La poesía puede intentar explicar el mundo o, por el contrario, guardar el silencio suficiente para permitir que el lector lo descubra. En esta segunda dirección sitúa Carmelo Guillén Acosta la obra de Hugo Mujica en el estudio "Hugo Mujica o la poética de la unicidad", publicado en el número de septiembre de 2026 de la revista Omnes.
Conviene subrayar la autoría porque es Guillén Acosta quien construye el análisis, interpreta los versos y propone las claves para acercarse a una de las voces más singulares de la poesía contemporánea. La publicación identifica expresamente el trabajo con la firma "Texto Carmelo Guillén Acosta".
De Thomas Merton a Hugo Mujica
El estudio comienza estableciendo un sugerente paralelismo entre los itinerarios vitales y espirituales de Mujica y Thomas Merton. Para Guillén Acosta, ambos comparten un semejante "anhelo de trascendencia", aunque encuentra una diferencia fundamental: mientras en Merton la conversión se presenta como un proceso moral y biográfico, en Mujica ese movimiento adquiere un carácter más radical, un descenso hacia el núcleo del ser.
Desde ahí, el autor va desgranando las características que hacen reconocible la escritura del poeta argentino.
Una de ellas es la brevedad. Guillén Acosta observa una poesía condensada, formada frecuentemente por composiciones casi aforísticas y, en ocasiones, próximas al haiku. Cada palabra parece sometida a un proceso de depuración hasta quedarse con lo esencial.
Frente a esa economía de palabras aparece una curiosa paradoja: los extensos títulos de algunos de sus libros. En un río todas las lluvias, A las estrellas lo inmenso o el reciente Las hojas, la brisa y la luz danza las sombras convierten los elementos de la naturaleza en algo más que paisaje. El río, la lluvia o las estrellas adquieren dimensiones simbólicas relacionadas con la escucha, la aceptación o la orientación interior.
Una poesía que no explica, sino que sugiere
Aquí aparece una de las tesis centrales del estudio de Carmelo Guillén Acosta: el lenguaje de Mujica no pretende tanto explicar o describir como sugerir.
El poema se convierte así en un espacio de escucha. No desarrolla un razonamiento destinado a convencer al lector ni le entrega una verdad cerrada; crea las condiciones para que pueda reconocerla. Guillén Acosta llega a definir cada poema como un "umbral".
Incluso la disposición gráfica de los versos participa de esa concepción. El estudio llama la atención sobre la costumbre de Mujica de situar sus poemas en la zona inferior de las páginas, dejando sobre ellos un amplio espacio vacío, como si las palabras ascendiesen hacia él.
"En plena noche", una clave para entender su universo
Guillén Acosta se detiene especialmente en el poema En plena noche, perteneciente a Noche abierta (2004). La noche, la nieve y la lluvia dejan de funcionar únicamente como elementos del paisaje para adquirir un sentido interior: la oscuridad libera la mirada de lo accesorio, mientras la transparencia de la nieve y la lluvia apunta hacia una claridad que se revela sin imponerse.
El estudio encuentra en los versos finales del poema una síntesis especialmente poderosa de la poética de Mujica: el ciego no busca con su bastón el camino, sino la luz. Desde esa imagen, Guillén Acosta interpreta la poesía como una invitación a percibir la realidad más allá de aquello que resulta inmediatamente visible.
La aspiración al poema imposible
Otro momento significativo del análisis llega con Confesión, texto inicial de Y siempre después el viento. Mujica plantea allí el anhelo de alcanzar un poema capaz de ser leído en voz alta sin que nada se oiga.
Guillén Acosta encuentra en esa aparente contradicción una aspiración a superar la propia materialidad de las palabras. El lenguaje deja de querer apropiarse de la realidad para convertirse en apertura: no impone una interpretación, sino que crea las condiciones para que algo pueda revelarse.
Esa mirada se extiende también a la condición humana. En uno de los poemas del último libro de Mujica, la figura del ciego pasa de ser individual a convertirse, según el análisis, en una imagen compartida de nuestra fragilidad: seres que avanzan a tientas y necesitan la mirada y los vínculos con los demás para orientarse.
Carmelo Guillén Acosta: leer a Mujica desde la escucha
La aportación de Carmelo Guillén Acosta no consiste, por tanto, únicamente en presentar al poeta o reseñar su último libro. Su estudio propone una interpretación global de su escritura desde lo que denomina una "poética de la unicidad".
Mujica, nacido en Buenos Aires en 1942, es poeta, sacerdote y ensayista. Tras vivir en Estados Unidos y entrar en contacto con la contracultura y el pensamiento oriental, emprendió un itinerario espiritual que lo llevó a la vida monástica trapense. Ha publicado más de treinta libros y ha recibido, entre otros reconocimientos, el Premio Casa de América de Poesía Americana y el Premio Loewe de Poesía.
A sus 83 años, la concesión de este último galardón por Las hojas, la brisa y la luz danza las sombras confirma la vigencia de una trayectoria construida alrededor de una concepción muy particular de la palabra.
Y es precisamente ahí donde Guillén Acosta sitúa la fuerza de Hugo Mujica: frente a la palabra utilizada para controlar o explicar, su poesía recupera la palabra como apertura y escucha. Comprender, concluye el estudio, no significa necesariamente dominar la realidad, sino aprender a escucharla hasta que algo comience a revelarse.
