ALBÚM FOTOS I Donde el sabor aún tiene memoria: el secreto culinario de Ponte da Barca

Entrada al restaurante Tasquinha das Delícias, en Parada, Lindoso, Ponte da Barca. R. LEDO.
Manuela Imperadeiro dos Santos, propietaria y alma de Tasquinha das Delícias, en la aldea de Parada (Lindoso), donde la cocina casera y los productos de proximidad son la esencia de cada plato. R. LEDO.
Manuela Imperadeiro extrae del horno de leña uno de los platos estrella de Tasquinha das Delícias: el cabrito de la Serra Amarela, elaborado de forma tradicional con productos de proximidad. R. LEDO.
Comedor de 38 plazas. R. LEDO.
Manuela muestra el postre top de Tasquinha das Delícias, Rabanadas. R. LEDO.
Horno de leña. R. LEDO.
Horno de leña con el cabrito da Serra Amarela. R. LEDO.
Jabalí estofado al modo de Tasquinha das Delícias. R. LEDO.
Vista de Parada desde a parte superior de Tasquinha das Delícias.
Vista de Parada desde a parte superior de Tasquinha das Delícias donde se aprecian los 'espigueiros' o hórreos. R. LEDO.
Alrededores del restaurante en la aldea de Parada. R. LEDO.
Alrededores del restaurante en la aldea de Parada. R. LEDO.
Aperitivos con vinho verde de Ponte da Barca. R. LEDO.
El plato estrella del cabrito da Serra Amarela. R. LEDO.
Rabanada, postre 'top' de Tasquinha das Delícias. R. LEDO.
Manuela con el director de DL-G, Roberto Ledo, tras la entrevista.
Entre las montañas del Parque Nacional Peneda-Gerês, en la pequeña aldea de Parada, el tiempo parece avanzar más despacio. Allí, entre hornos de leña, recetas heredadas y productos de proximidad, Manuela Imperadeiro dos Santos ha convertido Tasquinha das Delícias en un auténtico santuario de la cocina tradicional portuguesa. Lo que comenzó como un conocimiento aprendido junto a su madre es hoy un restaurante de referencia al que llegan comensales desde Oporto, Guimarães, Galicia e incluso destacados representantes de la vida pública portuguesa para disfrutar de sabores que ya casi no se encuentran. En este reportaje entramos hasta la cocina para descubrir cómo se elaboran algunos de sus platos más emblemáticos, desde el cabrito de la Serra Amarela hasta la Posta Barrosã o el célebre arroz de feijão con pataniscas, mientras conocemos la historia de una mujer que ha decidido apostar por la calidad, la autenticidad y el cariño como ingredientes principales de su proyecto gastronómico. Una experiencia que combina tradición, paisaje y hospitalidad en uno de los rincones más sorprendentes del Alto Minho.