viernes. 03.04.2026

La Semana Santa de Viveiro es mucho más que un evento religioso: es una expresión viva de identidad colectiva que el pueblo mantiene con orgullo, fervor e implicación generación tras generación. “El pueblo la vive y el pueblo la impulsa”, resumen quienes la sienten desde dentro, en una celebración que ha traspasado fronteras hasta convertirse en referente internacional.

Ese vínculo emocional se percibe especialmente en jornadas como el Jueves Santo. Para Mariña Gueimunde, esta fecha tiene un significado especial ligado a la Hermandad del Prendimiento. Lejos del protocolo institucional, participa como una cofrade más: “No presido como alcaldesa, desfilo detrás del estandarte. Hay cosas que no se pueden perder. Lo que uno lleva dentro, hay que sacarlo”. Un ejemplo de cómo la tradición se antepone a cualquier cargo, reforzando el carácter popular de la Semana Santa vivariense.

La dimensión histórica de estas celebraciones se remonta siglos atrás, en gran parte gracias a la presencia franciscana. Mari Carmen López, hermana ministra de la Tercera Orden Franciscana, explica que el origen de las procesiones responde al espíritu de “evangelizar en la calle”. Desde la llegada de los franciscanos en el siglo XIII, Viveiro ha ido construyendo un valioso patrimonio artístico y devocional, con imágenes que abarcan desde la Edad Media hasta la actualidad. Este año, además, se conmemoran efemérides destacadas como el 75 aniversario de la Hermandad de las Siete Palabras o el 50 aniversario de la Banda de tambores de Tau, nacida al amparo de la comunidad franciscana.

Pero la evolución de la Semana Santa también es social. Mari Carmen Chipe, hermana mayor de la Cofradía de mujeres de la Santa Cruz, recuerda cómo durante décadas las mujeres quedaron relegadas a un segundo plano. “Solo hacíamos tareas auxiliares”, explica. Fue en 1953 cuando nació esta hermandad femenina, inicialmente procesionando con la cruz desnuda. Con el tiempo, y gracias al impulso del párroco Antonio García Mato, incorporaron la imagen de María al pie de la Cruz, obra de Modesto Quilis, con la que hoy se sienten profundamente identificadas.

La incorporación de nuevas procesiones también refleja esa evolución. En 2010, la cofradía impulsó una procesión en Sábado Santo, dentro del carácter cronológico de la Semana Santa de Viveiro, incorporando la imagen de la Esperanza de la Resurrección, de Francisco Romero Zafra. “Despertó devoción y unción, que es lo que se espera de una imagen”, destaca Chipe.

Así, entre tradición y renovación, la Semana Santa de Viveiro sigue creciendo sin perder su esencia: una celebración donde historia, fe y comunidad caminan juntas por las calles, manteniendo vivo un legado que pertenece a todo un pueblo.

Mariña Gueimunde, alcaldesa de Viveiro: “Lo que uno lleva dentro, hay que sacarlo”
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