Wieliczka: el impresionante universo subterráneo esculpido en sal

La sal toma distintos colores.
Veteado de la sal.
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Las minas de Wieliczka no solo fueron un lugar de trabajo para miles de personas. Durante siglos también fueron el hogar de decenas de caballos. Bajaban siendo jóvenes y muchos pasaban toda su vida bajo tierra, hasta el punto de que algunos potros llegaron a nacer en las profundidades de la mina. Aquellos animales, imprescindibles para transportar la sal y mover la maquinaria, eran considerados por los mineros un compañero más.
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En el corazón de las minas de sal de Wieliczka, a más de un centenar de metros bajo tierra, los lagos subterráneos aportan una dimensión casi mágica al recorrido. Sus aguas, de una elevada concentración salina, reflejan las galerías excavadas durante siglos y crean un paisaje de luces, sombras y silencio.
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Casimiro III el Grande, el monarca que impulsó el desarrollo de las minas de sal de Wieliczka y consolidó su importancia económica para el Reino de Polonia.
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La Gruta Józef Piłsudski guarda una de las historias más sobrecogedoras de Wieliczka. En este lago subterráneo, donde antaño se realizaban pequeños recorridos en barca, un accidente acabó con la vida de varios visitantes al volcar la embarcación y quedar atrapados bajo ella. La elevada salinidad del agua impidió que se hundieran, pero no evitó que murieran asfixiados. Desde entonces, los paseos desaparecieron y, junto al lago, la imagen de San Juan Nepomuceno recuerda la protección que los mineros siempre buscaron frente al agua, el mayor peligro de la explotación.
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La guía explica el conjunto de las galerías de la mina para saber salir tras la visita. R. L.
Descender más de 130 metros bajo tierra es adentrarse en uno de los espacios más sorprendentes de Europa. Las minas de sal de Wieliczka, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1978, forman una auténtica ciudad subterránea excavada durante más de siete siglos por generaciones de mineros. Galerías, lagos de salmuera, esculturas, capillas y salones monumentales convierten este enclave, situado a pocos kilómetros de Cracovia, en una obra maestra donde se entrelazan ingeniería, historia, arte y espiritualidad. Cada año, más de un millón de visitantes recorren un mundo de sal que ha pasado de ser una de las explotaciones mineras más importantes de Europa a convertirse en uno de los grandes símbolos del patrimonio cultural polaco.