El éxito gallego en la vanguardia oftalmológica
Hay noticias que no hacen ruido, pero marcan época. Esta es una de ellas. La medicina gallega vuelve a situarse en la cúspide de la investigación internacional con la publicación en Scientific Reports, del grupo Nature, de un avance llamado a cambiar el enfoque terapéutico de la orbitopatía de Graves. Se trata de una enfermedad autoinmune inflamatoria que afecta a los tejidos de la órbita, tanto a los músculos como a la grasa ocular, y que se caracteriza principalmente por la protrusión de los ojos, la hinchazón de párpados y, en casos más avanzados, la visión doble o el riesgo de pérdida de visión.
Detrás de este hito están el doctor José Pérez-Moreiras —referente indiscutible— y la doctora Dolores Abelenda, desde Santiago de Compostela, junto a los doctores Joana Providência y Guilherme Castela, de la Universidad de Coímbra. Un equipo que no solo investiga: piensa, cuestiona y, sobre todo, decide.
Porque lo que aquí se plantea no es una mejora incremental, sino un cambio de criterio. Durante años, los protocolos internacionales recomendaban una prudente espera en los casos leves, acompañada, cuando mucho, de suplementos de selenio. El papel principal de este elemento es actuar como un potente antioxidante a través de las selenoproteínas, unas proteínas específicas que ayudan a prevenir el daño celular. Sin embargo, el doctor Pérez-Moreiras lleva tiempo defendiendo —no siempre en sintonía con la corriente dominante— que la inflamación ocular nunca es menor: es la expresión visible de una enfermedad sistémica que conviene abordar sin demora.
Y tenía razón.
Los resultados hablan por sí solos. En su centro compostelano, el 95,2 % de los pacientes tratados con Sarilumab alcanzaron una actividad clínica nula. Este fármaco es un medicamento biológico, específicamente un anticuerpo monoclonal humano, diseñado para combatir procesos inflamatorios crónicos. No se trata solo de cifras: hablamos de reducir la proptosis —conocida popularmente como ojos saltones—, corregir párpados elevados, aliviar edemas, devolver la normalidad inmunológica y, sobre todo, de evitar cirugías y frenos innecesarios en la vida de las personas.
Hay, en este logro, algo más que ciencia. Hay criterio clínico, experiencia acumulada y una tenacidad bien entendida: la de quien no se conforma con lo establecido cuando intuye que se puede hacer mejor. El uso de un anticuerpo monoclonal en contexto “off-label” —una proteína fabricada en laboratorio diseñada para unirse a una diana específica en el cuerpo— es hoy un ejercicio de responsabilidad y valentía profesional respaldado por la evidencia.
Santiago y Galicia se consolidan así como uno de los focos internacionales en inmunomodulación aplicada a la órbita. No por casualidad, sino por el trabajo continuado de equipos que sitúan al paciente en el centro y la excelencia como rutina.
En un tiempo de titulares efímeros, conviene detenerse en historias como esta, que de manera directa contribuyen a la esperanza de unas 7.000 mujeres y 1.500 hombres afectados anualmente en España por esta patología. Es bueno resaltar que aquí hay talento, método y compromiso. Y hay también una enseñanza: la medicina que avanza no siempre es la que más se escucha, sino la que mejor se piensa.
Galicia puede —y debe— sentirse orgullosa. No todos los días se contribuye a cambiar el curso de una enfermedad desde una consulta en Santiago. Como decía Vicente Risco, desde el lugar más pequeño del mundo puede observarse todo el universo, soñarse y contribuir al bienestar general. Galicia Calidade.