El Museo proactivo de Galicia

Museo de las Peregrinaciones, en Santiago de Compostela. ARCHIVO.
"Durante decenios, Galicia se ha visto sometida a la creación en sus ámbitos rurales y urbanos de mil sedes culturales, museos de lo más variopintos, casas natales, en la aldea e incluso, en ultramar, en los países sudamericanos, esto último debido a la emigración. La Comunidad se ha sometido a la  necesidad de acomodar legados de relevantes personajes y circunstancias. Es una predisposición que parece lógico pensar en mantener en base a una serie de iniciativas basadas en lo sostenible y en el mecenazgo, en la utilización inteligente de los recursos económicos y de las oportunidades digitales".

Galicia goza de una espléndida red museística, de un conjunto único de espacios expositivos que van de los etnográfico a la vanguardia, de lo científico a la emigración, de lo literario al humor o a lo religioso, de la conserva a la cerámica, o a la misma agua. Entidades públicas y privadas, fundaciones, universidades, iniciativas individuales y colectivas se afanan por conservar y trasladar al futuro de forma coherente y ordenada el patrimonio, los legados innúmeros, las más ricas y diversas colecciones.

Durante decenios, Galicia se ha visto sometida a la creación en sus ámbitos rurales y urbanos de mil sedes culturales, museos de lo más variopintos, casas natales, en la aldea e incluso, en ultramar, en los países sudamericanos, esto último debido a la emigración. La Comunidad se ha sometido a la  necesidad de acomodar legados de relevantes personajes y circunstancias. Es una predisposición que parece lógico pensar en mantener en base a una serie de iniciativas basadas en lo sostenible y en el mecenazgo, en la utilización inteligente de los recursos económicos y de las oportunidades digitales.

Están pendientes museos como los de la Emigración, o el de la Moda, o el Museo Picasso de la Coruña, quizás uno bueno del agua. 

Polémicas, cientos de millones de euros de inversión pública... y un inevitable mirar de reojo al vecino, influidos por unos estériles y paletos localismos. Lo cierto es que casi todas o todas esas iniciativas, sean del carácter que fueren, públicas o privadas, responden a dinámicas de competencia, en su momento inaugural no siempre suficientemente justificadas ni por la demanda social ni por la lógica del mercado, pero que una vez consolidadas se demuestran como eficaces herramientas de dinamización cultural y económica, un complemento imprescindible para el turismo, una industria que supone casi el 12% del PIB y algo más del empleo.

Están pendientes museos como los de la Emigración, o el de la Moda, o el Museo Picasso de la Coruña, quizás uno bueno del agua. También parece imprescindible completar de manera muy seria la colección de Arte de la Xunta de Galicia -el Parlamento ya hace una gran labor-.

No hay que entender los contenidos del museo como una caja para guardar entre polvos legendarios la historia de un pueblo

No hay que entender los contenidos del museo como una caja para guardar entre polvos legendarios la historia de un pueblo, sí para poner en valor todo los bueno de nuestro pasado, que es mucho, y proyectarlo hacia la sociedad de la interactividad, de la globalidad, del consumo, e incentivar a los creadores.

Hay que hacer que Rosalía siga cantando en la red de redes, hay que trasladar toda la ironía de nuestros antepasados a videojuegos que estimulen la creatividad de nuestros universitarios, hay que reivindicar y conquistar un espacio para Castelao o para Cunqueiro en el siglo XXI, hay que valorizar a María Casares o a la Bella Otero, hay que mantener el vínculo con las cuartas y quintas generaciones de gallegos en el exterior... Hay que hacerlo con una mentalidad abierta, positiva, que entienda la antiglobalización, pero que comprensa sobre todo la nuevas generaciones del pueblo de Breogán.

Siempre se podrá hacer más y mejor en favor de la tierra, de su cultura, del arte y de la formación de los ciudadanos y de los artistas de nuestro país. Siempre será posible ahondar en la búsqueda de nuevas perspectivas y horizontes; indagar en la existencia de nuevos valores; interesarse por determinadas modalidades o nuevas corrientes artísticas; influir en el éxito de una determinada exposición, ... y así sucesivamente, hasta completar un círculo de posibilidadesen el que el genérico siempre será difícil de concretar y lo concreto estará irremediablemente sometido el siempre subjetivo mundo de la particular valoración de cada quién, pero el interés general ha de ser el que debe ser.

 

Alberto Barciela

Periodista