jueves. 22.01.2026
La opinión de
Alberto  Barciela

Alberto Barciela

Alberto Luis Barciela Castro, nacido el 9 de julio de 1962 en Chapela-Redondela, Pontevedra, en la actualidad es comunicador, escritor, poeta y empresario. Periodista, miembro del Colegio Profesional de Periodistas de España (N.R.P. 14.245), Miembro de Número de la Academia de las Ciencias y las Artes de la Televisión de España, miembro de la Sociedad Española de Autores y Editores, de la Mesa del Turismo de España y de la Asociación de Profesionales de Turismo de España, pertenece a la Asociación de la Prensa de Madrid (N. 1016) y a la Asociación de Periodista de Galicia (APG). Es colaborador del programa Gente Viajera de Ondacero, del Grupo Prensa Ibérica (“Faro de Vigo”, “La Opinión” de Coruña, “El periódico de Catalunya”, etc.), “El Correo Gallego”, “El Progreso”, Grupo La Capital ( “El Ideal Gallego”, “Diario de Arousa”, “Diario de Ferrol”, “Diario de Bergantiños, etc.), “Atlántico Diario”, y diarios digitales como “Aquí Europa”, “Galicia 24 horas”, “Galicia Única”, “Diario Luso-Galaico”, “El Trapecio”, “Mundiario” o “O Barbanza”. Muchos de sus trabajos han sido publicados en “ABC”, Grupo Joly o “La Región”o en la Revista de Pensamento e Cultura FerrolAnálisis, de la Asociación de periodistas de la Ciudad Departamental. Es miembro del Consejo Asesor de PTVD, Plataforma de Televisión internacional, de Canal Europa y de Canal Latino.

Parte de guerra desde Bucha

Los muertos en cada batalla, a partir del primero, siempre son demasiados. Las víctimas propenden a crecer de manera exponencial entre estragos, heridas, miseria, pobreza, memorias históricas, monumentos funerarios. Las destrucciones de bienes y culturas colectivos, de proyectos personales han sido inmensas. Los perdedores, los derrotados, tarde o temprano, somos casi todos, lo es la civilización. 

Álvaro Cunqueiro o cómo tomar notas entre manzanas

Hoy evoco a Álvaro Cunqueiro, un ser inspirado que sabía demasiado de sí mismo y de Galicia, del mundo y del trasmundo, de la realidad y de la imaginación, capaz de traspasar límites y desbordar lo evidente. Su escritura alimenta como un pan con aroma de manzanas, de esas “fadas verdes” que inundaban su ambiente de ritos entremezclados, de ires y venires por las palabras meigas, por el requiebro en el meandro, jugando entre tiempos y mundos, entre vivos y vidas paralelas, entre el aquí y el más allá, topándose con sirenas melancólicas -lo que me hace pensar que eran gallegas-, judíos nigromantes, errantes caballeros, hadas, gentes del común o almas luminiscentes.