Con la celebración de la Candelaria, Cangas inaugura el calendario anual de procesiones. Cuarenta días después de la Navidad, la villa marinera conmemora la festividad de la Presentación del Señor y la Purificación de la Virgen, una cita que marca simbólicamente el tránsito entre el ciclo navideño y el tiempo pascual, con la mirada ya puesta en la Semana Santa.
La Candelaria se sitúa a medio camino entre ambos tiempos litúrgicos y anuncia la llegada del Miércoles de Ceniza y la Cuaresma, precedidos por los carnavales y otras celebraciones tradicionales como San José y las Tres Gracias. Es también la primera ocasión del año en la que salen a las calles las imágenes de la Virgen del Rosario, con el Niño en brazos, y San José, portando una candela, para bendecir Cangas.
La festividad recuerda el pasaje evangélico en el que María y José presentan al Niño Jesús en el Templo de Jerusalén para cumplir con la ley judía, que ordenaba consagrar al Señor al primogénito. Aunque la norma establecía la ofrenda de un cordero, se permitía a las familias humildes presentar dos tórtolas o palomas. Es entonces cuando el anciano Simeón profetiza que el Niño será luz para las naciones y signo de contradicción.
La procesión destaca por su emotividad, profundidad y recogimiento. De carácter íntimo, congrega a un número reducido de fieles, ya que su recorrido no es el habitual y se limita al entorno del templo. Las empedradas calles Santiago, Estrella y Real se convierten en escenario de un respetuoso silencio, evocando el camino de la Sagrada Familia desde Belén hasta Jerusalén. Todo el trayecto queda iluminado por la tenue luz de las velas que portan los fieles.
De regreso al interior de la excolegiata de Cangas, las imágenes de la Virgen y San José realizan las bendiciones y las tres reverencias. A continuación, varios niños sueltan dos palomas blancas, símbolo de pureza y humildad, antes de la celebración de la solemne Eucaristía del día.
En Cangas, pueblo profundamente ligado al mar, la celebración del 2 de febrero adquiere un significado especial. La conocida como “fiesta de la luz” o de las candelas simboliza a Cristo como guía en la oscuridad, comparable al faro que orienta y protege a los marineros. La tradición popular recomendaba encender velas como gesto de protección, esperanza y deseo de un regreso seguro de quienes faenaban en el mar. No deja de ser anecdótico que la Cofradía de la Misericordia del Gremio de Mareantes eligiera precisamente esta fecha, en 1709, para promulgar sus estatutos.
La antiquísima Cofradía de la Virgen del Rosario mantiene, además, una estrecha vinculación con las gentes del mar. Esta advocación mariana fue adoptada históricamente como patrona de la Marina española tras la victoria en la batalla de Lepanto. Conocida también como la “Galeona”, su imagen fue embarcada en numerosos navíos como símbolo de protección frente a los peligros de la navegación.
