Responder a esa pregunta implica enfrentarnos al dilema entre lo que creemos ser, lo que estamos siendo y lo que queremos ser. Lo que somos en esencia, con nuestros valores, características y rasgos que nos hacen únicos e irrepetibles, es lo que realmente somos, y lo importante es que sigamos siendo nosotros mismos. La autenticidad y el autoconocimiento son la base de nuestro bienestar emocional. El autoconocimiento o autoconciencia es la capacidad de reconocer y comprender nuestras propias emociones, pensamientos y comportamientos, mejorando la toma de decisiones y relaciones interpersonales, fundamental para el desarrollo personal y la inteligencia emocional, siguiendo el principio socrático: “conócete a ti mismo”. La autoestima ejerce un papel trascendental en cómo nos valoramos a nosotros mismos y cómo creemos que nos mostramos a los demás. Los pilares esenciales del autoconocimiento y la autoestima se asientan en cuatro componentes interdependientes: autoconcepto (qué piensas de ti mismo), autoimagen (la percepción que tienes de ti mismo y cómo crees que te ven los demás), autorreforzamiento (cuánto te premias tus propios logros), y autoeficacia (cuánto confías en ti para lograr metas específicas); que fortalecen la salud mental y la resiliencia del individuo, fundamental a la hora de afrontar las adversidades que se presentan en el camino.
No soy lo que quiero aparentar, soy realmente todo aquello que hago en silencio, cuando nadie me observa, nadie me ve y nadie me aplaude, es lo que realmente dice quién eres, es lo que me define como persona. El mundo actual atraviesa una profunda crisis de doble moral y apariencias. La sociedad de consumo fomenta el “aparentar y el tener” (tanto tienes, tanto, vales) sobre el “ser”, valorando más el estatus, la imagen y la estética que la integridad y el ser de la persona. Las redes sociales nos abren las puertas para mostrar solo lo mejor de nosotros mismos o incluso falsear la realidad, lo que suele ser muy habitual en estos tiempos; nos olvidamos de que nuestra verdadera esencia está en lo que realmente somos y hacemos en la intimidad de nuestra conciencia.
No hay nada más natural que mostrarse al mundo tal y como uno es. Cuando nadie me observa, mis actos son el reflejo más puro de mi integridad como persona (ser digno de ser). La belleza interior brota desde la autenticidad, la coherencia, la honestidad, aunque nadie te lo reconozca y felicite por ello, el trabajo bien hecho en la búsqueda de la excelencia sin esperar ningún tipo de reconocimiento, el ayudar a los demás de forma anónima sin esperar nada a cambio. ¡Qué importante es ser fiel a ti mismo y obedecer a tu conciencia! Hace que te sientas bien contigo mismo y te da una fortaleza que ningún disfraz social puede igualar. La vida se mide por la coherencia que hay entre lo que piensas, sientes y haces. Nadie te ve en tu verdadero examen de carácter de quién eres en la realidad, solo tú y tu verdad. La calidad de tu carácter se determina en el silencio de tu intimidad. Ser uno mismo es la forma más elevada de autenticidad y coherencia, felicidad y equilibrio mental, lo que conlleva abrazar tu esencia y valores, y te conduce a una vida más genuina, plena y satisfactoria hasta el final de tus días, ese será tu mejor legado.
