sábado. 29.11.2025

El estigma: La barrera invisible que frena la recuperación de las adicciones en España

Más del 70% de las personas con trastornos por consumo de sustancias no acceden a tratamiento debido al estigma social. Esta barrera invisible agrava la adicción, retrasa la búsqueda de ayuda y complica la recuperación, afectando tanto a los individuos como a sus familias y la percepción pública de esta enfermedad crónica.
José Manuel Zaldúa, psicólogo y socio fundador de Esvidas.
José Manuel Zaldúa, psicólogo y socio fundador de Esvidas.
Blanca Macarro, trabajadora social en Esvidas
Blanca Macarro, trabajadora social en Esvidas.

 Más del 70% de las personas con trastornos por consumo de sustancias no acceden a tratamiento, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). La principal razón no es la falta de recursos, sino una barrera invisible, pero devastadora: el estigma. En España, donde la adicción a menudo se confunde con debilidad moral, el silencio se impone y la ayuda se convierte en una excepción.

A pesar del creciente diálogo sobre salud mental, las adicciones siguen siendo una de las realidades más silenciadas y estigmatizadas. Aunque reconocida como una enfermedad crónica por la comunidad médica, la crítica social hacia quienes la padecen pesa más que el propio diagnóstico, perpetuando un ciclo de aislamiento y sufrimiento.

El miedo al "qué dirán" ahoga el pedido de ayuda

¿Cómo se traduce este estigma en el día a día de las personas adictas? Muchas no buscan ayuda por temor a ser señaladas, rechazadas o reducidas a un estereotipo. Este silencio prolongado actúa como una barrera invisible que agrava el problema, retrasa el tratamiento y complica enormemente la recuperación. Y sus consecuencias no se limitan al individuo; el estigma también afecta a sus familias, a su entorno laboral y a la percepción colectiva, impidiendo que la adicción sea abordada como una cuestión de salud pública. Los prejuicios persisten en el lenguaje cotidiano, en el trato institucional y en la representación mediática de estas realidades.

Una enfermedad biopsicosocial ignorada por prejuicio

Las adicciones son una enfermedad crónica, con bases biológicas, psicológicas y sociales, que afecta a millones de personas en todo el mundo. Sin embargo, quienes la padecen continúan siendo objeto de crítica, rechazo y discriminación, lo que dificulta su acceso a una recuperación digna.

Mari Carmen, paciente de Esvidas
Mari Carmen, paciente de Esvidas.

"El estigma genera aislamiento y retrasa la búsqueda de ayuda, lo que agrava el estado clínico y complica la recuperación", señala José Manuel Zaldúa, psicólogo y socio fundador de Esvidas, una red de centros de desintoxicación especializada en el tratamiento de adicciones en toda España.

Este estigma opera en múltiples niveles. A nivel social, alimenta estereotipos que reducen a la persona a su conducta. En el ámbito familiar, puede fracturar vínculos, generar culpa y largos periodos de silencio. Y a nivel institucional, se traduce en obstáculos para acceder a recursos sanitarios, educativos y laborales, privando a las personas de las herramientas necesarias para su recuperación.

El impacto emocional de sentirse juzgado

Mari Carmen, una paciente en proceso de recuperación en Esvidas, describe su dolorosa experiencia: "Darme vergüenza salir de casa, hablar con la gente o socializar... todo eso, unido a la sensación de ser juzgada, me hizo aislarme mucho. La adicción te hace antisocial y rechazas muchas ayudas, porque tienes miedo al qué dirán".

Este miedo tiene consecuencias reales y alarmantes. El Informe Mundial sobre Drogas de 2023 de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) afirma que "los trastornos por consumo de sustancias son altamente tratables, pero más del 70% de quienes los padecen nunca recibe atención profesional". El miedo al rechazo, la desinformación y la vergüenza son las principales causas de esta brecha.

El coste de la tardanza: Salud, relaciones y oportunidades

Cuando el diagnóstico llega tarde, también lo hacen los recursos. Los tratamientos deben abordar cuadros más complejos, el sistema sanitario asume mayores costes y la persona afectada pierde vínculos, empleo o salud. Lo que pudo afrontarse de forma preventiva se convierte en una carrera de fondo.

"No creo que la depresión fuera el único detonante que me llevó al alcoholismo. La inseguridad en mí misma, la falta de confianza y la constante necesidad de agradar a los demás también jugaron un papel muy importante. La sociedad nos impone unas expectativas de vida, laborales y sociales muy rígidas y estructuradas. Cuando te das cuenta de que las cosas no van a salir tan bien como esperabas, la tristeza y la depresión se intensifican. Eso te empuja a buscar refugio en la sustancia; al principio, el alcohol formaba parte de mi vida, pero poco a poco, se convirtió en el centro de ella", nos cuenta de nuevo Mari Carmen.

Este retraso no solo dificulta el pronóstico, sino que también incrementa la carga para el sistema sanitario y social, que debe abordar casos más graves y complejos. El deterioro progresivo de la salud física y mental, junto con la pérdida de oportunidades sociales y laborales, hace que la recuperación sea un proceso más costoso y complejo.

Recuperarse en una sociedad que no perdona

Superar el consumo es solo una parte del camino. La reinserción social, laboral y emocional sigue siendo una de las etapas más difíciles. Prejuicios en entrevistas de trabajo, dificultades para retomar estudios, vínculos familiares fracturados... Todo suma al riesgo de recaída.

"El entorno que rodea a la persona es clave para que la recuperación sea sostenible. Sin un apoyo adecuado, la exclusión social y laboral pueden hacer que la recaída sea la salida más accesible", afirma Zaldúa.

En el ámbito laboral, muchas personas con historial de adicción encuentran dificultades para mantener o conseguir empleo. Los prejuicios pueden llevar a la discriminación directa o a la falta de adaptación necesaria para garantizar la continuidad laboral.

Además, en el sistema educativo, jóvenes en proceso de recuperación suelen enfrentar barreras para retomar sus estudios o acceder a formación profesional y, en el entorno familiar, las relaciones pueden estar dañadas por años de conflicto, rechazo o incomprensión.

Este conjunto de obstáculos incrementa la vulnerabilidad y favorece las recaídas, que a menudo son percibidas como "fracasos personales" en lugar de episodios esperables en un proceso complejo.

Romper el estigma: 5 pasos hacia una sociedad más justa

Para avanzar hacia una sociedad más inclusiva y eficaz en la atención a las adicciones, es necesario impulsar varias acciones:

  1. Usar un lenguaje respetuoso que no reduzca a la persona a su adicción: Es fundamental abandonar términos peyorativos y adoptar un lenguaje que reconozca a la persona más allá de su diagnóstico, promoviendo así la dignidad y el respeto.

  2. Educar desde la infancia para prevenir desde la comprensión: Fomentar la educación emocional y la prevención en los colegios para formar ciudadanos informados y empáticos.

  3. Formar a profesionales de salud, educación y servicios sociales con enfoque integral y libre de prejuicios: Capacitar para que el trato sea integral y libre de prejuicios, facilitando el acceso y seguimiento adecuado de los tratamientos.

  4. Visibilizar testimonios reales de personas en proceso de recuperación: Los relatos personales ayudan a desmontar mitos, crear empatía y fomentar la esperanza.

  5. Asegurar el acceso a tratamientos integrales, públicos y sin barreras: Es imprescindible asegurar que las personas tengan acceso a recursos que aborden todos los aspectos de la enfermedad sin discriminación ni barreras.

"Una sociedad que acompaña sin juzgar facilita la recuperación y la reinserción social," concluye Blanca Macarro.

Mirar sin etiquetas: el verdadero cambio

Hablar de adicciones no es hablar solo de consumo. Es hablar de dolor, de salud mental, de estructuras sociales que fallan y de una ciudadanía que muchas veces prefiere mirar hacia otro lado.

Romper el estigma es el primer paso para construir una red de apoyo real. Detrás de cada persona con adicción hay una historia. No necesita juicio. Necesita escucha, acceso a tratamiento y una segunda oportunidad.

El estigma: La barrera invisible que frena la recuperación de las adicciones en España
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