Sin embargo, detrás de esa imagen de sostenibilidad persiste una realidad incómoda: la exploración espacial continúa dependiendo de procesos altamente contaminantes, desde la producción industrial de hidrógeno hasta el uso masivo de materiales y combustibles fósiles.
🌍 El mito ecológico del hidrógeno líquido
El SLS, considerado el cohete más potente jamás construido por la NASA, se impulsó mediante una mezcla de más de 2,6 millones de litros de oxígeno e hidrógeno criogénicos.
Durante el lanzamiento, esta reacción genera sobre todo vapor de agua, lo que permite proyectar una imagen de tecnología limpia. Pero esa apariencia oculta una cuestión clave: la obtención industrial del hidrógeno no es, en la práctica, tan ecológica como parece.
¿Por qué?
Porque gran parte del hidrógeno utilizado a gran escala sigue produciéndose mediante reformado de gas natural, un proceso intensivo en emisiones y fuertemente dependiente de combustibles fósiles.
A ello se suma otro factor relevante: el hidrógeno líquido exige una infraestructura compleja y muy demandante en energía para su licuefacción, almacenamiento y transporte, además de presentar problemas de fugas y volatilidad, como quedó patente en los días previos a la cuenta atrás.
👉 En otras palabras: aunque el motor emita vapor de agua en el momento del despegue, el coste ambiental previo es mucho más elevado de lo que sugiere el relato institucional.
⛽ Dependencia estructural de los hidrocarburos
Más allá del tanque criogénico central, la arquitectura de la misión mostró una clara dependencia de derivados del petróleo y de la industria fósil.
Entre los principales elementos señalados destacan:
Propulsores laterales de combustible sólido
Los dos grandes boosters encargados de aportar gran parte del empuje inicial utilizaron polibutadieno como aglutinante principal, un derivado petroquímico directo.
Materiales y polímeros técnicos
La fabricación de componentes de alta resistencia, incluida parte de la cápsula Orión, depende de polímeros avanzados vinculados a la industria plástica tradicional.
Maquinaria y logística en tierra
El soporte terrestre también tuvo un fuerte coste energético. Los enormes transportadores sobre orugas y la maquinaria de ensamblaje consumieron miles de litros de gasóleo durante las operaciones previas al lanzamiento.
👉 El resultado es un sistema que, pese a la narrativa innovadora, sigue anclado a una cadena de producción y operación profundamente fósil.
⚠️ Un debate incómodo en plena crisis climática
La nueva carrera lunar reabre una pregunta de fondo:
¿puede considerarse sostenible la exploración espacial con el modelo energético actual?
En un contexto marcado por el cambio climático, la contradicción es evidente. Mientras se multiplican los llamamientos a reducir emisiones y acelerar la transición ecológica, los grandes programas espaciales continúan apoyándose en tecnologías heredadas de los paradigmas industriales del siglo XX.
La ambición científica y tecnológica choca así con una realidad material:
- producción intensiva de combustibles
- uso de petroquímicos
- logística pesada dependiente de gasóleo
- ausencia de alternativas realmente neutras en carbono
🔋 El reto pendiente del sector aeroespacial
El gran problema no es solo el lanzamiento en sí, sino todo lo que lo hace posible.
Hoy por hoy, el sector aeroespacial sigue sin disponer de alternativas plenamente descarbonizadas a gran escala. La falta de combustibles realmente neutros en emisiones y de cadenas logísticas sostenibles dibuja un escenario en el que cada misión de gran envergadura deja una huella ambiental difícil de ignorar.
Algunos expertos apuntan a futuras vías como:
- combustibles sintéticos de baja emisión
- sistemas energéticos renovables aplicados a producción y logística
- nuevos modelos de propulsión menos dependientes de hidrocarburos
Pero, por ahora, esas soluciones siguen lejos de sustituir de forma real al modelo dominante.
📌 Conclusión
El regreso a la Luna representa un hito tecnológico indiscutible, pero también obliga a mirar más allá del entusiasmo. El cohete SLS simboliza tanto la capacidad humana para explorar el espacio como las contradicciones de una industria que aún no ha resuelto su impacto ambiental.
La cuestión ya no es solo hasta dónde puede llegar la humanidad, sino a qué coste ecológico está dispuesta a hacerlo.
Fuente: papernest.es
