sábado. 20.07.2024

Familias y triángulos

"Ante el asentimiento corporativo de la clase, felicité al disidente y reconocí que el ejemplo era muy bueno. Después subrayé el servició esencial que la familia –comunidad de padres e hijos- aporta a la sociedad: la procreación de niños, seguida de su crianza y educación. Añadí que, por el mayor protagonismo materno en esas tareas, la unión natural que las hace posible recibe el nombre de matrimonio, palabra de origen latino, 
que significa oficio de la madre". 

Si pregunto a mis alumnos su opinión sobre los modelos de familia, dan por supuesto que se trata de las tres posibles uniones entre hombre y mujer, hombre con hombre y mujer con mujer. Suelen responder que ellos tienen padre y madre, que esa les parece la mejor opción, pero que quienes piensan y viven de otra manera están en su derecho. Solo en una ocasión, un alumno se atrevió a responder que mi planteamiento era 
tramposo, dado que no existen modelos de familia. Y lo aclaró con un ejemplo: “Es como si usted nos pregunta qué opinamos sobre los triángulos de cuatro o cinco lados”. 

Ante el asentimiento corporativo de la clase, felicité al disidente y reconocí que el ejemplo era muy bueno. Después subrayé el servició esencial que la familia –comunidad de padres e hijos- aporta a la sociedad: la procreación de niños, seguida de su crianza y educación. Añadí que, por el mayor protagonismo materno en esas tareas, la unión natural que las hace posible recibe el nombre de matrimonio, palabra de origen latino, 
que significa oficio de la madre. Siempre me ha parecido que lo característico de las principales instituciones humanas es su realismo: no nacen del capricho, sino de las necesidades objetivas. En el caso del matrimonio y la familia, rasgos como la dualidad sexual, la exclusividad, el compromiso de permanencia, la ayuda mutua, la unificación de patrimonios y la autoridad sobre los hijos no son convenciones culturales o tradiciones pasajeras, sino requisitos tan naturales como eficaces. Matrimonio y familia piden estabilidad de acuerdo con los sentimientos naturales de sus miembros más débiles: los niños a duras penas soportan la separación de sus padres, y “no hace falta ser muy perspicaz para darse cuenta del inmenso daño que se hace a las personas, 
muy especialmente a los más dependientes (niños, enfermos, discapacitados y ancianos), cuando se les somete a ambientes familiares inestables, donde poco puede darse por seguro” (Alfredo Marcos).

Volviendo a mi pregunta tramposa, hoy se defienden los tres modelos de familia con supuestos derechos y apelaciones sentimentales, pero la misma biología  nos dice que la introducción artificial de un niño en la casa de dos personas del mismo sexo –por reproducción asistida o adopción-, no convierte a dichas personas en matrimonio ni a los tres en familia. Porque dos hombres pueden ser dos buenos padres, pero nunca serán una madre, ni buena ni mala; y dos mujeres pueden ser dos buenas madres, pero nunca serán un padre, ni bueno ni malo. Todo esto era evidente hasta hace cuatro días y hubiera resultado ridículo ponerlo en duda. Hoy, por el contrario, la izquierda marxista y el liberalismo permisivo ganan sin discusión esa batalla contracultural.

José R. Ayllón es escritor. 

Familias y triángulos
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