martes. 02.06.2026

Las malas hierbas son uno de los principales quebraderos de cabeza para particulares, empresas y administraciones encargadas del mantenimiento de jardines y espacios verdes. Su proliferación no solo afea el aspecto de las zonas ajardinadas, sino que obliga a realizar continuas labores de desbroce y limpieza, incrementando notablemente los costes de conservación.

Hasta ahora, las soluciones más habituales pasaban por cubrir el terreno con guijarros blancos sobre malla antihierbas o con corteza de pino. Sin embargo, esta última presenta un inconveniente importante: al tratarse de un material orgánico, con el paso del tiempo se descompone y acaba convirtiéndose en sustrato, favoreciendo el crecimiento de nuevas hierbas y obligando a realizar reposiciones periódicas.

Con el objetivo de ofrecer una alternativa más eficaz y sostenible, la empresa gallega Ecocelta, bajo el lema “Naturaleza en equilibrio”, ha puesto a disposición del sector de la jardinería un acolchado técnico natural denominado Agromulch, elaborado a partir de conchas recicladas procedentes de la industria conservera.

La bióloga de Ecocelta, Bárbara Álvarez, explica que “el Agromulch es un acolchado técnico natural elaborado a partir de aragonito natural y materia orgánica compostada, diseñado específicamente para las condiciones de los suelos ácidos gallegos”.

La iniciativa surgió a raíz de las consultas de clientes que buscaban un sustituto para la corteza de pino. “Nos preguntaban si teníamos alguna alternativa para sus jardines y empezamos a trabajar con este material calcáreo procedente de las conchas de la industria conservera”, señala Álvarez.

Antes de su comercialización, las conchas son sometidas a un proceso de higienización que garantiza su seguridad y calidad. El resultado es un producto de color blanco que aporta una elevada capacidad ornamental y que presenta importantes ventajas agronómicas.

Además de impedir la implantación de malas hierbas cuando se aplica con el espesor adecuado, el acolchado libera calcio de forma progresiva, ayudando a corregir la acidez característica de muchos suelos gallegos. También favorece la conservación de la humedad y reduce significativamente las necesidades de mantenimiento. “Al tener muy poca materia orgánica, el mantenimiento es muy bajo y además ayuda a retener la humedad del suelo”, destaca la especialista.

Otra de las propiedades que más ha llamado la atención entre los usuarios es su aparente efecto repelente sobre los topos. “Nos lo han comentado varios clientes que lo utilizan. Las conchas presentan aristas y bordes cortantes que resultan molestos para estos animales, por lo que tienden a evitar las zonas cubiertas con el acolchado”, explica Bárbara Álvarez.

Para obtener los mejores resultados, Ecocelta recomienda aplicar una capa superficial de unos diez centímetros de espesor, una vez eliminadas previamente las hierbas indeseadas y la maleza existente. Con esta cobertura se consigue una barrera eficaz frente a nuevas germinaciones.

El Agromulch se comercializa en formato de ‘big bag’ de 1.000 litros, con un precio aproximado de 50 euros. Cada saco permite cubrir alrededor de 10 metros cuadrados aplicando el espesor recomendado.

La eficacia y el atractivo estético de este acolchado natural ya pueden observarse en diversos espacios públicos de Ponteareas. Entre ellos destacan las zonas ajardinadas de la calle Trovador García, el entorno del Instituto Val do Tea y el parque de Pedra da Auga, donde este producto contribuye a mantener los espacios verdes en mejores condiciones con un menor esfuerzo de conservación.

La apuesta de Ecocelta representa además un ejemplo de economía circular, al dar una segunda vida a residuos procedentes de la industria conservera y transformarlos en una solución práctica para la jardinería sostenible.

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