Viveiro: fe viva… y un museo pendiente
En Viveiro la tendencia es clara: ser cofrade. En una población de apenas 15.500 almas, entre 3.500 y 4.000 forman parte de alguna hermandad. Traducido: en muchísimos hogares viveirenses hay al menos un cofrade… y en no pocos, varios.
No es casualidad. Viveiro lleva 800 años viviendo la Semana Santa en la calle. Dominicos y franciscanos sembraron una tradición que sigue más viva que nunca: evangelizar desde la emoción, desde la imagen, desde la procesión.
Hoy, Viveiro despliega una de las Semanas Santas más antiguas de España. Compite en historia con Medina de Rioseco, al norte, y Medina del Campo, al sur de Castilla y León. Pero no solo es antigüedad: es intensidad.
Son 36 pasos —más uno nuevo en camino, La Magdalena al pie del sepulcro— y un total de 73 imágenes las que hacen sentir la Pasión tanto a propios como a visitantes. No dejan indiferente ni al más escéptico.
Las ocho cofradías están llenas. Hay listas de espera. A los bebés se les apunta con días. Desfilar en Viveiro no es solo tradición: es prestigio, identidad, pertenencia. Cada hermandad conserva su carácter, su historia, su manera de entender la Semana Santa. Y lo más importante: hay relevo. Mucha gente joven sostiene el presente y garantiza el futuro.
Y, sin embargo, hay algo que no avanza.
Año tras año se repite la misma escena: una gran carpa provisional, el llamado “Antesala del Museo”, levantada detrás de San Francisco con un coste elevado. Mientras tanto, la mayor parte de los pasos permanecen ocultos en los claustros, sin las condiciones que merecen ni la visibilidad que exige su valor.
Resulta difícil de entender. Una Semana Santa de este nivel, con este arraigo y este reconocimiento, no dispone aún de un museo permanente donde conservar, exponer y poner en valor su patrimonio.
Viveiro ha alcanzado cotas de excelencia. Ahora toca estar a la altura de lo que ya es.
Porque lo que no se muestra, se pierde. Y lo que no se cuida, se olvida.