Padroso recupera la 'Escavada da Batata', una tradición rural que Galicia también puede mirar

Ilustración DL-G.
La parroquia de Padroso, en Arcos de Valdevez, volverá el 5 de septiembre a sacar las patatas como se hacía antiguamente, convirtiendo una faena agrícola en una jornada comunitaria para conservar la memoria rural. Una iniciativa sencilla que, al otro lado del Miño, ofrece también pistas para recuperar en Galicia trabajos tradicionales que corren el riesgo de desaparecer.

Mientras buena parte del mundo rural busca fórmulas para mantener vivas sus aldeas y transmitir su patrimonio a las nuevas generaciones, Padroso ha decidido volver a la tierra, literalmente. Esta parroquia de Arcos de Valdevez recuperará el próximo sábado, 5 de septiembre, la tradicional «Escavada da Batata», una antigua faena agrícola ligada a la recogida de la patata.

La cita comenzará a las 8.30 horas en el Largo das Lamosas y estará abierta a toda la comunidad. Más allá del trabajo agrícola, la propuesta busca rescatar una parte de la memoria colectiva de las poblaciones rurales y devolver protagonismo a unas labores que durante generaciones marcaron el calendario, la economía doméstica y las relaciones sociales de las aldeas.

La iniciativa está promovida por la Câmara Municipal y la Cooperativa Agrícola de Arcos de Valdevez e Ponte da Barca, en colaboración con la Junta de Freguesia de Padroso y la Associação Amigos da Terra de Padroso. Su objetivo es recuperar y dinamizar prácticas agrícolas ancestrales y, al mismo tiempo, reforzar la valoración del mundo rural, la sostenibilidad y la conservación de las tradiciones agrícolas locales.

Mucho más que sacar patatas

La importancia de iniciativas como esta reside precisamente en transformar una antigua tarea cotidiana en patrimonio vivo. La «escavada» recuerda una época en la que buena parte de las labores agrícolas necesitaban muchas manos y acababan convirtiéndose también en espacios de convivencia entre familiares y vecinos.

Recuperarlas hoy permite que quienes las conocieron puedan transmitirlas y que las generaciones más jóvenes descubran cómo se trabajaba la tierra antes de que la mecanización modificase profundamente la agricultura.

Y ahí la experiencia portuguesa resulta especialmente interesante vista desde Galicia.

A uno y otro lado del Miño existe un patrimonio rural compartido construido alrededor de las cosechas, las vendimias, las mallas, las matanzas, los molinos, los trabajos comunales y numerosas labores agrícolas que fueron durante siglos mucho más que una actividad económica. Eran también lugares de encuentro y mecanismos de cohesión de las comunidades.

Una idea que puede inspirar a Galicia

Convertir esos trabajos tradicionales en pequeñas celebraciones comunitarias puede ser una vía para preservar la memoria de las aldeas sin convertirlas en un museo.

No se trata solamente de representar cómo trabajaban nuestros abuelos. Se trata de reunir nuevamente a los vecinos alrededor de una actividad vinculada al territorio, hacer partícipes a niños y jóvenes y conseguir que quienes todavía conservan esos conocimientos puedan transmitirlos antes de que desaparezcan.

En ese sentido, Padroso ofrece un ejemplo fácilmente trasladable a numerosas aldeas gallegas: recuperar una labor agrícola, documentarla, reunir alrededor de ella a los mayores y a las nuevas generaciones y convertir la tradición en una experiencia colectiva.

Puede parecer algo tan sencillo como volver a sacar patatas de la tierra. Pero detrás de una azada, un campo y un grupo de vecinos trabajando juntos puede conservarse una parte importante de la memoria de un pueblo.

Padroso lo hará este sábado.

Y quizá, mirando hacia el otro lado del Miño, Galicia pueda encontrar también una manera de recuperar algunos de los trabajos que ayudaron a construir su propia identidad rural.