domingo. 21.04.2024

La realidad artificial

"(...) La verdad vino de África con nosotros, es tan antigua como las mentiras. Juntas descendieron del mismo árbol. La realidad es tozuda, obstinada, es la que es y no otra. Esto entendemos tras haber sufrido un lento y progresivo proceso evolutivo, una compleja transformación biológica que se conoce como hominización, en la que la naturaleza ha invertido millones de años, desde los ancestros hasta la actualidad.(...)"

No todo puede ser una patraña, una invención urdida con propósito de engañar o un relato novelesco. No, no todo puede ser mentira, ni resultado de la imaginación, la elucubración, la inspiración o cualesquier otro recurso relacionado con las musas, los mitos o las intenciones, o la perversidad, esa que intencionalmente corrompe las costumbres o el orden y estado habitual de las cosas. Ser y circunstancias han de imponerse una realidad con soluciones tangibles para la idiotez.

La verdad vino de África con nosotros, es tan antigua como las mentiras. Juntas descendieron del mismo árbol. La realidad es tozuda, obstinada, es la que es y no otra. Esto entendemos tras haber sufrido un lento y progresivo proceso evolutivo, una compleja transformación biológica que se conoce como hominización, en la que la naturaleza ha invertido millones de años, desde los ancestros hasta la actualidad. Fruto de ese progreso podemos engañarnos a nosotros mismos e intentar hacerlo con los demás, descartar lo evidente, comunicar, manipular la información, desvirtuar, crear, soñar, alucinar, sentir, filosofar, improvisar, formamos, recapacitar, amar y/o tener esperanza. Somos los mismos ante lo sencillo y lo complejo, pero tendemos a ignorar nuestra ignorancia, incluso descartamos la referencia crítica -casi siempre positiva- o enriquecedora de quienes saben más o gozan de mayores alcances -en esto no somos iguales ni por capacidad neuronal, ni por formación ni por experiencia-, y concluimos matándonos por tener razón, territorios, riquezas o alimentar particulares egos. La extinción física es la única realidad absolutamente universal, igualitaria, y en cierta manera democrática. De la muerte no habría que ocuparse demasiado, ocurre por sí misma. Pero venimos de la selva y nuestros genes no lo han olvidado, como por desgracia demuestran las guerras.

"La extinción física es la única realidad absolutamente universal, igualitaria, y en cierta manera democrática". 

Dice el diccionario que la inteligencia artificial (IA) es una disciplina científica que se ocupa de crear programas informáticos que ejecutan operaciones comparables a las que realiza la mente humana, como el aprendizaje o el razonamiento lógico. Cabe decir pues, en un sentido metafórico, que las máquinas descendieron implícitas en nosotros de los arbustos. Lo que en apariencia es antinatural surge de lo natural. No nos vayamos por las ramas, no hace falta que el ChatGPT ni ninguno de sus alcances acabe con la especie humana, estamos ante un suicidio que cualquier tonto, por inculto que sea, puede comprender sin necesidad de recurrir a un arma prestada.

Una anécdota final. En 1964, la NASA y el Programa Espacial Soviético recibieron sendas cartas enviadas desde Zambia, un país que acababa de obtener su  independencia del Reino Unido y abandonado su nombre colonial, Rhodesia del Norte. Las remitía Edward Mukuka Nkoloso, Ministro de Asuntos Estelares y Director del Programa Espacial de aquel país. Como muy bien cuenta el desaparecido intelectual argentino Juan Forn, Associated Press fue invitada a comprobar cómo se entrenaba y preparaba a doce astronautas: “los ponían a rodar colina abajo en un barril vacío de combustible para que se fueran familiarizando con la falta de gravedad en el espacio, los hacía balancear de una soga a otra en las alturas para que entendieran el concepto de caída libre, los tenía horas enteras mirando por el telescopio para familiarizarse con el paisaje estelar”. Para Nkoloso lo importante no eran los detalles técnicos sino el trasfondo teórico. “Mire árbol ahí”, le decía al corresponsal de AP. “Como puedo ver árbol, puedo ir a árbol. Igual con Marte”. Al final se supo que la operación escondían dos intenciones: llamar la atención sobre una nación recién nacida y entrenar tropas para militantes de los movimientos de liberación en los países vecinos aún bajo dominio colonial: Angola, Mozambique y Rhodesia del Sur, la futura Zimbabwe.

Habrá esperar millones de años y plantar muchos bosques en todos los planetas a los que lleguemos, una plaga de idiocia necesita monos maduros menos crédulos. No conozco otra vacuna para tanto artificio, ni otra solución para tanto riesgo real.

Alberto Barciela

Periodista

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