¡El mundo necesita un cambio!

Departamento de Infografía DL-G.
Lamentablemente, el contraste resulta inevitable cuando dirigimos la mirada hacia el mundo político actual. Una parte de los dirigentes vive instalada en una permanente competición por el protagonismo y el poder a costa de lo que sea, sin ningún tipo de escrúpulos. Mientras tanto, aquellos que construyen silenciosamente día a día la sociedad nos enseñan prudencia, responsabilidad y sentido del deber.

En la sociedad actual, llama poderosamente la atención que desde cualquier tipo de poder se busca desesperadamente aparentar grandeza. Esto choca frontalmente con aquellos que la ejercen sin necesidad de proclamarla.

 

La verdadera grandeza no consiste en parecer importante, sino en hacer bien lo cotidiano de cada día. Está en la entrega, la dedicación y el amor con el que uno desempeña su trabajo. Se refleja en la manera de afrontar las dificultades con la sana ambición de crecer como persona y profesional, pero sin pisar a nadie. Esa forma de entender la vida es la forma más humana de construir comunidad.

 

Lamentablemente, el contraste resulta inevitable cuando dirigimos la mirada hacia el mundo político actual. Una parte de los dirigentes vive instalada en una permanente competición por el protagonismo y el poder a costa de lo que sea, sin ningún tipo de escrúpulos. Mientras tanto, aquellos que construyen silenciosamente día a día la sociedad nos enseñan prudencia, responsabilidad y sentido del deber.

 

Gobernar nunca debería consistir en alimentar la crispación y la división, ni en convertir al adversario en enemigo. Para evitarlo, el respeto y el diálogo son vitales. Platón advertía que uno de los grandes peligros de la política era que las buenas personas se apartaran de ella. Sostenía que una de las mayores desgracias consistía, precisamente, en dejar el gobierno de la ciudad en manos de quienes buscaban el poder por el poder. No se trata de obligar a los buenos a entrar en política, pero si existe una responsabilidad moral difícil de eludir.

 

La construcción del bien común no es propiedad de los políticos; es una tarea que corresponde a toda la sociedad en su conjunto. La humildad, la sencillez, la cercanía, la madurez y el respeto a los que piensan distinto continúan siendo virtudes capaces de transformar el mundo. La grandeza depende de la forma de vivir y de lo que uno aporta a la comunidad, nunca del dinero, el cargo o la fama.

 

Detrás de los discursos institucionales vacíos y las aparentes buenas palabras, muchas veces no hay nada. La mejor manera de enseñar es a través del ejemplo cotidiano. La verdadera excelencia consiste en seguir siendo una persona normal cuando todos esperan que uno deje de serlo. La historia siempre acaba recordando a quienes hicieron extraordinario lo ordinario. Esa sigue siendo la forma más natural y sencilla de alcanzar la auténtica grandeza.