La cocinera que convirtió una aldea de montaña en destino gastronómico
A Manuela Imperadeiro dos Santos no le gusta presumir. Se define simplemente como una cocinera aficionada, una "amadora". Sin embargo, quienes han probado sus platos en Tasquinha das Delícias saben que detrás de esa modestia se esconde una de las experiencias gastronómicas más auténticas del Alto Minho portugués.
La cocina de Manuela comenzó mucho antes de abrir su restaurante. Nació en casa, junto a su madre, entre ollas, guisos y responsabilidades tempranas. "Siempre, desde pequeña, me gustó cocinar", recuerda. Era la segunda de cinco hermanos y la mayor de las niñas. Con apenas ocho años ya ayudaba a cuidar de sus hermanas y a desenvolverse entre los fogones.
"La cocina tiene algo de ingrato... No es solo cocinar; luego hay que limpiar", comenta entre risas mientras supervisa el trabajo diario en su establecimiento.
Esa dedicación se percibe en cada plato que sale de la cocina. En Tasquinha das Delícias no existen atajos. Todo se prepara en el día, con productos de temporada y de proximidad. Por eso, a veces, los clientes deben esperar unos minutos más de lo habitual. Nadie parece quejarse.
"Quien viene aquí busca comida casera de verdad", explica Manuela.
Y los clientes llegan expresamente para ello. La mayoría proceden de Oporto, Guimarães y otras ciudades portuguesas. También cada vez son más los gallegos que cruzan la frontera para sentarse a su mesa. No es casualidad que el restaurante mantenga una valoración de 4,9 sobre 5 en Google.
Una cocina que sabe a territorio
La carta cambia constantemente. Los viernes por la noche, sábados y domingos, cuando abre el restaurante, los menús rotan para respetar la temporalidad y evitar repeticiones.
Entre los platos más demandados destacan la Posta Barrosã, el cabrito de la Serra Amarela cocinado en horno de leña y el célebre arroz de feijão acompañado de pataniscas y verduras de la huerta.
Pero la lista de especialidades continúa. Arroz de sarrabulho, arroz de cabidela, cocido a la portuguesa con sus carnes y embutidos ahumados, jabalí estofado o diferentes elaboraciones de bacalao forman parte de una oferta que reivindica la cocina tradicional portuguesa.
"Los españoles suelen pedir mucho bacalao porque aquí se cocina de una forma completamente diferente", asegura.
Bacalhau ao lagareiro con patata a murro, bacalao al horno con cebolla caramelizada o bacalhau de broa son algunas de las recetas que conquistan a quienes cruzan la puerta de la Tasquinha.
La clave está en la materia prima. Manuela cura y ahúma sus propias carnes, elabora mermeladas artesanales y trabaja con productos propios o adquiridos a pequeños productores de la comarca.
Los postres tampoco escapan a esta filosofía. Las rabanadas, que ella misma define como "top", son uno de los broches favoritos para los comensales.
Donde los clientes entran en la cocina
Hay algo que distingue a Tasquinha das Delícias de la mayoría de restaurantes.
Aquí la cocina casi no tiene puertas.
"Nuestra cocina es prácticamente pública", explica Manuela sonriendo.
Los clientes suelen acercarse hasta los fogones para agradecer la comida y felicitar al equipo. Muchos elogian especialmente el arroz de feijão con pataniscas y verduras.
"Nos dicen que nunca han comido uno igual", comenta.
Las alabanzas llegan de visitantes anónimos, pero también de algunas personalidades conocidas. Entre los clientes que han pasado por la Tasquinha figuran el presidente de la Assembleia da República de Portugal, José Pedro Aguiar-Branco, almirantes de la Armada portuguesa y diversas figuras del mundo de la cultura y la interpretación.
"Nunca hablamos de ello porque las personas vienen aquí para estar tranquilas", señala.
Una casa restaurada con alma
El restaurante abrió hace apenas tres años, aunque el proyecto familiar venía de lejos. Antes ya elaboraban productos de fumeiro y ofrecían servicios de catering.
Hoy ocupan una casa tradicional restaurada con esmero, donde destaca un horno de leña situado en la planta superior y unas magníficas vistas sobre la aldea de Parada.
Con solo 38 plazas, Manuela no tiene intención de crecer.
"Queremos mantener la calidad, no la cantidad", afirma.
La falta de grandes espacios de aparcamiento y el difícil acceso propio de una aldea de montaña han reforzado esa filosofía. El objetivo es conservar la esencia que ha convertido el restaurante en un lugar especial.
Mucho más que una comida
Visitar Tasquinha das Delícias es también una excusa perfecta para descubrir uno de los rincones más bellos del norte de Portugal.
Parada es una pequeña aldea cuidada con mimo por sus habitantes, rodeada por los paisajes del Parque Nacional Peneda-Gerês, el único parque nacional portugués.
A apenas dos kilómetros se encuentra el castillo de Lindoso y el impresionante conjunto de 67 espigueiros —hórreos tradicionales— considerado la mayor concentración de la Península Ibérica. Desde allí se contemplan además espectaculares vistas sobre el embalse de Lindoso y la frontera con la provincia de Ourense.
Para quienes decidan prolongar la experiencia existen varias opciones de turismo rural, entre ellas la Casa da Feixa, gestionada por una hermana de Manuela.
Roberto Ledo, tras la entrevista.
Al final, la sensación que queda tras una visita a Tasquinha das Delícias va más allá de la gastronomía. Es la impresión de haber descubierto una casa abierta donde la tradición sigue viva, donde los sabores tienen memoria y donde la hospitalidad continúa siendo un ingrediente imprescindible.