Hay fiestas que se visitan y otras que se viven alrededor de una mesa. La Festa do Viño do Condado do Tea pertenece claramente a las segundas.
Basta entrar estos días en el recinto amurallado de Salvaterra de Miño para comprenderlo. Bajo una gran carpa abierta, las copas van y vienen, las botellas pasan de los mostradores a las mesas y los productos de la tierra y del mar buscan compañero entre los albariños, Condados y espumosos. De fondo, música en directo. Y alrededor, conversaciones que se alargan más de lo previsto.
Este domingo, la fiesta alcanza su jornada grande y ofrece probablemente el mejor día para quienes todavía estén pensando si acercarse o no hasta Salvaterra.
Una mesa enorme dentro de la muralla
Este año son 29 bodegas de la DO Rías Baixas las que muestran sus vinos en una edición que ha vuelto a convertir el histórico recinto en un gran escaparate del Condado do Tea.
La fórmula parece sencilla y quizá ahí resida parte de su éxito: elegir un vino, buscar algo para acompañarlo y sentarse a disfrutar. Las numerosas mesas distribuidas por el recinto invitan al picoteo y a compartir botella mientras continúa la música.
El tiempo, además, está poniendo de su parte. Sin los fuertes calores de otras ediciones y con algo más de humedad, la temperatura ha permitido disfrutar con comodidad de las primeras jornadas. Y las mesas llenas y el movimiento constante ante los puestos de comida y las bodegas demuestran que el público ha respondido.
El viernes por la tarde, la alcaldesa de Salvaterra, Marta Valcárcel, inauguró oficialmente la fiesta acompañada por representantes de la Xunta, la DO Rías Baixas, bodegueros y responsables políticos del vecino municipio portugués de Monção.
El recorrido institucional terminó convirtiéndose casi en una primera toma de contacto con la cosecha líquida de la fiesta. De puesto en puesto, los invitados pudieron conocer las bodegas y descubrir las particularidades de los albariños y Condados que se elaboran en esta subzona.
Hubo incluso un elemento inesperado que despertó curiosidad al otro lado del Miño: la enorme cúpula de la carpa circular, abierta en buena parte de su perímetro. A los representantes portugueses les gustó tanto la solución que terminaron interesándose por su coste y características.
Bajo tierra también se bebe vino
Pero la Festa do Viño no termina en los puestos instalados al aire libre. Una parte de la experiencia discurre bajo tierra.
La comitiva descendió a las Cuevas de Dona Urraca, donde se encuentra el Museo de la Ciencia del Vino. Entrada ya la tarde, el espacio estaba lleno de jóvenes que habían abonado los 15 euros de acceso al Túnel del Vino.
Allí la fiesta cambia de ritmo. Se prueba, se compara y se habla de vino. Tranquilos y espumosos del Condado do Tea van pasando por las copas en un ambiente que demuestra algo interesante: el vino de la comarca también está encontrando público entre las nuevas generaciones.
La siguiente parada fue la Casa do Conde o Casa do Viño, donde se desarrollaba una cata de vinos de la cooperativa arbense Eidosela. Valcárcel mostró a sus invitados las instalaciones, incluida la cocina, antes de terminar la jornada compartiendo mesa en el patio del recinto.
Una vendimia que este año llegó antes que la fiesta
Hay además una circunstancia singular en esta edición. Tradicionalmente, la Festa do Viño funciona casi como el gran prólogo social de la vendimia. Primero se celebra y después llega el momento de entrar en las viñas.
Este año el calendario natural ha roto la costumbre.
La vendimia comenzó aproximadamente quince días antes de la fiesta, una situación poco habitual que ha obligado a las bodegas a compatibilizar uno de los momentos de mayor trabajo del año con su presencia en Salvaterra.
Y no han fallado.
Porque estar en esta fiesta significa también encontrarse cara a cara con quienes después buscan esos vinos en restaurantes, vinotecas o supermercados.
El domingo sabremos cuáles son los mejores
Uno de los momentos más esperados llegará este domingo con la proclamación de los Deliciosos del Año, los vinos reconocidos como los mejores de la edición.
Un panel de cata ha evaluado a ciegas las muestras presentadas por las bodegas participantes y durante la jornada dominical se conocerá el veredicto y se entregarán los premios.
Para las bodegas supone mucho más que subir a recoger un reconocimiento. En una comarca donde la viticultura gana peso económico y prestigio, obtener uno de estos galardones constituye una buena tarjeta de presentación para el resto de la campaña.
Pero antes de los premios habrá que cumplir con uno de los grandes rituales de la jornada.
«Xuras defender os nosos viños alá onde esteas?»
El domingo de la Festa do Viño tiene algo de ceremonia, algo de teatro y mucho de tradición.
El Salón de Plenos de la Casa do Concello acogerá el Capítulo General de la Confraría do Viño do Condado do Tea e Espumosos, con la investidura de nuevos miembros.
No basta con ponerse la capa.
Los aspirantes deberán responder ante el Gran Mestre al juramento que los compromete con los vinos de esta tierra:
«Xuras polo noso patrón San Lourenzo loitar e defender os nosos viños alá onde esteas?»
Tras la respuesta afirmativa llegará la sentencia, tan solemne como cargada de humor:
«Se así o fas, que Deus che dea longa vida e sede para desfrutar. E se non, sexas condenado aos tristes eidos dos abstemios».
Pocas cofradías podrían imaginar castigo más apropiado.
El pregonero será investido cofrade de honra, mientras los restantes nuevos integrantes lo harán como cofrades de número.
Una serpiente multicolor camino del vino
Después llegará uno de los momentos más fotogénicos de la jornada.
Las cofradías invitadas, procedentes de diferentes lugares de Pontevedra, Galicia y otros puntos de España, intercambiarán obsequios con la anfitriona. Después posarán para la tradicional fotografía en las escaleras de la Casa do Concello.
Y entonces comenzará el desfile.
Una banda de gaitas abrirá el camino y tras ella avanzarán las distintas cofradías con sus capas, insignias, medallas y vistosos atuendos ceremoniales. Una auténtica serpiente multicolor atravesará Salvaterra en dirección al recinto amurallado.
Allí espera el público.
La llegada suele convertirse en uno de esos momentos que explican mejor la fiesta que cualquier programa oficial: gaitas, aplausos, colores y cientos de personas aguardando la entrada de las cofradías.
Una vez dentro, cada grupo buscará su sitio frente al escenario para asistir al pregón y a los actos centrales.
Después habrá tiempo para que cofrades anfitriones e invitados compartan un refrigerio y prueben diferentes albariños y Condados antes del tradicional almuerzo de confraternización en la Casa do Viño, una comida con invitación que cada año despierta mayor interés entre representantes municipales, autoridades y miembros de las distintas hermandades.
Una tarde para perder el reloj
Terminados los actos protocolarios, llega quizá la mejor parte para el visitante: la tarde queda abierta.
Se puede regresar a las bodegas que más hayan llamado la atención, probar alguno de los vinos premiados, buscar algo que comer, escuchar música, recorrer el recinto histórico o simplemente encontrar una mesa y dejar pasar las horas.
Quienes llegan desde lejos comenzarán poco a poco el viaje de regreso. Otros apurarán la jornada.
Porque esta fiesta tiene también algo de peregrinación anual para los aficionados al vino. Muchos regresan cada edición, prueban nuevas añadas, vuelven a encontrarse con bodegueros conocidos y se llevan alguna botella a casa.
Y detrás del ambiente festivo existe una realidad económica cada vez más importante. El vino se ha convertido en una de las grandes industrias agrícolas de Salvaterra y del Condado do Tea, un territorio donde el viñedo gana valor y despierta incluso el interés de grupos bodegueros de otros lugares de España que buscan hacerse con uva o viñas para incorporar un blanco gallego a sus catálogos.
Pero todo eso puede esperar al lunes.
Este domingo Salvaterra propone un plan mucho más sencillo: acercarse hasta la muralla, coger una copa, elegir vino y comida, contemplar el desfile de las cofradías y brindar por una comarca que ha hecho de la viña una de sus mejores formas de presentarse al mundo.

