España, dos estrellas

ChatGPT Image 20 jul 2026, 12_59_17
España ya está inventada, y Luis de la Fuente, Rafa Louzán y ese equipo que sucedió al de Del Bosque nos ha elevado al cielo de las estrellas plurales, camino de una constelación.

Este país es imposible inventarlo. Ni Azcona con sus guiones, ni Berlanga con sus corrosivas estampas de lo cotidiano, ni Picasso con sus trazos fragmentados, ni Dalí con sus deformados dibujos, ni Valle con sus esperpentos, ni Carandell con sus anécdotas, ni los disparates de Goya, ni siquiera Fernando Ónega con sus cartas... España se supera, nos supera en lo individual para convertirse en Campeona del Mundo de fútbol, regateando a las estadísticas, a la FIFA y al propio Trump.

 

España tuvo la suerte de Velázquez, de Zurbarán, de Murillo, de Goya, de Picasso. La de las meninas y curas falderos, donjuanes y celestinas, y también de ambiciones contables. La cálida tierra de poetas, como Lorca, Hernández, Bécquer, los Machado, Cernuda, Valente o Hierro. De las locas hazañas se encargó Cervantes, con lugar sin nombre ni mancha, manco como Ramón María del Valle-Inclán, esperpento carlista desvelado. De los sueños se carcajeó Quevedo y los cantó Calderón. Literatura para un país de valientes gobernados por un militar reducido, un soldado de los generales y gallegos, crecido bajo palio, omnipotente, enredado en collares y arrimado de sayas. Somos San Juan de la Cruz, Unamuno, Ortega y Gasset, Madariaga, Severo Ochoa y tantos otros. Somos rosario de zambranos, un poco burros por Platero, rosas corregidas hasta la saciedad por Juan Ramón Jiménez, zenobias somos de saberes enaltecidos con Vicente Risco hasta las estrellas de Tagore.

 

Cuánta Historia, grande, mayúscula como los errores, audaz, incandescente, usurpadora, pero enorme. Cuántos tesoros conquistamos para los banqueros alemanes e italianos, los piratas ingleses, los soldados franceses o los comerciantes holandeses. Cuánta cultura desparramada de eñes hemos regalado al mundo. Somos de la estirpe de los pueblos nómadas, vinimos de la fábrica genética africana, que casi besamos con nuestro Gibraltar inglés ya sin valla. A América nos vinculan el Atlántico y la sangre, roja hermana, el saber de mares portugués, la suerte de saber gritar tierra al otear una especie de China prolongada. Al otro lado, desde siempre, el Mediterráneo fenicio, griego, romano. Entre los unos y los otros, nos sometimos al romano, le ganamos al turco, convertimos a indígenas, nos venció el inglés y la tormenta, expulsamos a judíos y vencimos a los franceses. Tenemos que rehistoriarnos para no dejar que otros inventen por nosotros lo que ya sabíamos, para decirnos europeos de facto. Para pedir perdón si fuere preciso, pero para reivindicarnos en las universidades americanas que fundamos. Un crisol donde la sangre no se mancha, sino que se enriquece. 

 

Todo parece toro, o paella, o pasodoble, o bajo el sol, o superados todopoderosos señores y caciques con derecho de pernada. Charanga, pandereta y tópicos. España aloque, lúcida mezcla indisoluble, diversión enmarcada sobre fondo azul, donde un clavel es una rosa despeinada. España de verbena de Maruja Mallo, roja y moderna; cardenales rojos; marquesas rojas, nunca coloradas; sangre y arena. No queremos más la España negra, herida de guerras hechas para novelar dolores de hermanos. Una España Lorca, enterrada de sí misma en una cuneta eterna. No queremos guerras, tampoco olvidar los errores, sí perdonarnos a nosotros mismos, abrazar la cicatriz sin reabrir la herida. Machistas y maltratadores al calabozo; que impere la tolerancia, la evolución y las leyes de defensa. Algún día seremos libres de corruptos, tan libres como lo fuimos en Cádiz, en 1812, o nos descubriremos a nosotros mismos en taparrabos en Atapuerca para recomenzar a sabernos españoles y humanos. 

 

En qué manera esfuerzos para labrar tierras, avanzar mares, y gozar de cereales, vinos y pescados para degustar. Un español bebe la vida, la festeja en la vianda y la rebaña con pan, mientras la Historia se ahoga en los humos de La Habana añorada. Nos salvan la inteligencia, la intuición, la picaresca, la alegría, los faroles; nos visten en arruga bella de los Domínguez, Inditex, Desigual, Roberto Verino... Zara, Amancio bendito, Ortega del corte español. Bimbas y Lolas, escaparates de la España mejor y posible.

 

España, lotera y aquinielada, un país ahíto de fútbol, baraja y pan. Ciudadanos seguidores de santanas, ángeles nietos, ocañas, induraines, nadales, gasoles, alonsos, iniestas o ferranes. Tierra que hoy se eleva aún más alto con la garra exultante de campeones individuales hasta que se pudo beber en la Copa del Mundo, por fin un equipo, La Roja, tres veces ya, dos la masculina y uno la femenina. El que resiste, como Cela, gana el Nobel, al parchís y una marina, nos da igual vencer en un mundial en Sudafrica, en Australia, Nueva Zelanda o EEUU, Canáda o México, al mus, o al tute.

 

Vengan hijos de San Luis, vengan moros por el Camino de Santiago. Vengan molinos o vientos, incluidas las tramontanas de Pla. Unidas las disensiones, nos venceremos de nuevo a nosotros mismos; al menos en orgullo somos valientes, y ahora modernos, universitarios por el mundo y románticos empedernidos. Felicidad tragicómica la nuestra. Un país de zarzuela y maravillosas voces como la de Alfredo Kraus, Domingo o Carreras, enmarcados a lo grande, a lo Caballé, a lo Arteta. Escaparate poliédrico donde resuena eternamente la elegancia seductora de un Julio Iglesias que enamoró continentes enteros, y donde la pantalla grande se desgarra con la intensidad actoral de un Javier Bardem o de un Antonio Banderas.

 

He dicho lo que he dicho y si no cabe todo ni todos, al menos se intuye la bandera. Seamos españoles y normales, lo primero es de honor. El resto es humor de Mingote o de Gila, o de Tip, del que ayuda a vivir con Guernica en paz y nos retrata en El Quijote. ¡Olé y Viva España! Roja o gualda, monárquica o republicana, sangre y arena. España ya está inventada, y Luis de la Fuente, Rafa Louzán y ese equipo que sucedió al de Del Bosque nos ha elevado al cielo de las estrellas plurales, camino de una constelación.

 

Y si el Papa vuelve, que vuelva, a Santiago de Compostela y ¡cierra, España! El milagro está hecho. Maravillosa, España. Vale.