Hay fiestas que se organizan y otras que pertenecen a un pueblo. Las Feiras Novas de Ponte de Lima forman parte de estas últimas. Cuando llegan sus días, no basta con acudir como espectador: la villa entera cambia de ritmo, las concertinas aparecen en las calles, las rusgas se prolongan hasta la madrugada, las familias recuperan sus trajes y generaciones diferentes vuelven a encontrarse alrededor de una tradición común.
Este año será diferente. Ponte de Lima celebra los 200 años de sus Feiras Novas, una efeméride que llevará a la localidad del Alto Minho a vivir seis jornadas y seis noches de celebración, del miércoles 9 al lunes 14 de septiembre.
Dos siglos después de su nacimiento oficial, la fiesta continúa conservando algunos de los elementos que explican su extraordinario arraigo: religión y celebración popular, música y folclore, mundo rural, ganado, gastronomía y, sobre todo, una participación ciudadana difícil de entender sin mezclarse con la gente.
Para los gallegos, además, se trata de una celebración casi vecina. Ponte de Lima está suficientemente cerca para convertir las Feiras Novas en una escapada al otro lado del Miño y, al mismo tiempo, descubrir una de las manifestaciones populares más genuinas del Norte portugués.
Una historia que comenzó con una petición del pueblo
Hay que regresar a 1825 para encontrar el origen de las actuales Feiras Novas.
Los vecinos de Ponte de Lima, con el respaldo de la Câmara Municipal, solicitaron entonces la autorización para celebrar tres días de feria anual, los días 19, 20 y 21 de septiembre. La petición estaba estrechamente vinculada a la promoción de la devoción y el culto a Nossa Senhora das Dores, profundamente arraigado ya en la villa.
La respuesta llegó el 5 de mayo de 1826, cuando una provisión regia autorizó aquellas jornadas.
La Irmandade de Nossa Senhora das Dores, establecida en la Igreja Matriz de Ponte de Lima, asumió la organización de los primeros festejos de aquellas ferias que eran, precisamente, las nuevas. Habían nacido las Feiras Novas.
Doscientos años después, aquel nombre continúa identificando una celebración capaz de desbordar las calles del centro histórico.
Aquí manda la tradición
La esencia de las Feiras Novas resulta difícil de encerrar en un recinto.
Su escenario es Ponte de Lima.
Durante esos días, plazas, calles y rincones del casco histórico se convierten en espacios para cantar, bailar y tocar. La concertina adquiere un protagonismo especial y las rusgas recuperan esa manera espontánea y colectiva de hacer fiesta que constituye una de las señas de identidad de la celebración.
El traje tradicional vuelve también a las calles.
No se trata únicamente de recrear una estampa del pasado. Uno de los secretos de las Feiras Novas está precisamente en que sus costumbres continúan transmitiéndose entre generaciones. Abuelos, padres, hijos y nietos participan de una celebración que mantiene su vínculo con la cultura popular del Alto Minho.
El lema podría resumirse en pocas palabras: aquí, la tradición manda y el pueblo hace la fiesta.
Las concertinas abren seis días de celebración
El bicentenario comenzará el miércoles 9 de septiembre. A las 21.30 horas tendrá lugar una Arruada de Concertinas y el encuentro de grupos de concertinas. Una hora después se producirá la apertura oficial de la iluminación, antes de que rusgas y músicos continúen la celebración durante la noche.
El jueves será el turno de las bandas de música y del Festival de Gaitas, que tendrá lugar en la Rua Cardeal Saraiva. La jornada terminará en Expolima con la After Party Ressaca das Novas.
El viernes 11 comenzará a las ocho de la mañana con la tradicional salva de morteros. La música volverá a dominar la programación con cantares al desafío, fado de Coimbra y un encuentro de tunas en el Largo de Camões.
Y entonces llegará el fin de semana, cuando las Feiras Novas mostrarán toda su dimensión popular.
El sábado, ganado, gigantones y noche de fuego
El sábado 12 será una de las jornadas más intensas.
Desde primera hora, los Zés Pereiras, gaiteiros, gigantones y cabeçudos recorrerán el Largo de Camões y las calles de Ponte de Lima. A las nueve comenzarán las actuaciones de las bandas de música y, media hora después, Expolima recuperará uno de los componentes históricos de estas fiestas: los concursos pecuarios.
Bovinos de diferentes razas, caballos y otros animales recordarán que las Feiras Novas nacieron también como feria y que Ponte de Lima mantiene una estrecha relación con el mundo rural.
Al mediodía tendrá lugar el desfile del concurso pecuario desde Expolima hasta la Alameda de São João y la Rua do Arrabalde.
Por la tarde llegará O Cavalo Garrano nas Feiras Novas, con concurso nacional y pruebas de paso trabado, antes de que a las 15.30 horas comience el Cortejo Etnográfico por el centro histórico.
La noche recuperará el espíritu más espontáneo de la celebración con rusgas y concertinas desde las 22.00 horas.
Y a las 00.30 horas, el cielo de Ponte de Lima tomará el protagonismo con la esperada Noite do Fogo.
El domingo, el gran Cortejo Histórico
El domingo 13 comenzará de nuevo con morteros, Zés Pereiras, gaiteiros, gigantones, cabeçudos y bandas de música.
A las 15.30 horas llegará uno de los actos centrales de esta edición del bicentenario: el Cortejo Histórico, concebido como una romería nocturna y diurna a través de los 200 años de Feiras Novas.
Será una oportunidad para mirar hacia aquel Ponte de Lima de 1826 y recorrer simbólicamente dos siglos de transformación de una fiesta que, pese a los cambios sociales, ha conseguido conservar una fuerte identidad popular.
La jornada continuará con una tourada en Expolima y, a partir de las 21.00 horas, con el Festival Limiano de Folclore, distribuido entre diferentes escenarios y con una amplia representación de grupos folclóricos.
Pero todavía quedará uno de los momentos más peculiares de la madrugada: a las 00.30 horas, el centro histórico acogerá el tradicional Fogo do Meio.
Nossa Senhora das Dores, donde todo comenzó
Después de varios días de celebración profana, el lunes 14 permitirá reencontrarse con el origen religioso de las Feiras Novas.
La última jornada estará dedicada a las solemnidades en honor de Nossa Senhora das Dores.
Tras la salva de morteros y las actuaciones de las bandas, la Igreja Matriz acogerá a las 10.30 horas la misa solemne.
Por la tarde, a las 16.00 horas, se celebrarán vísperas solemnes y, media hora después, comenzará la procesión en honor de Nossa Senhora das Dores por el centro histórico.
La despedida de las bandas tendrá lugar a las 19.00 horas en el Largo de Camões.
Y a las 22.00 horas, un baile y una función pública pondrán el punto final a seis días de celebración.
Una fiesta portuguesa que Galicia tiene muy cerca
Las Feiras Novas tienen un interés añadido para el público gallego. No solo por la proximidad geográfica, sino porque muchas de sus manifestaciones culturales resultan reconocibles a ambos lados del Miño.
La gaita, el folclore, las romerías, la cultura rural, la devoción religiosa, la fiesta en la calle o la importancia de la música popular hablan de un patrimonio cultural atlántico que la frontera política nunca consiguió separar por completo.
Visitar Ponte de Lima durante estos días permite comprobar semejanzas, pero también descubrir las particularidades con las que el Alto Minho ha conservado sus propias tradiciones.
Y pocas localidades ofrecen un escenario mejor.
La villa más antigua de Portugal, atravesada por el Lima y marcada por su histórico puente, aporta a las celebraciones un marco patrimonial que durante las Feiras Novas deja de ser simplemente decorado para convertirse en parte de la fiesta.
Doscientos años y la calle sigue siendo su casa
En tiempos de grandes festivales construidos alrededor de escenarios y carteles musicales, las Feiras Novas conservan una característica que explica buena parte de su personalidad: su principal protagonista continúa siendo el pueblo.
Las bandas importan. También los desfiles, el fuego, el folclore, los caballos, las concertinas y los actos religiosos. Pero la imagen que permanece es la de las calles abarrotadas, las familias reunidas y los músicos que encuentran cualquier esquina adecuada para prolongar la celebración.
La autorización regia llegó en 1826. Han transcurrido dos siglos.
Ponte de Lima ha cambiado, Portugal ha cambiado y también lo ha hecho el mundo. Pero cada septiembre, cuando vuelve a escucharse una concertina y las rusgas toman las calles, las Feiras Novas vuelven a hacer algo extraordinariamente sencillo: reunir a un pueblo alrededor de su propia memoria.
