Alimentación saludable y sostenible
A lo largo de mi trayectoria como divulgador científico, he sostenido una premisa fundamental: cuidar nuestra salud es indisociable de cuidar el planeta y el nicho ecológico en el que vivimos. Una alimentación saludable nos va a ayudar a mantener un buen estado de salud. Una dieta saludable implica entender la nutrición como la herramienta clave para aportar a nuestro organismo los macro y micronutrientes esenciales que garantizan un estado óptimo de salud.
La ciencia nos marca un camino claro que la pedagogía social debe transmitir sin ambigüedades. Una dieta saludable exige priorizar los alimentos frescos de origen vegetal frente a los de origen animal, reducir el consumo de carne roja y/o procesada, mantener el consumo de sal por debajo de los cinco gramos diarios, disminuir las grasas saturadas y desterrar los azúcares libres y añadidos. En definitiva, se trata de volver a lo esencial y aprender a elegir alimentos no procesados o mínimamente procesados.
En pleno siglo XXI, esta labor educativa adquiere una nueva dimensión: los conceptos “saludable y sostenible” están íntimamente ligados. No es posible la salud humana en un planeta enfermo. Una alimentación sostenible es aquella que genera el menor impacto ambiental posible en el planeta, optimizando los recursos naturales y reduciendo al mínimo la huella hídrica y la huella de carbono. Por tanto, el verdadero reto que tenemos por delante como sociedad es unificar ambos pilares en nuestra rutina diaria. Consumir productos frescos de origen vegetal y de temporada (frutas, verduras y legumbres), limitar al máximo el consumo de alimentos ultraprocesados y procurar en la mayor medida posible comprar productos locales, debe ser nuestro compromiso urgente con el futuro del planeta.
Mi recomendación es sencilla pero firme: la base de nuestra alimentación debe ser frutas, verduras y legumbres, cereales integrales, lácteos sin azúcares añadidos y 0% grasa, lo que contribuye de forma considerable a mejorar la salud. Existe evidencia científica de que consumir alimentos ultraprocesados perjudica nuestra salud. La mejor prueba de ello, es que, cuando dejamos de consumirlos, la respuesta del organismo es positiva e instantánea, lo que demuestra la imperiosa necesidad de abandonar el consumo de alimentos ultraprocesados si queremos proteger nuestra salud.
Comer sano de manera consciente beneficia nuestra salud, estabiliza la presión arterial, mejora los niveles de glucosa en sangre y reduce la inflamación. Además, optimiza la hemoglobina glicada -marcador crucial para predecir la diabetes-, mitiga la ansiedad y eleva el estado de ánimo. El impacto en las analíticas es espectacular: los niveles de colesterol se normalizan y el riesgo de sufrir un infarto o un ictus se reduce en un 30 %. No nos olvidemos que el azúcar, el colesterol y los ultraprocesados son algunos de nuestros grandes enemigos en el siglo XXI. Para combatirlos, debemos educar a la ciudadanía en la lectura crítica de las etiquetas a la hora de hacer la compra, enseñando a identificar los azúcares ocultos bajo nombres como glucosa, maltosa, sacarosa o siropes.
Cuidando la alimentación, cuidamos nuestra salud y a la vez protegemos el planeta, nuestra casa común.