Gabriele Finaldi, director de la National Gallery, un peregrino en Redondela

Hay días que adquieren una gradación especial. Amanece en Galicia, con su tonos templados, la calorina se impone pasadas las primeras horas para, tras la siesta, ofrecer en una noche sin rocío la temperatura ideal para encontrarse con los amigos, para compartir, para conversar con las desapresuras que demanda este mundo policrítico.

Hay días que adquieren una gradación especial. Amanece en Galicia, con su tonos templados, la calorina se impone pasadas las primeras horas para, tras la siesta, ofrecer en una noche sin rocío la temperatura ideal para encontrarse con los amigos, para compartir, para conversar con las desapresuras que demanda este mundo policrítico.

En una de esas veladas impagables de estío, nos recibe Alejandrina Regojo en su Pazo de Santa Teresa, Petán, en Redondela, lo hace rodeada de su familia, esposo, hija, sobrinos - en esta ocasión los Bacardí-, nos ofrece como acostumbra lo mejor de sí misma, como persona y anfitriona. Alex es el hilo conductor de una estirpe tejida en base a valores ciertos, sólidas formaciones, trayectorias de ejemplaridad y bonhomía. En esta ocasión, los invitados especiales son cuatro peregrinos, Gabriele Finaldi (Londres, 1965), desde 2015 director de la National Gallery de Londres, su esposa, su hermana y su cuñado. La anfitriona ha tenido la generosidad de invitarme a disfrutar del encuentro para que les explique algunos de los pormenores de los Años Santo y de los XACOBEO, con los que tanto ha tenido que ver la Real Villa a través de Jesús Pérez Varela y de un servidor, a las órdenes de don Manuel Fraga Iribarne.

 

La conversación discurre en inglés, italiano y español, se allegan con su frescura citas en valenciano y en gallego. Aludimos, como es natural, a todo el fenómeno que ha supuesto la recuperación de las Caminos desde 1990, a su influencia espiritual, y a la repercusión para la industria turística. Bajo la dirección del ex ministro de Información y Turismo y presidente de la Xunta de Galicia, se logró pasar la repercusión del sector de poco más de 3% a casi el 13% de PIB de la Comunidad. Hablamos de cultura, de arte, de restauración, de formación, de cuanto el hecho afortunado ha permitido avanzar en museos, centros de estudios, exposiciones, conciertos -lamentamos la falta de consolidación del Festival Internacional de Música de Galicia-, y nos detuvimos en la restauración de monumentos, en la creación y en el pensamiento, en la gastronomía. Todo de forma respetuosa con cuanto representa la religión católica. Y también, claro de ese fenómeno, nada amable, que supone la gentrificación, como desvirtuación de una ciudad en la que los residentes ven alterados sus modos de vida por los viajeros y turistas. Ocurrió en Venecia, y ahora se extiende por Santiago, Nápoles, Madrid, Barcelona o Londres.

Finaldi es una de esas personalidades arrolladoras en su formación y experiencia, pero de una sencillez maravillosa. Un polímita que nació en Barnet y se crio en Catford, en el sur de Londres, hijo de padre napolitano y madre mitad polaca, mitad inglesa. Tras estudiar en Dulwich College y en el Courtauld Institute of Art, antes de dirigir la National Gallery de Londres, fue conservador de la institución (1992-2002) y director Adjunto de Conservación e Investigación del Museo del Prado (2002-2015). Durante su etapa en el Prado participó en la ampliación en 2007 y en la creación del Centro de Estudios en 2008, además de programar exposiciones como la de Tiziano (en 2003, en colaboración con la National Gallery); Manet (2004); El retrato español de el Greco a Picasso (2006); Turner (2010, en colaboración con la Tate Britain y el Louvre); El Hermitage en el Prado (2011); El último Rafael (2012, en colaboración con el Louvre) y El Greco y la pintura moderna. Es Doctor Honoris Causa por la Universidad Francisco de Vitoria. Hoy es peregrino, caminante humilde hacia Santiago, lo hace de la mano de su encantadora esposa, una jerezana espontánea y decidida, y de su familia política. Representan una estirpe multicultural, deconstruida y construida en la consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, hecha a base de esfuerzo en este Viejo Continente que solo y por fortuna pudo conservar sus esencias gracias a su raíz católica. Europa se hizo caminando hacia Santiago.

En Redondela, Gabriele Finaldi, tuvo ocasión de reencontrarse con la villa acogedora en la que ya hace unos años cuando pronunció una inolvidable conferencia sobre "Velázquez, Zurbarán, Ribera y Murillo. Pintura española en colecciones del Reino Unido", invitado entonces por la Fundación Filomena Rivero, en favor de Cáritas, fue un 13 de junio de 2016. Ahora, el mundo pinta de otra manera, quizás más compleja, pero en el diálogo respetuoso, en la mesa generosa y en la sobremesa larga de una noche de verano, todo semeja ir mucho mejor. Alex Regojo nos puso una vez más en el buen camino.

 

Alberto Barciela

Periodista