A diferencia de otras localidades, donde hermandades y cofradías cuentan con espacios propios para custodiar su patrimonio artístico y organizar las celebraciones, en Cangas gran parte de estas labores se realiza en domicilios particulares. En ellos se desarrollan trabajos de conservación, restauración y puesta a punto de tallas e imágenes, reflejo del compromiso vecinal con una tradición profundamente arraigada.
Entre todos estos espacios, la conocida como Casa de Novenas ocupa un lugar central. Desde hace más de un siglo, la Cofradía de la Misericordia conserva en este inmueble, situado muy cerca de la excolegiata de Cangas, la imaginería de Ignacio Cerviño, así como andas, útiles y enseres, convirtiéndolo en un enclave fundamental para la Semana Santa canguesa.
En los días previos a la celebración, la actividad en su interior es constante. Allí se disponen pasos como el Nazareno con la Cruz a cuestas, la Santa Cena, el Cristo del Descendimiento, el Calvario, las Santas Mujeres, San Juan o el popular Francisquiño da Ferramenta, todos ellos a la espera de ser trasladados a la iglesia en una de las jornadas clave de preparación. El aroma de las flores frescas y el incienso envuelve el espacio, reforzando el carácter solemne de estos trabajos.
La Casa de Novenas es también un lugar cargado de memoria. Su nombre proviene de los elementos que en ella se guardan para las novenas de San José, la Virgen del Carmen y las Tres Gracias o del Nazareno. En el ámbito popular, también se la conoce como Casa de Ánimas, al estar vinculada históricamente a los rituales funerarios, o como Casa de la Cera, por el almacenamiento de velas y elementos procesionales.
Durante años, el inmueble permaneció cerrado al público, preservando el carácter reservado de los preparativos. Así lo recuerda el que fuera presidente de la Cofradía de la Misericordia, Carlos Hermelo García, quien rememora una época en la que la puerta de doble hoja se mantenía cuidadosamente cerrada para evitar miradas externas.
Hoy, sin embargo, el espacio se abre a la comunidad. Numerosos vecinos se acercan estos días para contemplar de cerca el proceso de preparación de las imágenes, con especial atención al Cristo de la Urna, recientemente restaurado. Las visitas de antiguos responsables de la cofradía, como el propio Hermelo García o José Guimeráns Casas, reflejan además la continuidad generacional y el vínculo permanente con esta tradición.
La memoria colectiva sigue viva entre sus paredes, donde todavía resuenan los ecos de una cofradía sostenida durante décadas por familias de barrios como el Señal y el Costal, con la ayuda desinteresada de numerosos vecinos. Un legado que, año tras año, se renueva en la Casa de Novenas, verdadero corazón de la Semana Santa de Cangas.
