Santa María de Paraños: tres siglos de historia y un pasado que todavía guarda secretos
La iglesia parroquial de Santa María de Paraños, en Covelo, no es solamente un edificio religioso levantado hace casi tres siglos. Sus muros, retablos, imágenes y campanas permiten reconstruir una parte de la historia de la parroquia, pero también guardan preguntas para las que todavía no existe una respuesta definitiva.
La actual iglesia fue construida en la primera mitad del siglo XVIII, periodo al que remiten diferentes documentos conservados en la parroquia, entre ellos el libro de bautizos de 1732. El templo está dedicado a Nuestra Señora de la O, también conocida como Nuestra Señora de la Expectación o de la Esperanza, y continúa siendo uno de los principales lugares de referencia de la vida religiosa de Paraños.
Construida en piedra de sillería, presenta planta de cruz latina. En su fachada principal destacan una puerta rectangular, una hornacina con la imagen de la Virgen de la O y una pequeña ventana, elementos dispuestos sobre el mismo eje vertical. El conjunto culmina en una espadaña flanqueada por dos pináculos rematados en bolas y coronada por una cruz de piedra.
Una piedra que abre una pregunta
Sin embargo, la historia de Santa María de Paraños podría haber comenzado mucho antes.
En el lado de la Epístola, dentro del presbiterio y encajada en el muro a poca altura, se conserva una singular piedra decorada con una flor hexapétala inscrita en un círculo y acompañada por una pequeña cruz.
Su procedencia no está determinada. Podría pertenecer a una construcción anterior o haber sido reutilizada desde otro lugar. Entre las hipótesis figura que hubiese formado parte de la decoración del tímpano de un templo primitivo, aunque actualmente no existen elementos suficientes para afirmarlo.
La pieza cobra todavía mayor interés al relacionarla con una antigua tradición oral de Paraños. La memoria vecinal habla de la existencia de un poblado desaparecido entre las actuales parroquias de Paraños y Prado da Canda, considerado por la tradición como núcleo originario de ambas comunidades.
¿Existió allí también un templo anterior al actual?
Por ahora es una pregunta abierta. Confirmar cualquier relación entre la piedra, aquel asentamiento y una hipotética iglesia primitiva requeriría una investigación arqueológica y documental específica.
Tres retablos para contar la historia de una parroquia
El interior de la iglesia mantiene la estructura marcada por su planta de cruz latina. El presbiterio es la única zona cuya cubierta presenta nervaduras para sostener la bóveda, mientras las capillas laterales, de menor altura, están cubiertas con bóveda de cañón. El cuerpo de la iglesia está revestido de madera y al comienzo de la nave aparece representado el Espíritu Santo en forma de paloma.
Tres retablos ocupan la cabecera y los brazos de la cruz. Todos fueron restaurados entre 2010 y 2020 y presentan tres calles.
El altar mayor, construido entre 1879 y 1880 durante el periodo del párroco Domingo Prieto, se atribuye al escultor Manuel Pérez do Couto, de A Cañiza. Del retablo anterior parecen haberse conservado las columnas que articulan la composición.
En el centro se encuentra la Virgen de la O, patrona de Paraños, acompañada por San José, San Sebastián, San Bernardo, San Amaro y San Antonio de Padua. En la parte inferior aparecen además relieves de San Pedro y San Pablo. Es el retablo que reúne un mayor número de imágenes de los tres existentes en el templo.
El Carmen y el Rosario, dos devociones arraigadas
El altar lateral izquierdo está presidido por la Virgen del Carmen, una de las devociones históricamente más arraigadas entre los vecinos. La talla actual es moderna y fue donada en 1961 por dos hermanos devotos de la parroquia. Junto a ella se encuentran Santa Rita, San Roque y Santa Bárbara.
Paraños conserva además otra imagen de vestir de la Virgen del Carmen, utilizada en romerías y procesiones fuera de la parroquia. Entre ellas destaca la Romaría das Pascuillas da Franqueira, donde la talla representa a Paraños.
En el altar lateral derecho se encuentra la Virgen del Rosario, acompañada, entre otros santos, por Santa Teresa de Jesús, San Benito y San Ramón Nonato. La imagen que actualmente preside el retablo es moderna, pero en la sacristía se conserva una antigua imagen de vestir de esta misma advocación, una de las piezas de interés del patrimonio religioso parroquial.
El templo conserva asimismo representaciones del Sagrado Corazón de Jesús, Santa Lucía y la Virgen de Fátima, además de dos pilas: una pequeña destinada al agua bendita y otra de mayores dimensiones utilizada para los bautismos.
Paraños, tierra de Ánimas
Si existe una devoción que singulariza especialmente el patrimonio religioso de Paraños es la dedicada a las Ánimas del Purgatorio.
En el interior de la iglesia todavía se conservan cuatro boetas para limosnas: de las Ánimas Benditas del Purgatorio, del Santísimo Sacramento, de Santa Rita y de la Virgen del Carmen. De todas ellas, la de las Ánimas fue tradicionalmente la que despertó una mayor devoción.
Pero esa presencia desborda las paredes del templo.
La parroquia conserva cinco petos de ánimas, una concentración especialmente significativa que permite comprender hasta qué punto el culto a las almas de los difuntos formó parte de la religiosidad popular de la comunidad.
La documentación sobre las antiguas cofradías refuerza esa importancia. En Paraños existieron al menos cuatro: la de las Ánimas del Purgatorio, fundada en 1736; la del Santísimo Sacramento, fundada en 1765; y las del Rosario y la Virgen del Carmen.
A esta historia se ha incorporado recientemente una pieza de especial interés: el Retablo das Ánimas, recuperado de uno de los petos de la parroquia e instalado en el interior de la iglesia.
En el centro aparece Cristo crucificado y, a sus pies, la Virgen de los Dolores. Debajo se representa el Purgatorio entre las llamas. Sobre ellas aparecen la Virgen del Carmen y San Antonio, mientras varias ánimas levantan sus brazos reclamando auxilio. Una composición que resume visualmente una de las devociones que con mayor intensidad marcó la historia religiosa de Paraños.
La historia de una campana que los vecinos consideraban milagrosa
En la espadaña de Santa María de Paraños cuelgan actualmente dos campanas. La mayor, dedicada a Santa Bárbara, ocupa el lado izquierdo y la pequeña, el derecho. Tradicionalmente se hacen sonar desde el atrio mediante largas cuerdas, aunque la memoria local recuerda que antiguamente era necesario subir hasta la propia espadaña.
Las dos campanas actuales son relativamente modernas.
La mayor procede de Cantabria y fue instalada en 1984. Mide 54 centímetros de altura y 65 de diámetro de boca, y tiene un peso indicado de 159 kilos. La pequeña procede de Arcos da Condesa, en Caldas de Reis, data de 1994 y mide 50 centímetros de altura y 65 de diámetro de boca.
Pero es detrás de esta última donde aparece una de las historias más sugerentes de Paraños.
La campana actual sustituyó a otra mucho más antigua que fue refundida debido a su deterioro y a la pérdida de sonoridad. La decisión provocó entonces malestar entre algunos vecinos porque aquella vieja campana era considerada especialmente milagrosa.
Los mayores contaban, además, que procedía de una antigua capilla situada en As Millariñas, precisamente en la zona donde la tradición oral localiza aquel desaparecido poblado entre Paraños y Prado da Canda.
La memoria vecinal llegó incluso a conservar el reproche surgido entonces:
«Era unha gran campá e moi antiga; dicían que a vendera o cura e que gañara cartos con ela, e ao final puxeron outra porque, se non, quedaba unha soa».
La afirmación no puede darse por demostrada sin documentación que la respalde. Su interés reside, precisamente, en otro ámbito: constituye un testimonio de la memoria oral de Paraños y revela el enorme valor simbólico que aquella campana tuvo para los habitantes de la parroquia.
Un patrimonio que continúa fuera de la iglesia
La historia no termina al cruzar las puertas del templo.
En la iglesia y su entorno se conservan otros elementos patrimoniales, entre ellos el Vía Crucis interior, una cruz misionera, el Vía Crucis inciso en los muros, un reloj de sol y los escudos de los Ozores situados en la cabecera.
A ellos se suma el antiguo cementerio del atrio, de notable interés patrimonial y monumental, completando un conjunto en el que la historia religiosa y la memoria colectiva permanecen estrechamente unidas.
Tres siglos de historia y una pregunta sin respuesta
Desde las primeras referencias documentales del siglo XVIII hasta las celebraciones actuales, Santa María de Paraños ha sido mucho más que un edificio.
Por ella han pasado generaciones enteras. Ha sido escenario de bautizos, funerales, fiestas, procesiones y promesas. Cambiaron algunas imágenes, se restauraron los retablos, fueron sustituidas las campanas y se recuperaron piezas que parecían destinadas a desaparecer.
Otras cosas, sin embargo, permanecen.
La Virgen de la O, el Carmen, el Rosario, las Ánimas, las antiguas cofradías, las campanas y las historias transmitidas de generación en generación forman parte de una misma memoria.
Y entre todas ellas continúa latiendo una pregunta: ¿qué había antes de la actual iglesia del siglo XVIII?
Una piedra con una flor hexapétala, el recuerdo de una antigua campana y la tradición de un poblado desaparecido en As Millariñas son pequeñas piezas de un pasado que todavía no ha podido reconstruirse por completo.
Quizá sea precisamente ahí donde reside una parte de la fascinación de Santa María de Paraños: en un templo que conserva aquello que los documentos permiten conocer, pero también las huellas, las voces y los interrogantes de una historia que todavía espera ser investigada.