Cangas volvió este lunes a reconocerse en el mar. Los jardines de Benigno Soage, la popular Alameda Vella, reunieron a numerosos vecinos, familiares, autoridades y representantes del mundo marítimo en la primera edición del Homenaje a la Gente del Mar, una iniciativa de la Cofradía de la Misericordia-Gremio de Mareantes nacida para preservar la memoria de quienes hicieron del mar su trabajo, su sustento y, en muchos casos, su forma de entender la vida.
El primer nombre elegido para representar esa memoria colectiva fue el de Carlos Hermelo García, marinero, patrón de pesca y antiguo presidente de la Cofradía. Su trayectoria resume buena parte de la historia marítima de varias generaciones de Cangas: nació en una familia marinera, comenzó en la pesca de bajura junto a su padre, pasó posteriormente a la pesca de altura y continuó formándose hasta alcanzar la categoría de patrón.
A esa experiencia profesional sumó una prolongada dedicación a la Cofradía de la Misericordia-Gremio de Mareantes, institución que presidió durante más de dos décadas y desde la que puso sus conocimientos y experiencia al servicio del colectivo marinero.
Pero el homenaje no quiso quedarse en una biografía. Carlos Hermelo fue el nombre propio escogido para representar a muchos otros nombres, hombres y mujeres que durante décadas construyeron alrededor del mar buena parte de la economía, la sociedad y la identidad de Cangas.
Y esa historia tampoco se escribió únicamente a bordo de los barcos.
La organización quiso poner en primer plano a quienes permanecían en tierra durante las largas ausencias de los marineros. De ahí el reconocimiento especial a Dolores Fernández, esposa de Hermelo, como símbolo de tantas mujeres que sostuvieron hogares y familias mientras sus maridos permanecían embarcados.
Uno de los momentos más emotivos llegó precisamente cuando Carlos Hermelo recibió el reconocimiento. El homenajeado quiso compartirlo con su «compañera de fatigas», Dolores Fernández, «a la que tanto le debo en esta vida», y con los compañeros con los que navegó durante su trayectoria profesional. También recordó a su familia, a su «otra familia marinera» y a quienes perdieron la vida en el mar o ya han fallecido.
Mucho más que los hombres embarcados
Hermelo aprovechó su intervención para ampliar el foco sobre lo que significa realmente hablar de la gente del mar. Junto a los marineros recordó a rederas, mariscadoras, perceberos, trabajadoras de las conserveras, carpinteros de ribera, mecánicos, pescantinas, estibadores y profesionales de Salvamento Marítimo, entre otros muchos oficios que forman parte del ecosistema marítimo de Cangas.
La jornada combinó memoria y reconocimiento con la cultura tradicional gallega. La Asociación Cultural María Soliño de Cangas acompañó musicalmente la celebración, mientras el poeta cangués Amable Santos puso palabras al sentimiento marinero con poemas dedicados al mar, a la Virgen del Carmen y a la vida de marineros y marineras.
La Virgen del Carmen tuvo igualmente un lugar destacado como símbolo profundamente arraigado entre las gentes del mar y como referencia de protección, esperanza y recuerdo para generaciones de familias marineras.
Un homenaje que nace con vocación de continuidad
La numerosa presencia de público en la Alameda Vella confirmó hasta qué punto esa identidad continúa viva. La Cofradía plantea esta iniciativa con vocación colectiva y de continuidad: cada persona distinguida será, en realidad, el rostro visible de muchas otras que hicieron del mar su vida sin recibir nunca un reconocimiento público.
La primera edición dejó así una imagen cargada de significado: una villa reunida para mirar a su pasado marinero, agradecer el esfuerzo de quienes lo protagonizaron y transmitir esa memoria a las nuevas generaciones.
Porque, en Cangas, hablar del mar sigue siendo hablar de sus raíces.
