martes. 19.05.2026

La enfermedad inflamatoria intestinal no afecta únicamente al aparato digestivo. Su impacto alcanza también la salud emocional, la vida social y el bienestar general de quienes la padecen. Así lo advierte la doctora Malena García Arredondo, especialista en aparato digestivo y fundadora de la unidad MGA Healthy Digest, coincidiendo con la celebración del Día Mundial de la Enfermedad Inflamatoria Intestinal, este 19 de mayo.

La experta, con más de 18 años de experiencia clínica y especializada en trastornos del eje intestino-cerebro, destaca la necesidad de entender estas patologías desde una visión global y multidisciplinar. “Hablamos de enfermedades complejas y crónicas que condicionan profundamente la calidad de vida de los pacientes”, señala.

Desde MGA Healthy Digest, unidad integrada en el Memorial Publio Cordón Hospital, se apuesta por un modelo asistencial que combina gastroenterología, nutrición digestiva, fisioterapia abdominal y salud mente-intestino, con tratamientos personalizados y coordinados.

Uno de los aspectos sobre los que más insiste la especialista es la relación entre el estrés y la inflamación intestinal. Según explica, cada vez existe más evidencia científica de que el eje intestino-cerebro desempeña un papel fundamental en la evolución de enfermedades como la colitis ulcerosa o la enfermedad de Crohn.

“El estrés psicológico puede alterar la microbiota intestinal, aumentar la permeabilidad intestinal y activar respuestas inflamatorias”, explica García Arredondo. Entre los efectos identificados por los especialistas destacan la disbiosis intestinal, el aumento del cortisol, cambios en la motilidad digestiva y una mayor activación inmunitaria.

La doctora asegura que en consulta es frecuente observar un empeoramiento de los síntomas digestivos durante periodos prolongados de estrés. “No es casualidad. Existe una base biológica clara entre el estado emocional y la inflamación intestinal”, apunta.

Por ello, el abordaje terapéutico actual incorpora cada vez más factores relacionados con el estilo de vida, como la alimentación, el descanso, la actividad física o la gestión emocional. Entre las recomendaciones destacan mantener ritmos circadianos adecuados, seguir una dieta rica en fibra y alimentos antiinflamatorios, reducir ultraprocesados y alcohol y practicar ejercicio físico de forma regular.

“El intestino no es un órgano aislado. Está en comunicación constante con el cerebro y participa activamente en el equilibrio inmunológico y neuroemocional”, concluye la especialista, quien reivindica una mayor visibilidad para estas patologías y una medicina digestiva cada vez más personalizada e integral. 

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