericordia, artistas gallegos como el escultor Armando Martínez y coleccionistas de su obra.
La artista reconoció que la música de Schubert le resultó especialmente inspiradora. Contó que, durante la intervención, no llevó ningún control del tiempo y que ni siquiera había visto el cuadro en su totalidad mientras lo pintaba, ya que avanzaba a medida que la música le iba marcando sus altos y bajos. Para ella, el proceso consistió en acompañar el sonido con la pintura, en complementarse con lo que estaba escuchando.
El escenario también tuvo un papel importante. El concierto se desarrolló en uno de los patios del Palacio del Raio, en el jardín, un espacio del que Touza destacó la paz y el silencio. Allí, entre la música de cámara, el patrimonio y la creación contemporánea, la pintora fue componiendo una imagen que, según explicó, nació de la emoción del momento.
La obra resultante, bautizada como Música sobre lienzo, mantiene algunos de los elementos habituales de su universo creativo. Touza explicó que volvió a pintar a una de sus mujeres, algo abstraída, como ella misma se sintió durante la actuación. La figura escucha la música y piensa en el mañana. A un lado, la artista incorporó un pez, símbolo de su preocupación por la limpieza de los mares, así como una gallina, un “pollipez”, como ella lo denomina, y un violín en referencia directa a la música que acompañó la creación. También quiso introducir una presencia femenina en la pieza, al observar que entre los intérpretes del cuarteto no había ninguna mujer.
La pintora confesó además que dedicó la acción a Carlos Contreras Orero, conocido como el Barón de Deverini, recientemente fallecido. Touza recordó que le debía mucho profesionalmente y que, al salir al espacio de creación, pensó que aquella obra iba por él.
El cuadro será sorteado entre quienes adquieran rifas destinadas a apoyar el hospital que la Santa Casa de la Misericordia construye detrás del Palacio del Raio. Se trata de un proyecto en el que se ha trabajado durante tres años y cuya inauguración está prevista para septiembre, con la presencia del presidente de la República. La organización ha previsto que cualquier persona pueda participar en el sorteo, aunque no visite el Palacio del Raio, facilitando su número de teléfono y dirección. La obra será enviada al ganador esté donde esté.
La pintura realizada durante el concierto podrá verse a partir del 31 de julio, también viernes, en una exposición que se inaugurará en la recepción de la residencia-hospital junto a otros cuadros de la artista.
Antes de esa cita expositiva, Carmen Touza recibirá este viernes un reconocimiento por parte de la Santa Casa de la Misericordia y del Ayuntamiento de Braga. La artista se mostró especialmente emocionada por la Medalla de las Artes que le será concedida también como colaboradora de la futura residencia-hospital. Subrayó que se siente muy orgullosa de este reconocimiento, que hasta ahora solo se había impuesto a una mujer a título póstumo. Touza aseguró que su agradecimiento será infinito por todo lo que simboliza esta distinción.
La acción se enmarca en la filosofía de unos festivales urbanos que conciben Braga como un escenario vivo donde dialogan la música, la imagen y el patrimonio. Una propuesta que defiende una arte sin fronteras, en la que pasado y futuro conviven en creación, y donde la música de cámara se reimagina a través de la experimentación, la emoción y el encuentro entre disciplinas. En ese contexto, Carmen Touza no solo pintó un cuadro: convirtió la música en materia, color y movimiento.
