viernes. 19.04.2024

Desde que se decretó el estado de alarma en nuestro país la actividad de la

restauración se ha visto frenada en seco. Bares y restaurantes cerraron sus

puertas, algunos no saben si las volverán a abrir, otros se mantienen activos

gracias al servicio de comida a domicilio y al  take away. El GALP Ría de

Pontevedra, preocupado por el alcance que esta situación está teniendo sobre el

tejido socioeconómico del área de la ría quiso conocer las estrategias que,

desde la restauración, están o bien implementado o bien potenciando para hacer

frente a esta crisis.

El sector de la hostelería es uno de los pilares de la economía española, representa el 6,2% del PIB del país, emplea directamente a 1,7 millones de personas y factura cerca de 125 mil millones de euros al año. Está distribuido por todo el territorio y, en ciertas comunidades autónomas y ciudades, está muy ligado al turismo, otro de los motores económicos nacionales. Los hogares españoles destinan un 15% de su renta al consumo en bares y restaurantes, un porcentaje que dobla el promedio de la UE, según el Eurostat. A pesar de su importancia se trata de un sector frágil ante los imprevistos y vulnerable en exceso a los ciclos y flutuaciones económicas. Los restaurantes intentaron paliar el efecto negativo de las medidas de confinamiento con medidas de austeridad: ahorro de los gastos generales fijos, adelanto de las vacaciones del personal, ajustes en el stock. Con todo, muchos negocios pusieron en marcha ERTEs. En este momento, con excepción de las entregas a domicilio y la recogida en punto de venta, hay un cese casi total de la actividad y, en consecuencia, de la generación de ingresos.

Daniel Martínez, gerente del restaurante asador Entrebrasas de Bueu, cuenta que antes de la crisis sanitaria en su equipo eran más de una docena de personas pero ahora “nos vimos en la obligación de mandar al ERTE a seis personas”. No fueron los únicos que tuvieron que pasar por ese trago, la bueuense Ana Nantes de Casa Quintela tuvo que hacer un ERTE a sus tres empleados “para poder sobrellevar esto un poco”. Para Juan Castiñeiras, que regenta el restaurante O Bioco en la zona monumental de Pontevedra, este revés económico supone un duro golpe en un negocio que “estaba trabajando bastante bien, creciendo casi un 30% anual”, explica.

Así y todo, la crisis del coronavirus no los detuvo. Con plantillas

reducidas, siguen trabajando, aunque poco, dando servicio a domicilio y

preparando comida para llevar. No solo siguen atendiendo a sus clientes sino

que además contribuyen a mantener las medidas de confinamiento en los hogares.

“Cuando esto empezó la gente era un poco reacia a solicitar el servicio a

domicilio supongo que por precaución pero después de tanto tiempo sin poder

hacer nada buscan una alternativa, algo para romper lana rutina, y ahora

estamos viendo más movimiento en él reparto a domicilio”, señala Martínez. En

el Entrebrasas el servicio a domicilio siempre fue una práctica complementaria

de un negocio basado en la atención y recepción de clientes en el local, ahora

subsisten gracias a ella. De cara al futuro, el gerente augura que el reparto a

domicilio saldrá fortalecido y que les servirá “para buscar alternativas a lo

que pueda  llegar en el futuro”. Es más, gracias a este servicio acaban de

ampliar su zona de reparto “porque la gente empezó a preguntar y vimos que lo

agradecían  mucho”, el paso natural era mantener esa impresión positiva y

“aprovechar este servicio para que nos conozcan en  otras zonas”.

Reparto del restaurante asador Entrebrasas de Bueu.

Casa Quintela estuvo cerrada hasta el 13 de abril, reabrió porque varios clientes habituales preguntaron por el servicio de comida para llevar. “Hace poco que empezamos y no hay mucho movimiento”, cuenta Ana. Cuando comenzó el confinamiento cerró el negocio porque “no pensaba que iba a ser tanto tiempo”. Fue precisamente esa incertidumbre la que propició la reapertura porque “está bien tener algo de ingresos, ya no por los gastos del restaurante sino por nosotros mismos, tenemos que comer, no tenemos otro trabajo a mayores”, explica.

O Bioco.

Juan reconoce que la cantidad de servicios que prestan es pequeña y que en

condiciones normales “no sería rentable” pero como “ahora mismo no tenemos otra

cosa seguimos adelante”. En su restaurante el servicio a domicilio funcionaba

solo en momentos puntuales del año como las Navidades. Ante la situación

excepcional provocada por el Covid-19 decidieron que la única forma de poder

aguantar era “mantener nuestra apuesta por los productos de km 0 y hacérselos

llegar a los clientes a sus casas”.

Ante esta situación los restaurantes tuvieron que cambiar las cartas y los menús, algo que repercute en las compras: menos cantidad y variedad de género. En Casa Quintela pasaron de hacer la compra en el Cash Record a optar por los supermercados más próximos. La carta se redujo, de tres primeros y tres segundos a elegir “pasamos a un menú semanal con un primero y un segundo con opción a cambio”, dice Ana.

O Bioco.

En O Bioco redujeron igualmente la carta “preparamos platos que sean fáciles de calentar o fríos, por ejemplo, vieiras al horno con boletus o unas carrilleras de ternera con setas de nuestros montes”, explica Juan. Este restaurante, que cuenta con la distinción pescado artesanal KM 0 otorgada por el GALP Ría de Pontevedra por la calidad de los productos del mar con los que trabajan, quiere mantener esa calidad y buen trabajo de ahí “que centrásemos la carta” incluso probando nuevos platos como pescados en escabeche “porque se pueden tener en la nevera durante días sin que pierdan la calidad”, indica el propietario.

El Entrebrasas abre todos los días de la semana pero solo a mediodía, por las noches “no compensa, apenas tenemos pedidos”, explica el gerente. También redujeron el menú, ahora hacen el mismo durante toda la semana, un menú que ofrece seis primeros, seis segundos,  postres y bebida.

PLATAFORMAS Y REDES SOCIALES

La nueva realidad viene impulsada por las redes sociales, un excelente apoyo para mantener a los clientes informados e, incluso, captar alguno nuevo. “Las redes sociales son fundamentales, me he dado cuenta de que son él nuevo boca a boca”, constata Martínez. El Entrebrasas mantiene varios perfiles en diferentes redes sociales, “sí antes una publicación tenía 20 Me Gusta ahora  tiene el triple, la gente pasa más tiempo conectada, te ven, comentan y comparten”.

O Bioco.

Por su parte, Casa Quintela tiene presencia en Instagram y Facebook, redes en las que publicitan el menú y la forma de contacto. Además, utilizan Whatsapp “para que la gente haga el encargo y así saber el número de menús diarios que hay que preparar”, señala la responsable. “Nosotros no tenemos nada de eso, tenemos la página de Facebook pero no es algo que usemos”, reconoce Juan. Sin embargo, utilizan Whatsapp para gestionar los pedidos de menús y mantener el contacto con los clientes.

En las últimas semanas fueron apareciendo iniciativas para favorecer al sector e informar a la ciudadanía de los servicios que ofertan los negocios que están abiertos. En el Ayuntamiento de Pontevedra se creó una base de datos en la que la gente puede consultar que negocios siguen trabajando, los servicios que ofertan (como el reparto de productos a domicilio) y los medios para contactarlos, y también se puso en marcha #PonteLovers, una plataforma para impulsar la recuperación de las actividades comerciales de cercanía, liderada por hosteleros, comerciantes y empresarios. En Bueu, la plataforma comercial  online Quédatebueu informa de los establecimientos asociados de la villa que se mantienen abiertos, como Casa Quintela. Y también elaboró un listado de empresas que están sirviendo a domicilio en estos momentos, la Federación de Comerciantes e industriales del Morrazo (FECIMO).

O Bioco.

Tanto Ana como Juan y Daniel concuerdan en que estas iniciativas son interesantes. “Para  los establecimientos el tema es estar ahí e informar a la gente para que se acuerden de ti”, valora Martínez, pero no todos tienen el tiempo ni los conocimientos como para hacerlo. Para Juan “es normal que la gente se busque la vida”, que surjan iniciativas como estas.

MIEDO AL FUTURO

El futuro a corto y medio plazo no está nada claro. Nadie duda de que esta actividad será de las últimas en recuperar la normalidad. Los establecimientos temen una larga y compleja recuperación. Perdida la campaña de Semana Santa, está por ver si pueden rescatar parte de la de verano mas lo consideran improbable. “Él futuro es complicado e incierto. No sabemos mucho, ¿tendremos que limitar el aforo tras el confinamiento?”, se pregunta el gerente del Entrebrasas.

El levantamiento gradual de las restricciones promoverá una lenta

recuperación de la actividad pero muchos piensan que la demanda inicial será

baja limitada por el miedo al contagio y por la falta de turistas. Con el

tiempo, no se sabe cuánto será, se volverá a un nivel de actividad próximo al

del período precrisis pero muchos negocios quedarán por el camino y, sin duda,

los hábitos habrán cambiado y el sector tendrá que adaptarse a esos cambios.

“Hay muchísima gente que seguirá con miedo, que

no querrá salir. Se quedarán mucho en su casa y tendremos que buscar otras

formas”, explica Daniel, que no pierde el optimismo “Seguimos porque hay que

estar ahí, tratando de no desanimarte y, también, intentando animar a la

gente”. Otros ven el futuro con más pesimismo, “¿Cuándo volveremos a la

normalidad?”, inquiere Juan, “No lo sabemos y se dice que tras esto tendremos

una crisis más profunda que la de hace diez años. Habrá que reinventarse, o

marchar a otro sitio”.

La hostelería de la ría se reinventa sirviendo a domicilio