Tejiendo esperanza

Antes del inicio del acto, León XIV rompió el protocolo previsto para recorrer los pasillos del Movistar Arena y saludar personalmente a numerosos asistentes. GABRIEL GONZÁLEZ-ANDRÍO.
La visita de León XIV a España ha dejado imágenes, mensajes y reflexiones que van mucho más allá de un acontecimiento religioso. Cultura, empresa, deporte y universidad encontraron un punto de encuentro en torno a la dignidad de la persona y la esperanza.

Rompió el protocolo y recorrió los pasillos saludando a todos, sin importar el tiempo. Siete minutos de aplausos al comienzo. Desde el minuto cero, más de una docena de representantes del mundo de la cultura, la empresa y el deporte mostraron su cercanía y afecto al papa León XIV.

Antonio Banderas abrió el encuentro Tejiendo redes y se sinceró por completo: «Confieso haber sido víctima del hechizo de Dios».

En el apartado artístico, el impresionante espectáculo de Sara Baras sorprendió incluso al propio Pontífice. El taconeo, la fuerza expresiva y la emoción de su actuación convirtieron el escenario en una muestra de la riqueza cultural española que fue recibida con admiración por los asistentes.

José María Coello de Portugal, vicerrector de la Universidad Complutense, planteó al Pontífice preguntas sobre el papel de la educación ante los desafíos de la convivencia y de la revolución tecnológica.

En el ámbito empresarial, los representantes de patronal y sindicatos escenificaron el valor del diálogo social para afrontar los retos del trabajo y de la transformación tecnológica.

Las deportistas Carolina Marín y Teresa Perales centraron sus intervenciones en la resiliencia, la superación, la inclusión y la esperanza, valores que el deporte puede transmitir a toda la sociedad.

Y León XIV, siguiendo la estela de sus predecesores, dirigió la mirada hacia Europa con una pregunta que invita a la reflexión: «¿En serio es posible creer que la Europa a la que tanto amamos sería ella misma sin la huella de la fe?».

Más allá de la cuestión religiosa, defendió que Europa no puede entenderse plenamente sin la contribución histórica del cristianismo a su cultura, su educación, su arte, su labor asistencial y su concepción de la dignidad humana. También pidió construir una Europa basada en el diálogo y en la centralidad de la persona.

Hubo otra pregunta que resonó con fuerza: «¿Por qué temer que la eternidad impregne la cotidianidad?». Y, enlazando con san Juan Pablo II, recordó unas palabras que marcaron una época: «¡No temáis! ¡Abrid de par en par las puertas a Cristo! Jesucristo no nos quita nada y nos da todo».

Este viaje puede dejar una huella profunda. Puede despertar inquietudes, reforzar convicciones y animar a algunos a reencontrarse con la práctica religiosa. También puede contribuir, en un momento de aceleración tecnológica, a recordar que el progreso solo merece ese nombre cuando está al servicio de la persona.

En una sociedad marcada con frecuencia por la incertidumbre y el desencanto, León XIV ha traído un mensaje de esperanza. Y la esperanza, hoy, no es poca cosa.

Qué bueno que el Papa haya venido a España.