Monseñor Leonardo Lemos, obispo de Ourense: ”Para mí el sacerdote que trabaja en el rural es un héroe”
“Un momento esperanzado”. Así define el obispo de Ourense, Leonardo Lemos, la situación que vive la diócesis ourensana. Y matiza: “Esperanzado desde el punto de vista vocacional e incluso… hasta poblacional”. Monseñor Leonardo admite que Ourense es una provincia con una población muy envejecida, pero añade que “tenemos otro fenómeno que estamos experimentando en los últimos años: los migrantes que viven ya con nosotros. Vienen de Latinoamérica, son de factura cristiana”.
De ese grupo de migrantes, el obispo observa que algunos están vinculados a sectas y que otro grupo es musulmán, pero subraya que la gran mayoría de latinoamericanos son “gente joven, matrimonios con niños que vienen a nuestras iglesias parroquiales” y que, en palabras del ordinario diocesano, “dan un tono vital, especial, a nuestra diócesis. Por eso digo yo que vivimos en un mundo esperanzado en nuestra diócesis”, afirma con satisfacción.
El obispo extiende esa esperanza también al ámbito vocacional. “Lo notamos incluso en nuestro Seminario diocesano, que es un seminario de provincias: hay 24 alumnos. Este año, si Dios quiere, ordenaré tres nuevos sacerdotes”. Don Leonardo lleva 13 años al frente de la diócesis de Ourense y, en este tiempo, ‘presume’ de que, salvo los años del Covid, “he ordenado algún sacerdote. Incluso en alguna ocasión he ordenado cuatro sacerdotes y en otra tres”.
De ahí extrae una conclusión: “Ourense es una diócesis con un humus cristiano apoyado en una fuerte formación familiar que todavía no se ha perdido”. Reconoce, no obstante, que las familias tienen ahora muy pocos hijos y que los matrimonios jóvenes han emprendido “una especie de diáspora de lo rural a lo urbano o a las villas”.
Con este contexto, describe un momento de “esperanza”, con la diócesis abierta a “distintas áreas pastorales muy interesantes, como la familia, la educación o la pastoral vocacional”. “También estamos cuidando mucho la pastoral con niños y con jóvenes”, añade.
La familia, prioridad pastoral
En su orden de prioridades, a monseñor Leonardo lo que le preocupa y ocupa es la situación de las familias y, más en concreto, la pérdida de valores en el ámbito doméstico. “La familia ha perdido la gran fuerza que tenía, la energía que la convertía en un gran motor de actividad en el mundo rural y en el urbano, aunque más en el primero”. En las familias numerosas, dice, había hijos “para todo” y “ese dinamismo se ha perdido en familia y en matrimonio”, concluye de forma tajante.
En esa línea, Lemos ha creado en la diócesis un Instituto de la Familia, a modo de observatorio. “Estamos descubriendo, paulatinamente, que cada vez hay más jóvenes que se decantan por un planteamiento cristiano del matrimonio”, aunque admite que, socialmente, quizá todavía no es un fenómeno destacable. El obispo revela que se reúne una vez al mes con un grupo de jóvenes: acuden entre 17 y 21, explica. “Estamos empeñados en dar formación y hacer que descubran la belleza de la vocación matrimonial”.
Patrimonio y demandas de las parroquias
El obispo visita con frecuencia municipios y parroquias de la provincia. ¿Qué le piden los parroquianos? “Me piden ayuda” administrativa y económica para asuntos de patrimonio: “el tejado de una iglesia, una casa rectoral, un retablo…”. “Nuestra diócesis es una de las más ricas en patrimonio histórico-artístico de Galicia”, sostiene, al tiempo que enumera la riqueza monumental y la dificultad de su mantenimiento. Para ello, explica, cuenta con la ayuda de los concellos, de la Diputación Provincial y de la Xunta. También alude a “una realidad que pasa desapercibida: las comunidades de montes (…) ayudan al mejor vecino de la parroquia, que es Nuestro Señor Jesús, que está en el templo parroquial”.
La soledad en el rural y el papel del sacerdote
En la conversación aparece también la soledad de los mayores. “La Iglesia se hace presente en el mundo rural a través del sacerdote”. Lemos expone el vaciado del rural, con el cierre de comercios, tiendas de ultramarinos, sucursales bancarias, cuarteles de la Guardia Civil y centros escolares. “Ha quedado la parroquia, aunque haya pocos parroquianos, y el señor cura”.
El obispo destaca que el párroco es quien sabe cómo está cada uno de sus feligreses y que, si alguien deja de acudir a la iglesia, recibe su visita; si es necesario, avisa a Cáritas. Lo presenta como un antídoto frente a la soledad y determinadas situaciones de pobreza. “Hoy en día —lo queramos reconocer o no— uno de los agentes sociales que está realizando una labor humana de primera categoría es el sacerdote que trabaja en el mundo rural”. Y remata: “Para mí, el sacerdote que trabaja en el rural es un héroe. Es un llanero solitario… un héroe romántico… que apuesta por generar y establecer cauces de humanismo”.
Respecto a la pobreza, monseñor Leonardo subraya que, más que ser pobre —algo que hoy está paliado por las ayudas públicas—, existe “la pobreza de no saber administrarse con lo que tienen”. A veces, apunta, personas mayores del rural no han sido asesoradas para contar con una situación humana digna en ese ámbito. A este tipo de casos se les ayuda desde Cáritas o desde los Centros de Atención Parroquial.
“Soñar los sueños de Dios”
Preguntado por el futuro de la diócesis de Ourense, don Leonardo dice que a él le gusta “soñar los sueños de Dios”, como decía el papa Francisco; tener, recuerda, “la valentía creativa de soñar”. “Me gustaría que nuestra Iglesia fuese una Iglesia más abierta, más acogedora, más alegre, con un rostro juvenil —¡que lo tiene!—”. Todo ello, reconoce, pese a que los sacerdotes, en su mayoría de edad avanzada, tienen más dificultad para conectar con la mentalidad de los jóvenes.
Su deseo se concreta en una idea: “Yo soñaría una Iglesia más sencilla, de pequeñas comunidades más activas”. No habla de comunidades enormes que llenen la Catedral o las grandes iglesias: “Mi sueño es que nuestra Iglesia esté formada por comunidades vivas, activas, apostólicas y misioneras”.
El obispo afirma, con 'orgullo del bueno', que la diócesis de Ourense tiene el mayor número de grupos bíblicos de Galicia. A ellos atribuye “el éxito —humanamente hablando”, precisa— del Sínodo diocesano. Un proceso que, indica, continuó tras la pandemia: “Cuando el papa Francisco convocó el Sínodo de la Sinodalidad, nosotros concluimos el sínodo diocesano”.
Patrimonio, culto y transparencia
La importancia de la diócesis ourensana en patrimonio histórico-artístico es indudable para el obispo. “Intentamos que el Patrimonio cumpla con los requisitos fundamentales y el primero es que son centros de culto. El culto ha generado cultura, por lo menos en nuestra Galicia —y pienso que en toda la Iglesia—, pero especialmente en Ourense”. Monseñor argumenta que incluso en aldeas pequeñas se encuentran obras de arte en cualquier parroquia.
Leonardo Lemos comprende la crítica que, en ocasiones, recibe la institución eclesial. También admite que “se critica lo que se quiere” y considera que otras religiones no son tan duramente atacadas como la Iglesia católica. En su opinión, la transparencia es fundamental: en la diócesis de Ourense, asegura, se cuida este aspecto y se informa del empleo de los fondos en una página web. “La diócesis es como una gran familia compuesta por muchos ‘hogares’, que son las distintas parroquias”.
Como otro signo de vitalidad, señala que, en la asignación tributaria —la conocida “X” de la renta—, Ourense registra un mayor porcentaje respecto a las otras diócesis gallegas. Lo atribuye a la claridad y transparencia en la presentación de las cuentas. Incluso, indica, se entrega un folleto de rendición de cuentas. “En O Carballiño, me dijo el alcalde que reunimos más gente para la entrega de este folleto que la que asiste a muchos mítines políticos”.
Entre las acciones impulsadas, cita también un reconocimiento público: “Valorar la aportación humana y generosa de tantas personas que, de manera anónima y voluntaria, han ayudado a la Iglesia desempeñando tareas. Les entregamos un diploma y una medalla como reconocimiento a su labor”.
Indiferencia y “neopaganismo”
Sobre la actitud de la sociedad ante la religión, el obispo afirma que lo peor es la indiferencia. Por otra parte, sostiene, “nuestra sociedad —de creyentes y no creyentes— está infeccionada de neopaganismo”, visible en el interés por consumir más, gastar más y disfrutar más. “Ante todo esto, la Iglesia tiene que abrir puertas de esperanza y hacerles descubrir que no está la felicidad en tener más… sino en ser más generoso, más entregado, más servicial, más disponible”. Y remite a una idea del papa Francisco: “Una Iglesia en salida, que tenga corazón samaritano, preocupada de todos y de todo”.
Preguntado por el mensaje que enviaría a las familias de Ourense —creyentes o no—, lo resume en una palabra: “paz”. “Que sean constructores de paz, dentro de su conciencia, de su corazón, para serlo dentro de su hogar y dentro de la sociedad”.
Relación con Portugal
Finalmente, monseñor Leonardo Lemos aborda las relaciones con Portugal, ya que la diócesis limita con el país vecino más que con provincias gallegas. Explica que la relación con la diócesis de Braga es excelente y también con la de Viana do Castelo, donde, señala, ha sido invitado a impartir próximamente una conferencia. “De hecho, algunos sacerdotes portugueses de A Raia colaboran con los sacerdotes gallegos. Son de casa; no solamente son nuestros vecinos”.