viernes. 02.01.2026

Sor Salud: el viaje definitivo de una mujer de Dios y de mundo

Me la presentaron Olegario Vázquez Raña y Gela, su esposa, sus amigos y colaboradores en muchas buenas cosas, incluida la educación de sus propios hijos. Tuve ocasión de conocer a la familia de la religiosa, a su hermana, a sus sobrinos, a su orden... 
Sor Salud, Antonia Conde Nieto, en una de sus intervenciones, la religiosa ourensana que convirtió su vocación en una obra educativa y solidaria de alcance internacional, especialmente reconocida en México a través de los Colegios Miraflores.
Sor Salud, Antonia Conde Nieto, en una de sus intervenciones, la religiosa ourensana que convirtió su vocación en una obra educativa y solidaria de alcance internacional, especialmente reconocida en México a través de los Colegios Miraflores.

Sor Salud se fue con el año. Con este primer cuarto de siglo del segundo milenio después de Cristo. Hace ya algún tiempo que las noticias llegaban con una cierta parsimonia de sabor amargo, mas se referían a ella, como siempre, como una persona esencial, como una de las personalidades gallegas más influyentes y decisivas a escala internacional. Se hablaba de una emigrante con vocación universal, coraje y valores cristianos cuya obra educativa y solidaria es poco conocida aquí -salvo en Ourense- pero enormemente popular en México, pues su obra al frente de los Colegios Miraflores —con una unidad en la ciudad de las Burgas— es el paradigma de la buena educación, de la que alcanza a las élites pero que atiende a los más necesitados, y esto es quizás menos sabido.

Me la presentaron Olegario Vázquez Raña y Gela, su esposa, sus amigos y colaboradores en muchas buenas cosas, incluida la educación de sus propios hijos. Tuve ocasión de conocer a la familia de la religiosa, a su hermana, a sus sobrinos, a su orden... Me mostró su Colegio en México en varias ocasiones, para que comprobase cómo crecía, no tanto en instalaciones, impresionantes siempre, sino en los programas educativos, en su implicación social. Me invitó a comer en la residencia con sus compañeras; cocinó para todos y nos sirvió en aquella residencia que compartía con sus hermanas y que acogió al mismo Juan Pablo II.

MADRE SALUD-CARLOS SLIM
Sor Salud junto al empresario Carlos Slim durante un acto institucional en México, en el que la religiosa gallega recibió reconocimientos por su labor al frente de los Colegios Miraflores y su compromiso con la educación y el apoyo a la emigración.

La reencontré en Ourense, en Avión, en Fátima —en la inauguración de una residencia para las monjitas enfermas—. La acompañé en la entrega de la Medalla de Oro de la Emigración, en tiempo de Aurelio Miras Portugal, excelso Director General de Migraciones, en la residencia del embajador español en México, con asistencia de Carlos Slim y las más altas autoridades españolas y mexicanas.

Hablamos en muchas ocasiones. Tenía tanto carácter como bondad, quizás eso era lo que hacía posible que sus ambiciosas propuestas fueran el preludio de una realidad. Siempre apoyó a los gallegos que llegaban a México, en donde trataba a Presidentes, empresarios, banqueros, artistas, intelectuales y también a los más humildes. Era una todoterreno, de una cultura abisal —me advirtió que me resultaría muy complicado ahondar en la cultura de aquel país hermano, por los nombres imposibles de sus dioses y reyes, de sus pueblos indígenas, y tenía razón—. Me invitó al Teatro Bellas Artes a constatar lo en un inolvidable espectáculo de folclore mexicano.

Hoy, Antonia Conde Nieto, aquella niña nacida en Porto, Vilar de Barrio, ha completado su travesía. Pero para el mundo, y especialmente para las miles de almas que tocó, siempre será la Madre Salud. Su nombre no fue una coincidencia, sino una profecía: fue salud para el espíritu, salud para la mente de generaciones y salud para los necesitados.

Su historia es la de la fe inquebrantable que mueve montañas. O, como ella diría con esa sorna gallega que nunca perdió, la fe que mueve montes enteros si "la cabra tira al monte". Llegó a México en 1956, con apenas 23 años, a bordo del trasatlántico Guadalupe, sin papeles migratorios pero con el pasaporte más importante de todos: una vocación de servicio blindada ante el miedo. Contaba a menudo, con la humildad de los grandes, cómo empezó su imperio educativo con "veinte niños y dos dólares". Cualquier otro se habría rendido; ella vio en esa escasez la semilla de la abundancia de Dios.

Esa "necesidad con cara de perro" de la que ella hablaba no la asustó; la motivó. Construyó catedrales del saber bajo el nombre de Miraflores, no solo en el México que la adoptó como hija predilecta, sino devolviendo el fruto a su tierra en Ourense y extendiendo sus ramas hacia África, en Cabo Verde, Angola y Benín. Entendió antes que muchos que "la educación es lo que acaba con la pobreza", y que la excelencia académica no debía estar reñida con el humanismo cristiano.

Era una mujer de contrastes armoniosos. Podía departir con la misma naturalidad con un Jefe de Estado que con una madre soltera en una de sus obras sociales. Su poder no residía en su agenda, sino en su autenticidad. No se dejó seducir por la política, aunque la tentaron, porque sabía que su misión era más alta: formar personas libres, íntegras y felices. "Nosotras las religiosas no nos jubilamos nunca", solía decir. Y cumplió su palabra hasta el último suspiro, falleciendo en su casa, al pie del cañón, cerca de su colegio, como el capitán que se niega a abandonar el barco hasta que el último pasajero está a salvo.

Ahora, Sor Salud ha cruzado el umbral hacia la luz perpetua. Se ha ido sin hacer ruido, con la discreción de quien sabe que las obras gritan más que las palabras. Deja un vacío inmenso en la comunidad educativa, en la Congregación de las Esclavas de la Santísima Eucaristía y de la Madre de Dios, y en el corazón de dos naciones que ella unió con un puente de amor y enseñanza.

Decía Hernán Cortés (1485-1547) Conquistador español: "¿Cómo puede venir nada bueno si no volvemos por la honra de Dios...?". Sor Salud dedicó cada minuto de sus 92 años a responder esa pregunta con hechos, volviendo siempre por la honra de Dios a través del servicio al prójimo.

Descansa en paz, Madre Salud. Ya no hay fronteras, ni océanos, ni despedidas. Solo el abrazo eterno del Padre al que serviste con tanta alegría, y la certeza de que tu siembra seguirá dando frutos en la tierra que tanto amaste y que nunca se olvida. Te has ido con el año viejo, pero tu legado amanece con cada niño que entra en un aula Miraflores.

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