sábado. 04.04.2026

La Semana Santa marinera de Cangas alcanza su punto álgido en la jornada del Viernes Santo, un día en el que la devoción, la tradición y el fervor popular se multiplican y llenan cada rincón de la localidad. Tras una semana de celebraciones, la intensidad se dispara con un completo programa de actos que combinan liturgia, escenificación y patrimonio histórico.

La jornada arrancó a las 7:00 horas con la procesión de las Tres Negaciones de San Pedro, en la que los miembros de la hermandad homónima recrearon distintos pasajes protagonizados por el apóstol. La imagen de San Pedro (Jesús Bernárdez Solla, 2017) recorrió las calles acompañada por la Banda de Tambores y Cornetas de Cangas. Como es tradición, el acto concluyó con una chocolatada popular.

El protagonismo central recae en la Cofradía de la Misericordia, responsable de los principales actos del día: la procesión del Santo Encuentro, la función del Descendimiento y la procesión del Santo Entierro, que en conjunto representan las 14 estaciones del Vía Crucis. Destaca especialmente la imaginería articulada de Ignacio Cerviño (siglo XIX), con figuras como Jesús Nazareno (1877), San Juan Evangelista, María Magdalena o la Verónica, junto a la Virgen de los Dolores (1807).

A las 10:30 horas comenzó la singular procesión del Santo Encuentro, uno de los actos más complejos y emblemáticos. En ella se escenifican las primeras nueve estaciones del Vía Crucis, desde la condena de Jesús hasta su encuentro con las Santas Mujeres. Este acto, de carácter catequético, incluye el Sermón de la Pasión y, como novedad este año, la Proclama de la Sentencia. La puesta en escena, que se mantiene desde hace más de siglo y medio, estuvo acompañada por diversas formaciones musicales y por el característico sonido de las tubas romanas.

Por la tarde, a las 16:00 horas, tuvo lugar uno de los momentos más sobrecogedores: la entronización del Cristo de Cerviño en su urna sepulcral. Este acto íntimo simboliza las estaciones décima y undécima del Vía Crucis, con la crucifixión y elevación de Jesús, acompañado por la lectura de los improperios.

A esa misma hora se desarrolló también la Hora Nona, que conmemora la muerte de Cristo mediante una escenificación simbólica de los fenómenos descritos en los Evangelios: oscuridad, temblor y ruptura del velo del templo.

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Escenificación del Desenclavo en el interior de la excolegiata de Cangas, uno de los actos centrales de la representación del Vía Crucis.

La tarde continuó a las 18:00 horas con la función del Desenclavo, en el interior de la excolegiata. Durante el acto se pronunció el Sermón de las Siete Palabras y se procedió al descendimiento de la Cruz. El cuerpo de Cristo fue depositado en la urna en una ceremonia cargada de emoción, acompañada por las imágenes de San Juan y la Virgen.

Ya al anochecer, a las 20:00 horas, salió la procesión del Santo Entierro, uno de los momentos más solemnes. En ella participaron diversas cofradías y hermandades, con un cortejo que incluyó al Cristo yacente, la Virgen de la Soledad, la Piedad y el Buen Jesús. La música volvió a jugar un papel fundamental, con la participación de varias bandas, incluida de forma extraordinaria la agrupación Nuestra Señora del Nordés de Ferrol.

La jornada culminó a medianoche con la procesión del Silencio, organizada por la Cofradía del Cristo del Consuelo. En un ambiente de recogimiento absoluto, con la villa a oscuras y en riguroso silencio, las imágenes recorrieron las calles poniendo el broche final a un día de intensa carga simbólica y emocional.

El Viernes Santo de Cangas vuelve así a consolidarse como una de las manifestaciones más singulares de la Semana Santa gallega, donde tradición marinera, patrimonio artístico y dramatización religiosa se funden en una experiencia única.

El silencio toma Cangas en el Sábado Santo antes del estallido de la Resurrección

Tras la intensidad del Viernes Santo, la villa morracense se sumerge en una jornada de recogimiento, donde el silencio, la contemplación y la espera marcan el pulso antes de la Vigilia Pascual.

El Sábado de Gloria en Cangas se vive como una jornada de profunda serenidad y recogimiento tras la intensidad acumulada durante los días previos de la Semana Santa. Después de las procesiones del Miércoles de la Soledad, el Jueves Santo y el Viernes Santo —con actos tan significativos como el Santo Encuentro, el Descendimiento o el Santo Entierro—, la localidad entra en una pausa marcada por el silencio y la reflexión.

Es un día de luto contenido, pero también de espera. La tradición sitúa este tiempo entre la muerte de Cristo y su Resurrección como un periodo de incertidumbre, vivido por los discípulos y la Virgen María en una vigilia simbólica que, según la tradición, se prolonga durante unas cuarenta horas.

En este contexto, la excolegiata de Cangas se convierte en el principal punto de encuentro. A lo largo de la jornada, vecinos y visitantes se acercan al templo para contemplar con calma las imágenes que durante la semana recorrieron las calles. Lejos del bullicio procesional, el ambiente es íntimo y pausado, permitiendo una mirada más cercana a las escenas de la Pasión.

Especial protagonismo adquiere el Velatorio del Santo Cuerpo de Cristo, expuesto en urna sepulcral para su veneración. La escena está presidida por el Cristo del Descendimiento y el Calvario, obra de Ignacio Cerviño (1877), acompañado por las Santas Mujeres —María Magdalena, Salomé, Cleofás y la Verónica— y la Virgen de la Soledad. Todas las figuras reflejan el duelo, en una composición que intensifica la sensación de recogimiento que envuelve el templo.

Al caer la noche, el ambiente cambia con la celebración de la Vigilia Pascual, uno de los momentos más significativos del calendario litúrgico. La ceremonia comienza con la bendición del fuego nuevo y la entrada de la luz en la iglesia, simbolizada en el cirio pascual. A partir de ahí, se desarrollan la liturgia de la palabra, la bendición del agua y la eucaristía, culminando con el anuncio de la Resurrección.

Será entonces cuando las campanas rompan el silencio mantenido durante el triduo pascual. El repique manual, reconocido como Patrimonio Cultural Inmaterial por la UNESCO en 2022, simboliza el paso de la oscuridad a la luz y marca el inicio de la alegría pascual.

Así, Cangas vive el Sábado Santo como una jornada de transición: del duelo a la esperanza, del silencio a la celebración, manteniendo intacta una tradición que combina espiritualidad, patrimonio y emoción colectiva.

Cangas convierte el Viernes Santo en una gran representación viva de la Pasión
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